Adoración y Escatología
El estudio de la adoración se relaciona con la doctrina de los eventos finales, llamada también escatología. Como se vio al estudiar la doctrina de la salvación, la adoración participa de la tensión entre lo presente y lo por venir, entre el "ya" y el "todavía no". Este capítulo se ocupa de la dimensión temporal de la adoración, de su centralidad para la escatología apocalíptica, y del lugar que ocupa en el gran conflicto cósmico entre las fuerzas del bien y del mal. De esta reflexión surgirán los últimos elementos de criterio para la adoración de la iglesia.
PASADO, PRESENTE Y FUTURO
No es difícil percibir que la adoración se relaciona con el pasado, con el presente y con el futuro. Respecto de su dimensión pretérita, la adoración encierra gratitud por las bondades de Dios en el pasado. Es muy claro que los hombres y las mujeres de los tiempos bíblicos celebraban las intervenciones divinas en lo pasado (Éxo. 15:1; Deut. 10:21; Jos. 24:31; Juec. 2:7; 1 Sam. 12:24; 1 Rey. 8:56; Sal. 66:1-6). Escribió el profeta: "Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza" (Isa. 25:1). Pero, la Escritura se refiere con la misma intensidad a la adoración como una celebración anticipada de la intervención de Dios en el futuro. El sábado y las festividades hebreas traían a la memoria de Israel las obras divinas de Creación y Redención en la historia pasada, al mismo tiempo que anticipaban lo que Dios prometía hacer en el futuro. Por ello, el culto hebreo era diferente del culto de los cananeos.
Mientras que el primero estaba ligado a la historia y a la profecía, el segundo estaba ligado a la naturaleza, con sus estaciones.
Asociar la adoración a los eventos salvadores de Dios resalta su alcance temporal. La expone como recordación (pasado), celebración (presente) y anticipación (futuro). La idea de recordación (griego anamnesis) es muy importante en la adoración bíblica. Es decir que el culto evoca el accionar redentor de Dios, actualiza sus beneficios para la iglesia y anticipa la llegada del Reino de Dios. Al evitar el olvido, estimula la esperanza del pueblo. Por lo tanto, la adoración es tanto histórica como profética, protológica como escatológica. (Ver Daniel O, Plenc, "O significado protológico e escatológico da adoração", 167-175).
LO TEMPORAL Y LO ETERNO
El culto de Israel era una expresión de su esperanza. Dice Elena G. de White que los servicios del Tabernáculo y del Templo eran enseñanzas objetivas de la salvación, y una vez al año llevaban los pensamientos del pueblo "hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, y hacia la purificación final del universo, que lo limpiará del pecado y de los pecadores". PP, 372.
Los Salmos contienen alusiones al futuro prometido por Dios a su pueblo.
Isaías profetiza el juicio del Señor contra los soberbios, "y Jehová solo será exaltado en aquel día" (Isa. 2:11, 17). El Señor empeña su palabra al anticipar su reconocimiento universal. "Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua" (Isa. 45:23. Ver Fil. 2:9-11). En la futura Sion, "se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto" (Isa. 51:3). "Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová" (Isa. 66:23). En el reino escatológico prometido a los santos del Altísimo, "todos los dominios le servirán y obedecerán" (Dan. 7:27).
De acuerdo con el Nuevo Testamento, con la primera venida de Cristo comienzan los "postreros días" (Heb. 1:2), y se inaugura la era venidera que se completará en el regreso de Cristo. Jesús anticipó que algún día los hombres dirían: "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Mat. 23:39). Entonces, Cristo recibirá reconocimiento universal (Mat. 24:30; Fil. 2:5-11; Apoc. 1:7).
La celebración de la Santa Cena es una anticipación de ese Reino de Cristo
(Mat. 26:26-29; Mar. 14:22-25; Luc. 22:14-18; 1 Cor. 11:26). Pablo declara que los creyentes poseen la garantía de la herencia de los redimidos "para alabanza de su gloria" (Efe. 1:14). En la Segunda Venida, el Señor será "glotificado en sus santos" y "admirado en todos los que creyeron" (2 Tes. 1:10). Los himnos del Apocalipsis anticipan la victoria final del Señor en todo el universo. Estos cánticos jubilosos son presentaciones prolépticas, anticipatorias del triunfo de Dios”. (Ver Plenc, "Aproximación al dignificado teológico y luigieo de los himnos del Apocalipsis" 92-113).
