Cristo y la cultura
l profesor de ética bosquejó cinco patrones de esta relación entre cultura y la iglesia que han acontecido a través de la historia. Los primeros dos son los que él llama "respuestas radicales". la cult Cristo contra la cultura, es la respuesta de los grupos sectarios que condenan la cultura y se separan de ella. Debido en parte a la persecución de una sociedad romana inmoral y pagana, los primeros ero cristianos como Tertuliano tomaron esta posi La comunidad del ministro 173 ción. Otros grupos más tarde, como los ascéticos, monásticos y las modernas comunidades Amish: menonitas), ilustran este mismo rechazo a la cultura. La segunda respuesta radical se denomina Cristo de cultura. Como el nombre lo indica, los primeros gnósticos cristianos y los modernos protestantes culturales, selectivamente identificaron ciertos aspectos de la cultura y Cristo. Para ellos la cultura interpreta a Cristo; los mejores conocimientos de la civilización (ciencia, filosofía) armonizan con la revelación. ¿Qué dicen estos dos acercamientos al ministro moderno? Todavía existe el peligro para los líderes cristianos de hoy de relacionarse con la comunidad en una de estas dos formas. Un pastor puede darse por vencido en cuanto al mundo y retirarse de la sociedad, dando por sentado que ha sido vendido a Satanás y al pecado y que está totalmente fuera de la redención. Muchos cristianos conservadores en este siglo han buscado separarse del mal renunciando a la "mundanalidad". Los evangélicos de la década de los noventa se identifican más frecuentemente con la cultura. Muchos verían en el movimiento de la Derecha Religiosa y la tendencia hacia la religión civil, una repetición de la antigua estrategia de "cristianizar" una parte dee la cultura. Actualmente podría ser un partido polí tico o un movimiento social. Los errores del movimiento del dol Evangelio Social a principios de 1900, pueden repetirse en los muchos movimientos religioso-políticos de la última parte de este siglo. Niehbur correctamente rechaza estas dos posiciones extremas por varias razones teológicas básicas. Ambas separan la naturaleza de la cultura, negando que el Dios Creador es también el Dios que Gobierna. La posición "contraria" se mueve solamente hacia Cristo; la otra solamente hacia la cultura. El teólogo de Yale prefiere otra alternativa; la "Iglesia del Centro", que trabaja para cambiar la sociedad relacionando propiamente a Cristo con la cultura. Tres tipos representan este acercamiento preferido de la iglesia con el mundo. Cristo sobre la cultura, es una respuesta u sinté tica que afirma tanto el mundo como la fe, pero da un valor superior a Cristo sobre la cultura. Cristianos como Tomás de Aquino creían que el mundo natural revelaba mucha verdad sobre Dios y la vida, base sobre la cual podía añadirse una revelación sobrenatural a este fundamento de conocimiento natural. Cristo y la cultura en paradoja es un acercamiento dualístico a la vida en comunidad. Martín Lutero enseñó que una persona vive en dos reinos: el Estado tiene la última palabra en asuntos seculares; la iglesia tiene autoridad en los asuntos espi- 174 ETICA MINISTERIAL rituales. El cristiano vive en tensión paradójica, porque los dos mundos no siempre están de acuerdo, pero ambos deben ser obe- decidos siempre. El acercamiento preferido que discute Niebuhr, es Cristo el transformador de la cultura. Este acercamiento "conversionista" busca transformar al mundo en conformidad con la voluntad de Dios. Se basa en la convicción de que las demandas de Cristo se extienden al todo de la vida y la sociedad. Los pensadores cristianos como Agustín y Juan Calvino, así como otros líderes modernos de los Grandes Avivamientos (1726-1810) y el movimiento del Evangelio Social, representan esta estrategia. ¿Qué es lo que estos ejemplos históricos enseñan a los mi- nistros contemporáneos sobre la vida en comunidad? Obviamente advierten a los líderes cristianos de estar alertas a no separarse del mundo, o de una identificación utópica del evangelio con la cultura. Aprovechándonos del tema de Niebuhr, el ministro cristiano debe afirmar lealtad absoluta a Jesucristo y ajustar sus lealtades a la cultura. Dios es Creador, Gobernador y Redentor; pero el pecado es también radical y universal. El involucramiento cristiano en la comunidad debe ser siempre realista: toda cultura está corrompida por el pecado. Al mismo tiempo, el evangelio de Jesucristo es poderoso y las sociedades pueden ser transformadas. Estas dos realidades crean una tensión saludable entre los ideales cristianos y la acción social y el ministerio.4 Un hecho permanece: la iglesia está en el mundo, y el mundo está también en la iglesia. La comunidad presenta al ministro una amenaza y una oportunidad. A veces el pastor dirige a la congregación para ministrar en la comunidad, como amigo a amigo. Otras, cuando los males sociales levantan sus cabezas de dragón, el profeta debe seguir adelante como un caballero del medioevo para luchar contra las fuerzas que destruyen la vida humana. Ser ministro de Dios en el mundo es éticamente demandante, porque requiere del pastor un papel doble de pastor y profeta
Joe E. Trull y James E. Carter. Ética Ministerial. Sea un buen ministro en un mundo que no es tan bueno. (El paso, TX:Casa Bautista de Publicaciones, 2007), 173, 174.
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