El Culto y sus objetivos

El culto es más que una actividad. Antes de que se desarrolle el culto en la congregación, debe ocurrir en la persona. El apóstol Pablo, escribiéndoles a los romanos, les dijo que ellos debían ofrecer sus cuerpos "en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es el culto espiritual de ustedes" (Rom. 12:1; la cursiva fue añadida). Los creyentes no deberían relegar el culto apenas a la experiencia del grupo. El culto debería ser parte de la vida del creyente, cada día. Cuando el sol se pone y el sábado termina, el creyente debería anticipar el próximo sábado, enfocando en la preparación durante los siguientes seis días para otro sábado de adoración.

El culto es, antes que nada, un estilo de vida. Los líderes de la iglesia deben promover el culto, principalmente, como una forma de vida y, en segundo lugar, como una actividad. Cuando los pastores, ancianos y otros líderes de la iglesia muestran una vida de culto y los miembros de la iglesia hacen lo mismo, el resultado durante la mañana del sábado, durante el culto del medio de la semana y en todas las otras ocasiones cuando la congregación se reúne es que Dios recibe total alabanza, nacida de lo profundo del corazón de aquellos que sinceramente lo aman y honran. Entendiendo que el culto es un encuentro con Dios, debe ser abordado con consideración y oración. Dios, no la congregación, es la audiencia del culto. Las formas y funciones del culto deben dejar en claro esa conexión para los adoradores.

"La casa es el santuario para la familia, y la cámara o el huerto el lugar más retraído para el culto individual; pero la iglesia es el santuario para la congregación. Debiera haber reglas respecto al tiempo, e lugar yla manera de adorar: No debería tratarse con descuido e indiferencia nada que sea sagrado, que pertenezca al culto de Dios. I.../ Si cuando la gente entra en la casa de culto tiene verdadera reverencia por el Senor, y recuerda que esta en su presencia, habrá una suave elocuencia en el silencio" (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 491).

El culto es adoración. "Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad" (Juan 4:24). Por lo tanto, el culto consiste más en la actitud con la que nos aproximamos que en la forma o el orden en el que ocurre. Las partes del culto deben permitir expresiones de adoracióna Dios y oportunidades para sentir, con reverencia. (Sal. 95:3-5). Esa adoración puede ser expresada por la música, por la oración y la alabanza. (Sal. 95.1, 2;

96:1-6). Ella afirma la bondad de Dios, reconoce que él es digno, busca su gracia y reconoce su presencia (Apoc. 4:11). Cuando Cristo está en el centro del culto, la alabanza y las acciones de gracias serán la expresión natural del adorador (Sal. 33:1-3; Apoc. 15:2-4).

Aunque las emociones irreflexivas no expresen el verdadero culto, la ejecución impasible del ritual y de la ceremonia sofoca la expresión de alegría y de amor que el individuo y la congregación deberían experimentar libremente. Es correcto que se eviten las emociones extremas. Por otro lado, no debemos tener tanto miedo de expresar la alabanza y la gratitud al punto que nuestro culto se vuelva frío e informal. El culto mantiene en equilibrio sagrado la alabanza, la espiritualidad, la verdad y el intelecto.

"Estos adoradores son los que el Padre busca" (Juan 4:23).

El culto es proclamación. El culto corporativo provee ocasión para la proclamación de la Palabra de Dios. Era costumbre de Jesús, los sábados, entrar en la sinagoga y realizar la lectura de la Escritura, seguida por la explicación (Luc. 4:16-21). Así también lo hizo el apóstol Pablo en Tesa-lónica, donde "por tres sábados razonó con ellos [los judíos) basándose en las Escrituras" (Hech. 17:2).

La proclamación incluye el estudio de la Palabra de Dios, resultando en el amor y la alegría de conocerlo más plenamente. Es tiempo para recordar el liderazgo de Dios en el pasado (1 Cor. 10:11), de exaltar la cruz de Cristo (Juan 12:32), y de experimentar el sentido de destino en saber que, mediante la presencia del Espíritu Santo y por medio de sus dones, podemos glorificar a Dios en la vida y en el servicio (Rom. 12:1).

El culto es renovación. El culto debería resultar en la renovación. Involucra reflexión, oración y meditación (Mat. 6:7-13). Es un tiempo para realizar súplicas por todos los santos (Efe. 6:18). Es un tiempo para que nos arrepintamos y busquemos el perdón de Cristo (Isa. 57:15; Hech. 2:38). Es un tiempo para experimentar la entereza y la paz en Jesús (Mat. 11:28-30). La eficacia del culto es mejor demostrada por la dedicación en servir a los otros.