La escatología en una doctrina cristocéntriva muy relacionada con la adoración. Entiende que Cristo inauguró una nueva era, con una nueva adoración centrada en el (Juan 2:19-32), La iglesia adora en el intervalo entre el reino de gracia, inaugurado con la primera venida de Cristo, y el reino de gloria, que seguira a su retorno, Esta dimensión futura de la adoración no debiera olvidarse a la hora de realizar el culto.
White prevé un dempo de reavivsmiento espiritual y reforma antes del advenimiento de Cristo, caracterizados por un espíritu de alabanza y adoración bajo el influjo del Espíritu Santo: "En visiones de la noche pasó delante de mí un gran movimiento de reforma en el seno del pueblo de Dios.
Muchos alababan a Dios. Los enfermos eran sanados y se efectuaban otros milagros, se adverta un espíeita de adoración como lo hubo antes del gran día del Pentecostes" CSS, 582.
Los miembros de la iglesia triunfante "constituirán una familia dichosa, unida, vestida con las prendas de alabanza y de acción de gracías cou el manto de la justicia de Cristo. Toda la naturaleza, en su incomparable bellean, oftecerá a Dios tributo de alabanza y adoración". CN, 538.
Al moverse entre lo presente y lo etero, la adoración es un anticipo y testimonio de los planes divinos para el futuro eterno.
CONCENTRACIÓN APOCALÍPTICA
Las secciones bíblicas que tratan de los eventos del fin se refieren a menudo a la adoración. Ocurre con el libro de Daniel y particularmente con el Apocalipsis, Daniel 7 y 8, por ejemplo, describen el conflicto entre la verdadera adoración en el verdadero Templo de Dios y un sistema falso de adoración. Pero es en el Apocalipsis, más que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento, donde el tema aparece en todo su esplendor. En tiempos del destierro de Juan en Patmos, el emperador Domiciano (81-96 d.C.) procuraba la adoración de sus súbditos, y el tema se había convertido en asunto de vida o muerte para los cristianos. Pero Juan va más allá de los asuntos terrenales y describe frecuentes escenas de alabanza en los cielos.
Gran parte del libro se orienta hacia el tema de la adoración.
La recurrencia del verbo adorar (proskunéin, en griego) es llamativa. Se emplea 24 veces en el libro (Apoc. 3:9; 4:10; 5:14; 7:11; 9:20; 11:1, 16; 13:4, 8, 12, 15; 14:7, 9, 11; 15:4; 16:2; 19:4, 10, 20; 20:4; 22:8, 9). Todo parece indicar que es el tema central del libro. Se puede notar, además, que en el núcleo del mensaje final de Dios a los hombres hay un llamado a la adoración (Apoc. 14:7).
El Apocalipsis habla de la adoración a Dios en oposición a la adoración idolátrica terrenal. La verdadera y la falsa adoración se distinguen claramente a lo largo del libro. El homenaje celestial (Apoc. 4:11; 5:9-14; 11:13; 14:1-7; 16:9) contrasta radicalmente con el homenaje terrenal (Apoc. 13:2, 15; 14:9- 11). Estas repetidas imágenes en contraste son características del Apocalipsis.
Los símbolos de las mujeres de Apocalipsis 12 y 17 describen el contraste entre la verdadera iglesia y la iglesia apóstata, así como entre la adoración auténtica y la corrompida.
Es probable que estas escenas celestiales de adoración se hayan registrado como un modelo para seguir por las congregaciones cristianas y que el culto de la iglesia pueda enriquecerse con esas descripciones apocalípticas. Lo cierto es que el tratamiento abundante que el Apocalipsis da a la temática, muestra el lugar que la adoración debiera ocupar en la iglesia, especialmente en tiempos del fin.
UN CONFLICTO UNIVERSAL Y ESPIRITUAL
La idea de un conflicto universal entre el bien y el mal es central en la teología adventista. Se lee en la declaración de creencias que "toda la humanidad se halla ahora envuelta en una gran controversia entre Cristo y Satanás acerca del carácter de Dios, su Ley y su soberanía sobre el universo" (Asociación Ministerial, Creencias de los adventistas del séptimo día, t. 1, 112).
Es clara también la noción de que ese conflicto cósmico es un conflicto por la adoración.
Escribió Samuele Bacchiocchi que, "en cierto modo, la Biblia es la historia del conflicto entre la adoración verdadera y la falsa". (Samuele Bacchiocchi, Reposo divino para la inquietud bumana, trad. Roberto Badenas (Berrien Springs, Michigan: Andrew University Litho Tech, 1980), 169).
