Pobreza

La raíz de la pobreza

Así pues, ¿por qué hay tanta gente pobre y hambrienta? 
Exceptuando los acontecimientos catastróficos (guerras, sequías, inundaciones), la pobreza física no se produce porque sí. Es consecuencia lógica de cómo se ven las personas a sí mismas y de cómo ven ellas el mundo, en los relatos que cuentan y en la cosmovisión que sostienen. 
Aunque muchas personas entienden que la pobreza puede ser efecto de la injusticia social, pocos captan la relación que hay entre la pobreza (en sus diversas formas) y la mentalidad de la gente. Normalmente se deshecha esta relación «echando la culpa a los pobres por su pobreza», pero ¿no exige la compasión por los pobres que al menos la tengamos en cuenta? Al fin y al cabo, si hay una posibilidad de que las cosmovisiones acentúen, aunque sea un poco, la pobreza y otras formas de desolación, ¿no estaremos obligados a afrontarlas?

El hecho es que, distintas asociaciones de ideas producen conductas distintas, a nivel individual y corporativo. Estos comportamientos luego se institucionalizan y conforman leyes y estructuras sociales que conducen a la pobreza y otras formas de desolación. 
Desde que el presidente Lyndon Baines Johnson declarara la «guerra a la pobreza» hace más de 50 años, el estado ha gastado más de 22 billones de dólares en combatir la pobreza con todo tipo de planes de redistribución. Y sin embargo, la pobreza material (y otros tipos de pobreza) se sigue dando en las mismas comunidades en que debía haber desaparecido. ¿Por qué? Porque no se hizo nada por transformar la cosmovisión de los receptores. Cuando se da dinero y no se hace nada por cambiar la cosmovisión de la comunidad receptora, ésta seguirá siendo pobre.

El anticuado termino de pauperismo (Empobrecimiento masivo de la clase obrera trabajadora. Ya sea un individuo o grupo pierde poder adquisitivo o desmejora sus condiciones) sirve para entender la cosmovisión de muchas gentes que viven en la pobreza. Los que padecen este azote experimentan cierta pobreza mental. Ven el mundo a través de lentes de Pobreza. Afirman, o sus actos así lo declaran: «Soy pobre. Siempre seré pobre, y no hay nada que pueda hacer al respecto» (fatalismo). O, como muchos aseguran hoy: 'Soy pobre porque otros me hicieron así. Soy una víctima de la injusticia. Necesito que el estado intervenga y redistribuya la riqueza'. Darrow. L. Miller. Discipulando nacionesEl poder de la verdad para transformar culturas. Seattle, WA: JUCUM, 2018, 68.
Como sucede con las falsas cosmovisiones, esta forma de pensar está arraigada en nuestro pecado y rebelión contra el Creador, quien hizo un mundo de abundancia y bendición. La alienación del hombre de Dios (y el menosprecio de los principios divinos) produce una mentalidad de pobreza que envenena aún más la mente, el espíritu y el corazón. Esta mentalidad de pobreza tiene consecuencias en el mundo físico, depaupera a las personas y las hace incapaces de imaginar siquiera una forma de escape. (Se empobrecen, se debilitan física/moralmente tanto el individuo como el grupo)

La Biblia deja claro que ser pobre no es pecado, que Dios se preocupa de los pobres, y que ser rico no es siempre signo del favor especial de Dios. Jesús advirtió repetidamente acerca del peligro espiritual de la riqueza. Pero Dios no creo la pobreza; nosotros la engendramos. La intención de Dios en la creación fue que los seres humanos y las sociedades que ellos crearan florecieran. El problema suele radicar en las mentalidades que retrasan y resisten el desarrollo, y atrapan a las personas en la indigencia. Darrow. L. Miller. Discipulando nacionesEl poder de la verdad para transformar culturas. Seattle, WA: JUCUM, 2018, 69.

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