EL CULTO CORPORATIVO

Companerismo. Aunque podamos adorar a Dios en particular, como individuos, reunirnos como iglesia en el culto es vital para mantener la fuerza del cuerpo de Cristo. El mismo Dios que nos acepta a cada uno de nosotros, individualmente, como sus hijos, nos incentiva a unirnos con otros creyentes en una comunidad de adoradores a quien él llama como la novia de Cristo. "La palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, enseñando y exhortándose unos a otros con toda sabiduría. Canten a Dios salmos, e himnos y canciones espirituales, con gratitud en el corazón" (Col. 3:16).

Participar del culto público fortalece el desarrollo cristiano personal.

Los adoradores necesitan asegurarse la aceptación y el amor de Dios. Eso les puede ser transmitido por la actitud de aquellos que lideran el culto. Las personas también necesitan del compañerismo de otros adoradores y del sentimiento de que pertenecen a la familia de la iglesia.

Una atmósfera fría y formal en la iglesia puede matar la influencia del culto y apartar a las personas. Es importante elegir miembros con el don de la hospitalidad para que sirvan como recepcionistas a fin de recibir y dar la bienvenida a los adoradores. Los ancianos y otros líderes deben prestar atención a los que parecen estar excluidos de la compañía de los otros adoradores e incentivar a los miembros para que sean sociables en su aceptación de todos los que están prestando culto con ellos.

El culto es participación. El sentido de comunidad en su iglesia puede ser fortalecido al incentivar a los miembros para que participen en los cul-tos. Hay múltiples oportunidades para los miembros de la congregación: hombres, mujeres, jóvenes y niños, para que participen en el culto: cantando, orando, ofrendando, realizando lecturas bíblicas y por medio del testimonio personal. Los miembros con talentos musicales y con ese interés pueden ser incentivados a formar parte del coro y/o de otros grupos musicales.

En el bautismo, los nuevos miembros deben recibir la bienvenida especial y pública en la iglesia. Los miembros recién transferidos también deben ser bien recibidos. Recordar los cumpleaños y otros eventos especiales son formas tradicionales de mostrarles a los miembros que ellos son una parte

valorada de la familia de la iglesia.

El culto necesita planificación. Para que sea significativo, el culto no puede, simplemente, suceder. El culto requiere la coordinación de las actividades y talentos de muchas personas. Los cultos planificados en oración, con un programa bien trazado, hacen que los participantes y la congregación se sientan bien. Las pausas inadecuadas y los programas separados crean tensión y eso dificulta la experiencia de la alegría del culto. Entendiendo que la mayoría de las personas está acostumbrada a los programas de los medios de comunicación, que son planificados de forma exacta y meticulosamente organizados, ellas pueden sentirse mal y constrenidas por un culto que no fue bien organizado.

Muchas iglesias tienen una comisión de culto que trabaja con el pastor para planificar y preparar el culto. Esta comisión se cerciora de que todos los participantes fueron notificados de sus deberes y que recibieron tiempo suficiente para prepararse. El pastor de la iglesia y los ancianos deben distribuir una lista con las responsabilidades de cada persona, así como el orden del culto. Eso puede ser realizado por medio del boletín de la iglesia, que contiene el orden del culto e informaciones de interés de la congregación.

La planificación incluye la selección de los predicadores apropiados o líderes del culto. En el momento del culto no deberían presentarse ante la iglesia informes de la Junta con propuestas de disciplina o desglose de miembros.

ORDEN DEL CULTO

El culto corporativo no es una colección de partes sin ninguna relación entre ellas y que deben ocurrir durante un determinado tiempo. La planificación del culto incluye coordinar cada presentación para que forme parte de un todo, avanzando hacia un objetivo y culminando en la respuesta. Debe ser planificado a fin de llevar a un compromiso. No hay un formato rígido para el culto, pero tiende a tener estructuras comunes.

Modelos de formatos de culto. Los dos siguientes ejemplos pueden ser adaptados a las necesidades de la congregación. Ver el Manual de la iglesia para obtener otros modelos.

Formato más largo:

• Preludio.
• Bienvenida y anuncios.
• Introducción (llamado a la adoración).
• Doxología.
• Invocación.
• Lectura bíblica (puede ser responsiva).
• Himno de alabanza.
• Oración.
• Recolección de la ofrenda.
• Música especial (o himno apropiado de acuerdo al tema del culto).
• Sermón.
• Himno de consagración.
• Bendición final.
• Postludio.

