¿Bendecir o maldecir?

By
D. Plenc

I. INTRODUCCIÓN:

Una de las palabras clave en el léxico de la teología de la adoración es “bendición”, antónimo de “maldición”. Lo contrario de bendecir es maldecir, imprecar, anatematizar.

La narrativa elegida de Job 1:20-22; 2:9-10 contiene ambos conceptos, dignos de consideración. Veamos el primer texto:

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (RVR)

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rapóse la cabeza, y cayó en tierra, y adoró: y dijo: ¡Desnudo salí de las entrañas de mi madre, y desnudo volveré allá! ¡Jehová ha dado, y Jehová ha quitado; sea el nombre de Jehová bendito!” (VM). 

“Job se levantó y rasgó su manto y se rasuró la cabeza en señal de duelo y se postró en tierra en actitud de adoración. Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y nada tendré cuando muera. El Señor me dio cuanto yo tenía; suyo era, y tenía derecho de llevárselo. Bendito sea el nombre del Señor». En todo esto Job no pecó ni maldijo a Dios” (NBV).

II. DESARROLLO:

1.- ¿Qué es una bendición? ¿Qué es bendecir? ¿Quién puede bendecir?

Existe en hebreo el verbo bârak (330 veces en el AT), relacionado con el sustantivo berâkâh, que se traduce al español generalmente como “bendición”, también como “presente”, “don”, “paz”, entendido como un beneficio o regalo. El adjetivo bârûk, es “bendito”.

En el Nuevo Testamento el equivalente de bârak es euloguéô (41 veces), literalmente “hablar bien”, “bendecir”. En fórmulas de bendición de Dios se usa eulogêtós, “bendito”. Una expresión de alabanza y gloria. El griego eulogía, es “alabanza” o “bendición”.

En la Escritura Dios bendice al hombre, el hombre bendice a prójimo y el hombre bendice a Dios, es decir “adora”. El hombre reconoce sus dones en adoración, entrega y gratitud.

Adorar es mucho más que dar y recibir. No es una negociación de toma y daca, como se ilustra en mucha de la narrativa bíblica.

2.- Adoración en crisis: Job y su esposa.

La esposa de Job no dijo “maldice” sino “bendice” (Job 2:9-10). El llamativo “uso del eufemismo en el discurso de la mujer de Job” (Ángel Manuel Rodríguez).

Algunas versiones dicen que la mujer le dijo a Job “bendice” a Dios con ironía. Escribió Ángel Manuel Rodríguez: “Efectivamente, el texto hebreo utiliza el verbo ‘bendecir’ (berak) y no el otro verbo que expresa lo contario (qillel), que equivale a maldecir)” (https://www.adventistbiblicalresearch.org/es/materials/job-29/).

“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (RVR).

“-¿Persistes en tu vida piadosa viendo todo lo que Dios te ha hecho? ¡Maldícelo y muérete! Pero él respondió: -Hablas como una necia. ¿Pues qué? ¿Hemos de recibir de manos de Dios únicamente lo agradable y nunca lo desagradable? En todo esto Job no pecó ni de palabra” (NBV).

“Entonces le dijo su mujer: ¿Todavía retienes tu integridad? ¡reniega de Dios, y muere! Pero él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las insensatas, has hablado tú. ¿Qué? ¿aceptaremos el bien de parte de Dios, y el mal no lo hemos de aceptar? En todo esto no pecó Job con sus labios” (Job 2:9-10 VM).

El sufrimiento nos pone en crisis personal, familiar y eclesial. Entonces tenemos nuevas razones para el sufrimiento. El problema es que el dolor convertido en rebeldía nos coloca en el lugar equivocado (la mujer de Job prácticamente repitió el concepto del enemigo en su diálogo con Dios).

3.- Al bendecir entramos en el santuario de Dios.

Notemos la secuencia de las expresiones de adoración en el Salmo 100, que es un Salmo de alabanza: Cantar, Servir, Acción de gracias, Alabar, Bendecir.

“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo.
Reconoced que Jehová es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
Por sus atrios con alabanza;
Alabadle, bendecid su nombre.
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,
Y su verdad por todas las generaciones”.