Tal como lo presenta la Escritura, la controversia comenzó en los cielos, como resultado de la rebelión satánica (Isa. 14:12-14). El deseo de Satanás de hacerse adorar fue la causa de su caída. "Lucifer aspiraba a ser semejante a Dios en posición, poder y gloria, pero no en carácter. Deseaba para sí el homenaje que la hueste angélica solo rendía a Dios. Aunque no era más que un ser creado, pretendía recibir el honor que solo debe darse al Creador',8 Koranteng-Pipim lo dice correctamente: "La rebelión de Satanás en el cielo estuvo centrada en la adoración, por el deseo de sentarse sobre el trono de Dios y participar de su adoración [...]" (Francis D. Nichol, Our Firm Foundation, t. 4, 211).
El mismo autor recuerda que ciertas confrontaciones entre el bien y el mal, en la historia bíblica, se relacionaron con la adoración: la muerte de Abel en manos de Caín (Gén. 4), la disputa entre Elías y los sacerdotes de Baal (1 Rey. 18), las vicisitudes de Daniel y sus tres compañeros hebreos (Dan. 3, 6) y una de las tentaciones de Cristo en el desierto. (Samuel Koranteng-Pipim, "Inventing Styles of Worship", Adventists Afirm 13, 1 (Spring 1999), 23).
En ese momento decisivo del ministerio de Jesús, se demuestra la centralidad de la adoración en su lucha con el diablo (Mat. 4:8-10). El texto profético de 2 Tesalonicenses 2:3 y 4 habla de una apostasía y un conflicto sobre la adoración. Pablo anuncia la inminente apostasía en términos de idolatría y autoendiosamiento que se presenta como piedad cristiana. La misma idea se desarrolla en Apocalipsis 13 al hablar de la adoración al dragón satánico y a la bestia apóstata que recibió su poder (13:4, 8). La profecía muestra que la primera bestia contará con apoyo civil en su pretensión de adoración (13:12). "La profecía indica la promulgación de alguna ley de carácter religioso cuya observancia será considerada como un acto de culto, en el cual el participante reconoce la autoridad de la primera bestia en asuntos religiosos". (Nichol, Our Firm Foundation, t. 7, 835).
Por lo que se registra en Apocalipsis 13 y 14, puede pensarse que el conflicto final en la historia humana también tendrá que ver con la adoración.
La idea de un conflicto universal relacionado con la adoración se desprende del uso que el Apocalipsis hace de la palabra adoración. Por un lado, se muestra la adoración celestial al Creador del universo y Salvador de los hombres (Apoc. 4:8-11; 5:12-14; 7:11, 12; 11:1, 15-17; 14:6, 7; 15:2-4; 19:4, 10; 22:8, 9), y por otro la adoración terrenal a la criatura (Apoc. 9:20, 21; 13:3, 4, 8, 12, 15; 14:9,11; 16:2; 19:20; 20:4). Lo primero es adoración auténtica, lo segundo es idolatría y blasfemia. Hay una reñida disputa de alcance universal por la lealtad y la adoración de las criaturas inteligentes. Juan divide a los hombres en dos grupos específicos, "los adoradores de la bestia y de su imagen, y los adoradores del Dios verdadero y viviente" (CT, 341). "El contraste entre los dos grupos de adoradores alcanza su clímax en las dos visiones al final del libro". (David Peterson, Engaging with God: A Biblical Teology of Worship, 264).
La visión de Apocalipsis 4 y 5 trata sobre la adoración sacerdotal de los 24 ancianos, cuyo cántico es un anticipo de las escenas de Apocalipsis 12 al 22.
Los capítulos 12 al 14 constituyen la sección central del Apocalipsis, en la que se contrasta la pretensión satánica de la falsa adoración y el reclamo divino con la veneración auténtica. Apocalipsis 12:17 hace un resumen de toda la crisis final que se desenvuelve en los capítulos 13 y 14. Estos capítulos vuelven a ser contrastados. En Apocalipsis 13 se narra la guerra del dragón satánico, y en Apocalipsis 14 el carácter y el mensaje del pueblo remanente de Dios. Los 144.000 de Apocalipsis 14 son la contraparte de los adoradores de la bestia de Apocalipsis 13. La adoración de la bestia es impuesta por el falso profeta; en cambio, los verdaderos adoradores son los que responden voluntariamente al llamado divino (Apoc. 13:12, 15).