Formato abreviado:

• Bienvenida y anuncios.
• Introducción.
• Himno de alabanza.
• Oración.
• Recolección de ofrendas.
• Himno o música especial.
• Sermón.
• Himno de consagración.
• Bendición.

CULTO EN LÍNEA

La tecnología es parte de nuestra vida. Vivimos en una sociedad hiperconectada y, en la actualidad, es bastante difícil definir las fronteras entre la vida desconectada y la vida conectada en línea. Las personas están conectadas las redes. Es por eso que, cómo líderes de la iglesia, debemos estudiar, planificar y entender el ambiente digital para alcanzar a las personas en dónde están. Hoy la transmisión de cultos y la presencia digital de la iglesia son un imperativo.

Contexto presente, lener un culto presencial que inspire y motive a las personas a tener un encuentro real con Dios debe ser una prioridad en todas nuestras iglesias, Es en el culto presencial en el que la comunidad se reúne para compartir experiencias.

Por otro lado, debemos reconocer que hay personas con dolencias crónicas, problemas de mobilidad y deficiencias temporales o permanente que no permiten que frecuenten las iglesias.

Además, estudiosos del comportamiento humano y la propia Organización Mundial de la Salud alertan de varios factores que están afectando emocionalmente a las personas. De hecho, la depresión, la ansiedad y las fobias se están volviendo cada vez más comunes. El miedo a los espacios cerrados, el miedo de enfermarse, el miedo a las personas, entre otros, están impidiendo que muchas personas participen de reuniones presenciales.

El desafio de la misión. Debemos considerar el contexto tecnológico y social en el cual vivimos, así como la misión evangelística que Cristo nos confió cuando dijo: "Por tanto, vayan a todas las naciones, hagan discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado. Y yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:19, 20). En vista de esto, tenemos urgencia por proclamar ese mensaje "a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo" (Apoc. 14:6).

Esa responsabilidad implica alcanzar, por medio de herramientas digitales, a quienes no pueden participar de un culto presencial y que necesitan ser abrazados por el evangelio de Cristo.

La transmisión del culto. El culto en línea, como también el presen-cial, debe ser planificado y realizado de forma organizada e intencional.

A continuación, se encuentran algunos consejos:

Sé receptivo. Recuerda que las personas que se conectan a un culto en línea están procurando ser acogidas. Por eso, prepara un equipo de recepción digital que pueda atender, de forma amigable, a las personas que se están conectando a la transmisión.

Sé objetivo. La transmisión no necesita incluir todo el culto. Una hora o una hora y media de transmisión es suficiente.

Sé cuidadoso. Recuerda que, a partir del momento en que el culto es transmitido, todo lo que pasa en el recinto de la iglesia se vuelve público. Evita los anuncios internos, frases y comentarios que puedan ser malinterpretados.

Sé directo. El culto debe estar centrado en la adoración a Dios y su propósito principal es la exposición de la Palabra. Por esto, es necesario cuidar la calidad del culto. Es imprescindible que los músicos, los líderes de alabanza y los predicadores sean bien escogidos. Deben representar las doctrinas de la iglesia y, por lo tanto, debe expresarse de la mejor manera posible.

Orden sugerido del culto en línea del sábado. Música de fondo y cuenta regresiva (5 minutos).
Bienvenida oficial y ofrecimiento de estudios bíblicos (2 minutos).
Himno de alabanza (3 minutos).
Oración (2 minutos).
Recolección de ofrendas (video "Probad y Ved" - 5 minutos).
Música especial (4 minutos).
Sermón (35 minutos).
Himno congregacional (3 minutos).
Bendición final (2 minutos).
Despedida y cierre de la transmisión (3 minutos).

Equipo del culto en línea. Encargado del audio.
Director de la cámara.
Equipo de alabanza.
Recepcionistas digitales (reciben a las personas).
Evangelistas digitales (dan estudios bíblicos de manera virtual).

Consejos para una buena transmisión. Invertir en una buena iluminación. Las cámaras necesitan de buena luz para tener calidad.
Invertir en, al menos, dos cámaras. La calidad es fundamental, pero el costo financiero debe ser razonable.
Invertir en un sistema capaz de hacer una transmisión correcta en la plataforma digital escogida.
Entrenar debidamente a las personas que van a operar el equipamiento

Consideraciones finales. Recuerde que las personas que acompañan el culto en línea tienen las mismas necesidades que aquellos que asisten al templo. Una iglesia receptiva es aquella que abraza a todos los que van al templo y a todos los que se conectan en plataformas de transmisión. Todas las personas son importantes.

