Adoración y Salvación
La adoración resulta de la salvación y se basa en ella, porque el hombre pecador no desea adorar a Dios, ni sabría como hacerlo. Su necesidad de redención es absoluta. Por eso, decía John R. W. Stott que "la adoración es la respuesta del hombre redimido a su Redentor" (John Stott, citado en Norval F. Pease, "Worship: The Missing Hub", Ministry (September 1975), 4).
Ante la incapacidad humana, solo la obra salvadora de Cristo puede habilitarlo otra vez para responder a Dios en genuina adoración. Parece razonable, entonces, extraer de la doctrina de la salvación principios adicionales para el culto de la iglesia.
La denominada "historia de la salvación" tiene mucho que ver con la adoración. Ambas se relacionan con una acción divina y una reacción humana.
La adoración responde a esa historia de la salvación. De hecho, el culto de Israel respondía a los hechos liberadores de Dios en favor de su pueblo y lo comprometía en obediencia a su Ley. El éxodo de Egipto para Israel y la cruz de Cristo para la iglesia se presentan como los grandes motivos bíblicos para la gratitud y la adoración. La salvación también capacita al creyente para la adoración espiritual. Por eso, el perdón y la justificación preceden a la adoración (Josué 24:19; Salmos 130:4; Sofonías 3:9). En este sentido, puede hablarse de la adoración como consecuencia y expresión de la historia de la salvación. El hombre redimido no puede sino responder a la gracia divina que ha obrado en su favor.
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA OBRA REDENTORA: LA CRUZ, EL SANTUARIO Y LA SEGUNDA VENIDA
El pasado, el presente y el futuro se encuentran en la adoración bíblica, porque se basa en Jesucristo, quien "es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8). Conecta al hombre con su pasado, otorga significado a su presente y esperanza para el futuro. Hay recordación y recapitulación de las intervenciones de Dios en el pasado, una celebración presente de los beneficios de la redención y una anticipación esperanzada de actos divinos para el futuro.
El culto tiene también que ver con estas tres extensiones temporales.
Recuerda el pasado, da sentido al presente y anticipa el futuro.
Holmes propone incluir, en la liturgia adventista:
(a) atención al sábado por su relación con el origen del hombre,
(b) atención al Santuario celestial y al ministerio sacerdotal de Cristo como recuerdo de su actividad presente y
(c) atención al segundo advenimiento de Cristo, estableciendo una dimensión futura para el existir del hombre. (C. Raymond Holmes, Sing a New song! 93).
Adoración e historia de la salvación
La adoración es el mayor tema de la historia de la redención. Las celebraciones hebreas, a diferencia de las cananeas ligadas a la naturaleza, no tenían un origen mítico sino histórico. Eran un memorial de la historia de salvación.
Sobre todo, el Éxodo era fundamental en la adoración de Israel:
- Como paradigma de liberación (Éxodo 15:1-18; Deuteronomio 5:15; 6:23; Amós 9:7; Oseas 13:4).
- Israel se convierte en pueblo de Dios, destinado a su servicio, a partir del éxodo (Éxodo 3:12; 7:16; 8:1; 9:1, 13; 10:3).
- Antes del éxodo cayeron las plagas sobre las divinidades egipcias, estimulando al pueblo a abandonar idolatría.
- El cántico de Moisés (Éxodo 15:1-19) que lo siguió, expresa la alabanza, la gratitud y la adoración del pueblo liberado. Esta es la primera referencia bíblica a una adoración musical. Aunuqe un grupo musical apunta a que estos tres términos: (Recuerdo y reconozco lo que recibí)(Alabar a Dios por lo que él es)(estar y disfrutar de la presencia del Señor). Salmos 100. (La verdad no me importa NADA). En el gran conflicto hay gente que toma postura del lado de Dios y lo bendice. Bendecir a Dios es entrar en el santuario (Salmos 84:10) Adorar es una toma de posición en el gran conflicto. Demuestro de qué lado estoy.
- La victoria de Dios sobre los enemigos de Israel prologaba la victoria mayor lograda sobre el pecado y la muerte por medio de la cruz de Cristo.
- El Apocalipsis retoma la figura de este cántico de liberación (Éxodo 15:1-18; Salmos 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 99:9; Isaías 42:10) y lo aplica al conflicto final (14:3; 15:3, 4).
- La importancia del Éxodo se advierte en la repetición reiterada del relato en el libro de los Salmos (por ejemplo, en 78:12, 13; 136:10-15).