Un estudio más detenido de los capítulos 12 al 14 de Apocalipsis muestra que en torno a la adoración se desarrolla la formidable crisis que involucra a toda la humanidad. Aun se alude a la observancia del sábado como parte de la adoración del pueblo de Dios. Se habla de la adoración del dragón, de la bestia que sube del mar y de la imagen de la bestia en siete ocasiones (Apoc. 13:4, 8, 12, 15; 14:9, 11). La negativa de un remanente decidido a mantener su devoción al Creador desata la controversia final. No cabe duda de que es uno de los conceptos clave de esta sección. Todo un sistema religioso apóstata tratará de imponer una falsa adoración con el apoyo del poder político. En Apocalipsis 13, la apostasía convoca a los hombres a la falsa adoración, mientras que el remanente leal de Apocalipsis 14 anuncia el evangelio e invita al mundo a adorar al Dios verdadero.
La misión de la iglesia remanente está simbolizada particularmente por los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12. Tanto la adoración verdadera como la falsa se describen en estos pasajes. El primer ángel extiende un llamado a adorar a Dios como Creador, antes del retorno de Cristo (Apoc. 14-20), por medio de la observancia del sábado, que lo recuerda. Al comparar la afirmación de Apocalipsis 14:7 con la de Exodo 20:11, puede notarse que el mensaje del primer ángel contiene casi las mismas palabras del Mandamiento del sábado. Jon Paulien, un especialista en Apocalipsis, piensa que el llamado a la adoración en Apocalipsis 14:7 es "la afirmación central de esa sección de Apocalipsis y, tal vez, la apelación central de todo el libro". (Jon Paulien, "O sábado no livro de Apocalipse", Revista Teológica do SALT-LAENE 3, 1 (aneiro-Junho 1999), 92).
Cree también en la probabilidad de que el paralelismo verbal entre Apocalipsis 14:7 y Éxodo 20:11 haya sido intencional. ((Jon Paulien, "O sábado no livro de Apocalipse", Revista Teológica do SALT-LAENE 3, 1 (aneiro-Junho 1999), 92).
El segundo ángel da una advertencia respecto de la religión apóstata y también debe ser relacionado con la adoración, en este caso la falsa adoración.
El tercer ángel anuncia la destrucción final de las fuerzas del mal en el marco de una solemne amonestación contra la adoración de la bestia y su imagen.
"En la crisis que pronto vendrá, los habitantes de la tierra tendrán que escoger [...] entre el culto al verdadero Dios y el culto a los dioses falsos”. (Nichol, Our Firm Foundation, t. 7, 842).
En síntesis: "El mensaje final al mundo, de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12, es un llamamiento a distinguir entre la verdadera y la falsa adoración, y retornar a la adoración del Dios Creador-Redentor". (John M. Fowler. "O Come, Let Us Worship!", Ministry (October 1991), 9).
Es claro que la adoración tiene que ver con la identidad y la misión de la iglesia en los tiempos escatológicos. "Dios tiene hijos en todas las iglesias, pero a través de la iglesia remanente proclama un mensaje destinado a restaurar su verdadero culto, al llamar a su pueblo a salir de la apostasía y prepararse para el regreso de Cristo". (Asociación Ministerial, Creencias de los adventistas del séptimo día, t. 1, 191).
En su comprensión de los eventos finales, los adventistas han colocado su acento en la adoración como el gran eje del conflicto universal entre el bien y el mal. Elena G. de White ha dicho que la estrategia diabólica consiste en sustituir las leyes divinas por las humanas, e inducir a los hombres "a adorar a la criatura antes que al Creador". CS, 13.
"En vista de que los que guardan los mandamientos de Dios están puestos así en contraste con los que adoran la bestia y su imagen, y reciben su marca, se deduce que la observancia de la Ley de Dios, por una parte, y su violación, por la otra, establecen la distinción entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia". CS, 13.
"Mientras que los que adoran a Dios se distinguirán especialmente por su respeto al cuarto Mandamiento -ya que este es el signo de su poder creador y el testimonio de su derecho al respeto y el homenaje de los hombres-, los adoradores de la bestia se distinguirán por sus esfuerzos para derribar el monumento recordativo del Creador y ensalzar lo instituido por Roma". CS, 499.