Además, el cuidado y la atención no debe finalizar cuando la transmisión concluye. El culto será divulgado en Internet y podrá ser fuente de interesados que irán a la iglesia. Para eso, el equipo de recepción siempre debe estar atento.

Finalmente, la evangelización digital es una oportunidad de conectar a las personas con el contenido de la iglesia (doctrinas, programas, proyectos, TV Nuevo Tiempo, publicaciones, etc.). Es imprescindible estar familiarizados con los canales digitales de la iglesia. En nuestra página adventistas.org/ es/, puedes encontrar algunas estrategias útiles para conectar a las personas a través de WhatsApp, Feliz/Play, NT Play, entre otros.

PREDICACIÓN

La predicación es el centro del culto adventista del séptimo día. La iglesia se desarrolló por la proclamación de la Palabra. La centralidad de la predicación está basada en las Sagradas Escrituras y mantiene a la iglesia unida en la doctrina y en el propósito. Ni todos los ancianos predican regularmente, ni todos tienen el don espiritual de predicar. Pero para aquellos que sirven en la iglesia, donde la predicación es necesaria, sea de forma regular u ocasional, las siguientes directivas para la predicación pueden ser útiles.

Predicación por la experiencia personal. Sin un compromiso personal para con Dios y el servicio, la predicación es fútil y frustrante. La predicación fluye de la experiencia personal en el estudio de las Sagradas Escrituras y en la comunión con Dios. A menos que el predicador esté lleno del Espíritu Santo, no habrá nada para darles a los otros. La predicación es, algunas veces, compartir la experiencia personal por medio del testimonio.

Predicación biblica. Predica la Palabra (2 Tim. 4:2). La predicación adventista está centralizada en Cristo y fundamentada en las Sagradas Es-crituras. La historia, la sociología y la psicología pueden servir para ilustrar el mensaje, hacerlo claro y relevante para los oyentes; pero el material que no contenga base bíblica no va a alimentar el alma, ni va a resultar en un compromiso con Cristo y su servicio. Las Sagradas Escrituras proveen un suplemento inagotable de materiales para el sermón. La predicación bíblica es más que meramente el uso de muchos textos bíblicos. De igual forma, no se destina a buscar un texto que parece concordar con lo que está siendo dicho, muchas veces, sacado de su contexto.

Predicación relevante. Los principios de la verdad, contenidos en la Biblia son relevantes para la vida diaria. Es importante mostrar cómo la Biblia habla al tiempo presente y cómo la salvación se aplica a las necesidades contemporáneas. Hacer que la Palabra sea lo principal en la predicación. Si fuera posible, observar cómo los comentarios bíblicos, los comentarios de Elena de White y de otros autores cristianos se aplican al pasaje para una vida cristiana práctica. Usa eventos actuales, la naturaleza y tu propia experiencia para hacer que tu sermón sea relevante para la vida de tus oyentes.

Predicación positiva. Las personas deben reconocerse como pecadoras antes de buscar la salvación. Sin embargo, la primera apelación no es para denunciar el pecado, sino para anunciar la salvación. La predicación exitosa está centrada en la esperanza. La palabra "evangelio" significa buenas nuevas. Dejar de predicar las buenas nuevas es dejar de predicar el evangelio.

Preparación del sermón. Los buenos sermones no son consecuencia de una preparación apresurada. La oración, el estudio de la Biblia y la lectura anticipada facilitan la preparación del sermón para quien lo presenta, permitiéndole tener tiempo para encontrar ilustraciones y aplicaciones prácticas que complementan el mensaje. Otórguese a sí mismo tiempo para que el material dé vueltas en su mente, incluso cuando esté ocupado con otras actividades y otros asuntos. Inicie el proceso de preparación del sermón cuanto antes para aliviar la tensión y aumentar la creatividad

Organización lógica. El esbozo lógico del sermón está organizado en tres partes:

1. La introducción se destina a despertar el interés de la audiencia e introducir el tema, que es el mensaje principal del sermón con el cual la audiencia vive.El cuerpo del sermón presenta el tema al mostrar, de forma lógica, las lecciones principales del tema. Biblicamente, establece cada lección e incluye alguna ilustración o aplicación práctica.
La conclusión resume el tema y la lección, y lleva a la audiencia a asumir un compromiso personal con Cristo.