Los episodios del Éxodo y del Sinaí (Éxodo 19-24) muestran facetas importantes de la adoración en tiempos del Antiguo Testamento. Los elementos de todo encuentro significativo entre Dios y su pueblo están presentes. En primer lugar está la invitación de Dios, luego la respuesta activa del pueblo. Se proclama la Palabra de Dios, y el pueblo compromete su obediencia.
El culto del Nuevo Testamento también se relacionaba con la historia de la salvación.
La adoración cristiana se niega a olvidar esa historia y no se permite perder la esperanza que encierra. Los eventos históricos relacionados con la encarnación, la vida y las obras de Jesucristo, así como su muerte y su resurrección están frescos en el pensamiento de los fieles. El culto celebra la salvación obrada por Dios en Cristo. Elena G. de White, que prefiere hablar de "plan de salvación", afirma que la grandeza de ese plan es la verdadera motivación para un culto placentero y alegre. CS, 476.
Al igual que la salvación, la adoración participa de la tensión entre las eras presente y porvenir (entre el "ya" y el "todavía no"). Los cristianos disfrutan ya del Reino de la gracia, pero todavía no están en el Reino de gloria. Hay un sabor a victoria anticipada en cada reunión de la iglesia, porque el Reino de Dios llegó con Jesús en su primera venida así como el Reino de Dios aguarda a los fieles luego de su segunda venida. Es una realidad histórica y también escatológica. Decía Jesús: "Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros". (Lucas 11:20). El culto es una celebración del Reino inaugurado y del Reino por venir. De alguna manera contiene un impulso hacia el futuro y es un fermento de esperanza, una esperanza siempre necesaria para la iglesia militante.
La adoración y la Cruz
Los servicios rituales del Antiguo Testamento anticipaban e ilustraban el sacrificio expiatorio de Cristo.
- Los pactos de Dios con Noé (Génesis 8:20-9:17),
- Abraham (Génesis 15:9-21),
- Isaac (Génesis 26:24, 25),
- Jacob (Génesis 31:43-55; 35:6-12) e
- Israel (Éxodo 24:5, 6) fueron ratificados con sacrificios.
- Se construían altares y los cultos incluían el ofrecimiento de animales en sacrificio (12:7-8; 13:18; 35:1, 7).
"En los tiempos patriarcales, el ofrecimiento de sacrificios relacionados con el culto divino recordaba perpetuamente el advenimiento de un Salvador; y lo mismo sucedía durante toda la historia de Israel con el ritual de los servicios del Santuario". PR, 504.
Desde tiempos antiguos, "la sangre de las víctimas se asociaba, en la mente de los pecadores, con la sangre del Hijo de Dios. La muerte de la víctima demostraba a todos que la pena del pecado era la muerte. Por el acto del sacrificio, el pecador reconocía su culpa y manifestaba su fe, previendo el grande y perfecto sacrificio del Hijo de Dios, simbolizado en el de la víctima animal". 2TS, 249.
El Santuario de Israel mostraba el camino del hombre hacia Dios. El altar del sacrificio simbolizaba la Cruz; la fuente del lavamiento, la limpieza del pecador. Los panes, el candelero y el altar del incienso representaban a Cristo.
Por él era posible acercarse a la presencia de Dios y reconciliarse con él. "Cada mañana y cada tarde, se ofrecía sobre el altar un cordero de un año, con las oblaciones apropiadas de presentes, para simbolizar la consagración diaria a Dios de toda la Nación y su constante dependencia de la sangre expiatoria de Cristo" PP, 365.
Recién después de la cautividad babilónica, el sacrificio fue reemplazado por la oración y la exposición de la Escritura. En realidad, "todo el culto de Israel de antaño era una promesa, en figuras y símbolos, de Cristo". TM, 123.
Los ritos del Antiguo Testamento, al igual que los del Nuevo Testamento, apuntan a Cristo.
- Tanto la Pascua como la Cena del Señor invitan a la memoria de la salvación pasada y anuncian la redención futura.
- Los Salmos Hallel (113-118), cantados en ocasión de la Pascua, recordaban los actos salvadores de Dios en favor de Israel.
- El bautismo también ha de entenderse como testimonio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.
- La idea de sacrificio es fundamental para el culto cristiano (Hechos 2:22-36; 1 Corintios 1:18-31).
- El creyente adora básicamente porque la muerte de Jesús hizo posible la reconciliación del hombre con Dios.
- La humillación y la exaltación de Cristo motivan la veneración universal a Jesucristo y la gloria del Padre (Filipenses 2:10, 11).
- En Hebreos se habla del perdón provisto por la sangre de Cristo como un camino para acercarse a Dios en adoración (Hebreos 10:19-22).