La sección narrativa de Job muestra lo esencial del concepto de bendición en el conflicto entre el bien y el mal. Es una toma de posición en el drama de los siglos. Nunca exageramos cuando destacamos el papel de la alabanza en la experiencia cristiana.

El llamado movimiento de alabanza y adoración (“Praise and worship”) suele distinguir entre alabanza y adoración. La primera se manifiesta por lo que Dios hace y la segunda por lo que Dios es.  Lo mismo afirma Donald P. Hustad: “Los carismáticos consideran que la alabanza y la adoración son entidades diferentes”.  El concepto no es nuevo, sino que esta idea de adoración pura, libre de egoísmo ya fue sugerida por ciertos místicos en distintas épocas. 

En muchos servicios de culto este pasaje de la alabanza a la adoración se realiza siguiendo la secuencia del tabernáculo y el templo del Antiguo Testamento.  El orden del servicio focaliza primero en los hechos de Dios por medio del testimonio, luego en la persona divina que actúa, por medio de la gratitud, para entrar finalmente a la pura adoración en la presencia de Dios.  Este pasaje del lugar santo al santísimo, es decir de la alabanza la adoración, es conscientemente dirigida con el apoyo de recursos musicales y evidentes efectos emocionales. 

La progresión típica pareciera iniciarse en el “atrio” (caracterizado por la gratitud), continuar en el “lugar santo” (caracterizado por la alabanza), para concluir en el “lugar santísimo” (caracterizado por la adoración). 

Debe decirse que otros autores no carismáticos miran esta secuencia como artificial y carente de fundamentación bíblica, porque las cualidades y los hechos de Dios, así como las distintas respuestas humanas a su manifestación aparecen juntas en la Escritura. Sugieren por tanto “rechazar el dualismo no bíblico que separa la persona de Dios de la obra de Dios”.  Se han hecho otras críticas teológicas al concepto de que la adoración debe estar motivada exclusivamente por los atributos de Dios. 

III. CONCLUSIÓN:

Más allá de las discusiones sobre asuntos lingüísticos o teológicos, lo cierto es que la adoración está en el corazón del gran conflicto cósmico entre el bien y el mal.

Es posible que no necesitemos ser rigurosos en la distinción entre gratitud, alabanza y adoración. Con todo, es indudable que la alabanza nos acerca a la presencia del Señor en su santuario y nos prepara para la adoración eterna en el reino de Dios.

Robert E. Webber, Twenty Centuries of Christian Worship, ed. (Nashville, Tennessee: Star Song, 1994), 132.
Donald P. Hustad, “La adoración cristiana: ¿Es ésta una de las ‘terribles primaveras’ de Dios?”, Ministerio adventista, enero-febrero 1996, 11.
Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, trad. Olivia de Lerín y otros (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1998), 122.
Robert E. Webber, Twenty Centuries of Christian Worship, 132; Barry Wayne Liesch, The New Worship: Straight Talk on Music and the Church (Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1997), 48, 61-64; Graham Kendrick, Learning to Worship as a Way of Life (Minneapolis: Bethany House, 1984), 141-151; Judson Cornwall, Let Us Worship (South Painfield, N. J.: Bridge Publishing, 1983), 153-158.
Robert E. Webber, Twenty Centuries of Christian Worship, 133.
Donald P. Hustad, “La adoración cristiana: ¿Es ésta una de las ‘terribles primaveras’ de Dios?”, 11.
Donald P. Hustad, “La adoración cristiana: ¿Es ésta una de las ‘terribles primaveras’ de Dios?”, 11-12; Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, 297-298; Alfred Küen, El culto en la Biblia y en la historia, trad. Eva Bárcena (Terrassa, Barcelona: Clie, 1995), 273-274; Terry Law, The Power of Praise and Worship (Tulsa: Victory House, 1985).
Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, 122, 301-303.
Paul W. Hoon, The Integrity of Worship (Nashville, Tennessee: Abingdon Press, 1971), 91-94; Donald P. Hustad, “La adoración cristiana: ¿Es ésta una de las ‘terribles primaveras’ de Dios?”, 12.



Universidad Adventista del Plata,
Entre Ríos, Argentina
06 de enero de 2025

Comentarios

Entradas populares de este blog

Adoración y Escatología

Divorcio - Debate Teológico

Ética y Moralidad