Hablar con claridad. Al presentar el sermón, habla con claridad para ser escuchado y entendido. "Hay muchos que leen o hablan en voz tan baja o de un modo tan rápido que no puede entendérseles fácilmente. Algunos tienen una pronunciación apagada e indistinta, otros hablan en tonos agudos y penetrantes, que resultan penosos para los que oyen. .... Mediante un esfuerzo diligente todos pueden adquirir la habilidad de leer inteligiblemente y hablar en un tono de voz fuerte, claro, sonoro, de un modo distinto e impresionante. Haciendo esto podemos aumentar grandemente nuestra eficiencia como obreros de Cristo" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 270).

Planificar con anticipación. Desarrolla un calendario de predicaciones, planificándolo con un año o, por lo menos, un trimestre de anticipación, desarrollar un calendario de predicaciones y de cultos. La planificación requiere que se miren en ambas direcciones. Considera los tópicos alcanzados en el pasado y los que pueden haber sido dejados un poco de lado o demasiado enfatizados. Entonces, con base en el calendario de la iglesia y el público, así como también en las necesidades de la congregación, elige y marca los oradores y los tópicos.

El error y la herejía, comúnmente, no ocurren por predicar lo que es falso, sino por una presentación incompleta o desequilibrada del evangelio.

Eso resulta en el énfasis exagerado de una verdad a expensas de otras. La planificación cuidadosa honra a Dios y satisface las necesidades espirituales de la congregación. El anciano tiene la incumbencia, ante la falta del pastor, de proteger cuidadosamente el púlpito y no permitir que sea utilizado para la predicación por personas no autorizadas, o que tienden a dividir o a desviar a la congregación. Un calendario bien planificado de predicaciones, con oradores conocidos y aprobados, va a ayudar a proteger a la iglesia contra esos posibles problemas.

Extraído de: Guía para el Ancianato. ACES, 2023. 123-132 

Recuerde: "Tal el sacerdote, tal el pueblo"

El término (ן ֵהֹּכ - kohēn) se refiere al sacerdote, encargado de enseñar la Torá y mantener la pureza del culto. Cuando falla en su deber, el pueblo sigue su ejemplo corrupto. Es decir “la decadencia del liderazgo espiritual siempre precipita la decadencia del pueblo”. Paul E. Eickmann, La Biblia Popular: Oseas a Amós (Buenos Aires: Concordia, 1995), 33.

"Cuando el altar se corrompe, el pueblo se pervierte; la santidad del líder determina la salud moral de la nación". Comentario Bíblico Beacon (Kansas City: Nazarene Publishing House, 1999), 108.

Tristemente "los líderes, que debían enseñar justicia, se han hecho semejantes a los que debían guiar”. John Goldingay, “Hosea 4 and 11, and the Structure of Hosea,” Tyndale Bulletin 71, no.2 (2020): 183.

Al haber perdido las virtudes del pacto, lo que sigue es el colapso social.
El mensaje de Oseas 4:9 confronta los problemas sociales actuales: corrupción, injusticia y pérdida de valores.
"El pecado del liderazgo religioso se traduce en desigualdad social y desintegración familiar”. John Goldingay, “Hosea 4 and 11, and the Structure of Hosea,” Tyndale Bulletin 71, no.2 (2020): 186.

La profecía revela que la decadencia espiritual tiene consecuencias comunitarias. 
"Una fe sin ética pública conduce a hipocresía institucional". Bob Utley, Amós, Oseas, Jonás y Miqueas (Texas: StudyLight Press, 2010), 79.

“La abundancia material no produjo gratitud, sino orgullo e idolatría”. H. A. Ironside, Notas sobre la Profecía de Oseas (Chicago: Loizeaux Brothers, 1935),
59.

En este contexto, los sacerdotes se beneficiaban del pecado del pueblo (4:8), convirtiendo el culto en negocio.

Este texto recuerda que “El sacerdote no solo representaba al pueblo ante Dios, sino a Dios ante el pueblo; su caída es doblemente grave”. 12A. B. Simpson, El Cristo en la Biblia – Oseas (New York: Christian Alliance Publishing, 1909), 44.

En este sentido "la restauración ética (SOCIAL) comienza cuando el líder reconoce su pecado y retorna al conocimiento de Dios". Paul E. Eickmann, La Biblia Popular: Oseas a Amós (Buenos Aires: Concordia, 1995), 37.

Los privilegios religiosos demandan responsabilidad ética.

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