- En la escena de Apocalipsis 5, todo el universo adora en virtud del sacrificio de Cristo. Por ello, la adoración es en buena medida evocación del sacrificio de Cristo en la cruz.
Como las demás doctrinas de la iglesia, la adoración debe girar en torno de Cristo. "El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en torno a la cual se reúnen todas las otras. Para poder comprender y apreciar correctamente toda verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, deben ser estudiadas a la luz que fluye de la cruz del Calvario, en relación con la extraordinaria verdad central de la expiación efectuada por el Salvador". HDD, 223.
Esa centralidad debe ser concreta a la hora del culto. Dice Elena G. de White: "Es preciso juntarnos en torno de la Cruz. Cristo, y Cristo crucificado, debe ser el tema de nuestra meditación, conversación y más gozosa emoción. Debemos tener presentes todas las bendiciones que recibimos de Dios y, al darnos cuenta de su gran amor, debiéramos estar prontos a confiar todas las cosas a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros". CC, 104.
El sacrificio redentor de Cristo es un poderoso incentivo para la adoración. Elena G. de White ha escrito mucho sobre la motivación que surge de la muerte de Jesús para la adoración angélica y humana. (Ver PE, 126, 127; MJ, 252; CS, 709; MC, 402; EJ, 246; Ed, 186, 187; ELLC, 16).
Dice que el pensamiento de la Cruz "despierta emociones vivas y sagradas en nuestro corazón. Habrá alabanza a Dios y al Cordero en nuestro corazón y en nuestros labios; porque el orgullo y la adoración del yo no pueden florecer en el alma que mantiene frescas en su memoria las escenas del Calvario". DTG, 616.
Por todo lo expuesto, debe asumirse la centralidad de la redención ganada por Cristo en la cruz.
La adoración y el Santuario
El mismo Santuario del Antiguo Testamento, que ilustraba el sacrificio de Cristo, también representaba su mediación sacerdotal. Existía allí un "principio de representación" que solo permitía a los sacerdotes el acceso a la presencia de Dios. Por ello, "el Santuario terrenal y sus servicios revelaban importantes verdades relativas al Santuario celestial y a la gran obra que se llevaba allí a cabo para la redención del hombre". CS, 466.
El altar del sacrificio simbolizaba la cruz de Cristo y el altar del incienso tipificaba su mediación.
La adoración cristiana está relacionada con la obra intercesora de Cristo en el Santuario celestial.
- Puede decirse que Cristo es objeto de culto por causa de su divinidad y también sujeto del culto por presentar la adoración de la iglesia ante la presencia de Dios.
- En el Templo celestial el Cristo glorificado dignifica la devoción de los fieles.
- Hebreos permite entender la necesidad del sacerdocio de Cristo para la salvación y para la adoración (Hebreos 4:14-16; 7:25; 8:1, 2).
- Sobre la base de su mediación, los creyentes pueden presentarse personalmente ante Dios ofreciendo un culto aceptable.
- Del mismo modo, Apocalipsis se concentra en Jesús glorificado. Se refiere a un Templo en cl cielo (7:15; 11:19; 14.17; 15:5, 8) y a un altar (6-9; 8.3, 5; 9:13; 14:18; 16:1).
- Cristo se desempeña como Sumo Sacerdote hasta consumar la obra de la salvación, y una vez concluida el Templo ya no existirá (21:22).
- Las Escrituras enseñan a los hombres a acercarse a Dios "con humildad y reverencia, por la fe en un Mediador divino”. PR, 33.
La adoración significativa se nutre de la certeza acerca de la obra presente de Cristo en el Santuario del cielo. Esa obra estimula una relación directa y confiada con el Trono de Dios.
La adoración y la Segunda Venida
La doctrina de la segunda venida de Cristo es importante para la fe de la iglesia y para su adoración. La esperanza del retorno del Salvador se reflejaba en el culto de la iglesia primitiva. Su adoración anticipaba la gloria celestial al final de la historia de la salvación.
Del mismo modo deben los creyentes contemporáneos valorar todo el accionar salvador de Dios en la historia. Su adoración se relacionará entonces con el pasado, con el presente y con el futuro. Y, como Cristo es el centro del plan de salvación, así el culto necesitará ser profundamente espiritual y cristocéntrico.
LA GRACIA Y LA ADORACIÓN
Hay diversos tópicos comunes en el estudio de la salvación y de la adoración. Uno de ellos es el reconocimiento de la iniciativa de la gracia divina en la búsqueda del hombre. Lo mismo podría decirse de la necesidad de una respuesta humana a esa gracia.