Los autores adventistas han usado a menudo los símbolos apocalípticos del "sello de Dios" y la "marca de la bestia" para describir la controversia entre los verdaderos y los falsos adoradores. Declara Elena G. de White: "Los que, comprendiendo las exigencias del cuarto Mandamiento, prefieren observar el falso día de reposo en lugar del verdadero, rinden así homenaje a aquel poder, el único que ordenó su observancia. Pero, por el mismo hecho de imponer un deber religioso con ayuda del poder secular, las mismas iglesias estarían elevando una imagen a la bestia; de aquí que la imposición de la observancia del domingo en los Estados Unidos equivaldría a imponer la adoración de la bestia y de su imagen" CS, 502.
Respecto del tiempo de la recepción de la marca de la bestia, agrega: "Nadie es condenado hasta que haya tenido la luz y haya visto la obligación del cuarto Mandamiento. Pero, cuando se ponga en evidencia el decreto que ordena falsificar el sábado, y el fuerte clamor del tercer ángel amoneste a los hombres contra la adoración de la bestia y de su imagen, se trazará claramente la línea entre lo falso y lo verdadero. Entonces, los que continúen aún en transgresión, recibirán la marca de la bestia". Ev, 174.
La marca de la bestia es la sustitución del verdadero culto por una falsa adoración, veneración que probará a los hijos de Dios. "Sus hijos deberán dejar manifiesto que él es el único objeto de su adoración, y que por ninguna consideración, ni siquiera la vida misma, pueden ser inducidos a hacer la menor concesión a un culto falso". PR, 376.
Dice Paulien: "Los adventistas creen que los habitantes de la tierra tendrán que escoger un día entre el culto al Dios verdadero en el día sábado y el culto a un dios falso en algún otro día". (Paulien. O sábado no livro de Apocalipse, 88).
De modo que la iglesia es llamada a adorar en el tiempo final de crisis. No se trata, entonces, de un tema menor. Sino que "es significativo que la crisis en los últimos días terminará donde todo comenzó -en el problema de la adoración". (Koranteng Pipim, Inventing Styles of Worship, 24).
Tal como el Apocalipsis lo refleja, la controversia final no debe comprenderse como confrontación política o bélica sino como una lucha espiritual en torno a la adoración por parte de las inteligencias humanas. A este conflicto espiritual de proyección cósmica se refiere Juan al hablar del Armagedón (Apoc. 16:12-16).
Un análisis doctrinal de la adoración debe situar este tema en el marco del gran conflicto entre el bien y el mal, una controversia que comenzó con la disputa satánica y se proyecta a tiempos escatológicos. La verdadera adoración caracteriza al pueblo remanente de Dios en el conflicto final y lo identifica con Dios en la lucha cósmica. La adoración es, entonces, el verdadero eje de la doctrina bíblica de los eventos finales. La adoración así entendida trasciende la realidad presente, la experiencia individual o eclesial, y se proyecta hacia la realidad eterna.
LOS CRITERIOS DIVINOS: ETERNIDAD, CENTRALIDAD Y FIDELIDAD
Al estudiar la adoración en su relación con la doctrina de los eventos finales, se comprenden nuevos y valiosos criterios revelados para el culto de la iglesia remanente en la culminación de los tiempos.
Eternidad
Puede notarse, en el registro bíblico, que la adoración va mucho más adelante que el aquí y el ahora, extendiéndose hacia la eternidad futura. Salta a la vista un nuevo desafío al equilibrio, entre un culto que se relacione fuertemente con el tiempo presente, sin olvidar que es preparación y anticipo de la adoración eterna en el Reino de Dios.
Centralidad
La adoración es central en el conflicto cósmico entre el bien y el mal. No todo es paz y bonanza a la hora de rendir al Señor el culto debido. Tuvo que ver con el inicio de la rebelión satánica y desempeña un lugar destacado en la lucha final por el control de las mentes humanas. Las actividades del culto dejan de ser formalidades, para situarse en medio del drama universal, conduciendo a los hombres a la correcta veneración de la Deidad.
Fidelidad
El pueblo de Dios de los tiempos finales manifiesta su adoración fiel en medio de la intolerancia y la adversidad, y extiende al mundo la invitación hacia una devoción indivisa al Señor de los cielos y de la tierra. El culto es compromiso para cada persona creyente, y misión de fidelidad y participación para la iglesia.
El desafío de extraer criterios válidos para el culto de la iglesia de cinco áreas de la teología está concluido. Resta una síntesis de todo lo dicho y una presentación de las conclusiones principales a las que se ha llegado.
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