La historia bíblica del Éxodo muestra que la manifestación de la gracia de Dios, al redimir a Israel de la esclavitud, precede a las demandas del Sinaí. El prólogo histórico al Decálogo registra las palabras de Dios: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Éxodo 20:2).
Primero está la acción divina, luego el requerimiento, ya que el estilo de vida expresado en la Ley se propuso a un pueblo redimido.
- El mismo registro del Éxodo indica que Dios obró la portentosa liberación de Israel para que el pueblo pudiera servir a Dios (Éxodo 4:23; 5:1; 7:16; 8:1, 20; 9:1, 13; 10:3, 7, 8, 11, 24, 26; 12:27, 31).
- Pareciera que la constante del trato de Dios con su pueblo, en el Antiguo Testamento, fue invitarlo a la adoración comprometida luego de su accionar redentor (Éxodo 19:4-6; 20:1-3; Deuteronomio 10:14-22).
- Se deja ver en forma incipiente que solo es posible adorar cuando primero se ha manifestado la gracia del Cielo.
El culto hebreo no pretendía ganar el favor del Cielo; más bien expresaba la redención que Dios obraba y prometía. El culto era ciertamente una respuesta a la gracia.
- La Pascua era una fiesta fundacional de la liberación de Israel (Éxodo 12:27). Celebraba la redención de Egipto y anunciaba la futura salvación mesiánica.
- El pueblo tuvo oportunidad de glorificar a Dios tras el cruce del Mar Rojo (Éxodo 14:4, 17, 18, 31).
- El cántico de Moisés era una alabanza por la salvación (Éxodo 15:2).
- María cantó a Dios con el mismo motivo (Éxodo 15:21).
- Tiempo después, Jetro sumó su propia bendición por la salvación del pueblo (Éxodo 18:10).
- El pueblo debía temer y adorar a Dios por su liberación de los pueblos cananeos (Josué 24:18).
- Gedeón adoró a Dios por relaciona vez tras vez la idea de adoración a Dios con el concepto de salvación de los enemigos (2 Samuel 22:4, 47; 1 Crónicas 16:35; Salmos 9:14; 18:46, 49; 27:6; 30:1; 50:15; 68:19; 95:1; 96:2; 106:47; 111:9; 116:17; 118:21; 124:6; 126:2; 142:7).
- En el momento en que Israel desvió su adoración y servicio al Dios que lo había liberado, para orientarlos a los dioses ajenos comenzó a causar su propia ruina (2 Crónicas 7:22).
- Josafat y el pueblo bendicen a Dios por la liberación sobre Moab y Amón (2 Crónicas 20:26). El lugar mismo fue llamado "bendición", en conmemoración de la acción liberadora de Dios sobre los enemigos.
- Los profetas también hicieron conexiones entre adoración y salvación (Isaías 12:1, 2; 44:23; Jeremías 20:13; Daniel 3:28; Joel 2:26; Jonás 2:9).
- En los evangelios, Dios se hace objeto de bendición por su salvación manifestada en Cristo (Lucas 1:68; 2:28-33; Juan 17:4).
- Los grandes cánticos registrados por Lucas son expresiones exultantes de adoración por la salvación de Dios por medio de Jesucristo. Los cuatro himnos se identifican tradicionalmente por sus primeras palabras latinas:
- Magnificat, o canto de María (Lucas 1:46-55);
- Benedictus, o canto de Zacarías (Lucas 1:67-69);
- Gloria in excelsis Deo, o canto de los ángeles (Lucas 2:13, 14); y
- Nunc dimittis, o canto de Simeón (Lucas 2:28-32).
Por otra parte, las epístolas contienen doxologías y otras declaraciones de adoración por la salvación en Cristo (Romanos 16:25-27; 1 Corintios 6:20; Gálatas 1:4, 5; Efesios 1:3, 6, 12, 14; 2 Timoteo 4:18; Hebreos 2:9; 9:14; 12:28; 1 Pedro 1:3; Judas 24, 25). Lo mismo puede verse en el Apocalipsis (Apocalipsis 1:5, 6; 5:9, 10, 12; 7:15; 19:1).
Lo cierto es que, en ambos Testamentos, la redención divina precede a la adoración del hombre y la hace posible. El culto es siempre un resultado de la gracia salvadora (Efesios 1:3-7; Hebreos 12:28, 29). Los celebrantes no pueden olvidar esto si desean un culto significativo. Como en la salvación, el culto responde a la gracia de Dios. En ese sentido, la gracia es motivadora y habilitadora. El creyente alcanzado por esa gracia no pretende pagarla, pero no se atreve a dejar de responder.
FE Y VICTORIA: TODA UNA RESPUESTA
La respuesta adecuada a la iniciativa divina de gracia es la adoración al Redentor. La fe viva, que se apropia de los beneficios de la salvación, trae consigo frutos inevitables de amor, gratitud y obediencia. Ese tipo de respuesta es esencial también para una adoración aceptable, que habrá de manifestarse en actos de recordación, anticipación, celebración y servicio.
Salvación y adoración son, por lo tanto, inseparables.
La fe viviente, como respuesta a la salvación, es también una condición para la adoración significativa. El culto relevante es buena señal de la autenticidad de la fe. La fe precede a la adoración porque reconoce el accionar creador, sustentador y redentor de Dios. Sin ese reconocimiento, no habría adoración.
Aun el Antiguo Testamento ilustra esta necesidad de la fe.
- La adoración de Caín, la del esfuerzo humano, no fue aceptada, pero sí la adoración apoyada en la experiencia de fe de Abel (Hebreos 11:4).
- Esa misma fe permitió que Abraham diera gloria a Dios en un momento de necesidad (Romanos 4:20).
- Por la fe estuvo dispuesto Abraham a ofrecer a su hijo Isaac (Génesis 22:1-3; Hebreos 11:17); una fe que se tradujo en actos de obediencia. (Esta fue la última vez que Dios habló con Abraham. Quizás Abraham hubiera querida que esta 'vez' no existiera) ¿Qué es adorar? Según la experiencia de Moriah es dejar a Dios hablar y apenas escuchar.
- David invoca a Dios porque cree que será escuchado (Salmos 17:6). Su alabanza se basa en la confianza que el Señor le merece (Salmos 28:7).
Es la gratitud por la salvación recibida por fe la motivación básica de la adoración bíblica. En los rituales del Santuario se muestra que la perfecta justicia de Cristo, acreditada por la fe a su pueblo, "es lo único que puede hacer el culto de los seres humanos aceptable a Dios". PP, 366.
Del mismo modo, la sal añadida a los sacrificios del antiguo Templo "significaba que únicamente la justicia de Cristo podía hacer el culto aceptable para Dios" DTG, 406.
Es por el perdón generoso de Dios que el salmista muestra su reverencia (Salmos 130:4).
Una experiencia de justificación por la fe es imprescindible para una genuina adoración. Solo ella la hace posible.
- Josué parece entender esto al plantear al pueblo su incapacidad moral de servir a Dios a causa de sus rebeliones y pecados (Josué 24:19).
- Por su parte, Sofonías señala que la purificación espiritual debe ocurrir antes del culto (3:9). Por eso, la experiencia de adoración incluye arrepentimiento, confesión, perdón y conversión.
El pasaje clásico de Isaías 6 demuestra esa relación entre adoración y salvación. La visión de Dios despierta en el profeta un profundo sentimiento de necesidad. Al perdón sigue la gratitud. Esa secuencia de visión de Dios, humildad, transformación y dedicación constituye como un patrón digno de imitar en la adoración personal y eclesial. Asimismo, la parábola del fariseo y el publicano, contada por Jesús, ilustra la necesidad de justificación para una genuina adoración (Lucas 18:9-14). La justificación propia inhabilitó al fariseo para el culto verdadero. La humillación del publicano lo preparó para la justificación y la adoración.
La justificación acorta la distancia y suprime la causa de la separación con Dios. Vuelve al hombre apto para la adoración. Afirma Elena G. de White: "Cuando los rayos de la justicia de Cristo brillen en el creyente, el gozo, la adoración y la gloria se entretejerán con su experiencia". RP, 334.
A la justificación sigue la santificación, y ambas se relacionan con la adoración.
- Cuando Jacob renovó el encuentro con Dios en Bet-el también fue movido a una obra de reforma (Génesis 35:1-4).
- Israel recibió la orden de santificarse para el encuentro con Dios en el Sinaí (Éxodo 19:10, 14).
- La santidad de Dios también demanda santidad en la vida de sus hijos (Levítico 19:2).
En Pablo hay una asociación de conceptos entre adoración y santificación.
- El "culto racional" implica la presentación del cuerpo en un sacrificio vivo y santo (Romanos 12:1).
- La santidad debe perfeccionarse en el temor de Dios (2 Corintios 7:1).
Se atribuye a Savonarola la afirmación de que "la verdadera adoración consiste en la santidad de la vida". Es verdad que la adoración incluye la santidad del adorador, pero el auténtico culto cristiano es también un agente de santificación. Esa santificación es parte de los objetivos del culto. Como no intentamos separar la fe de las obras, tampoco escindiremos la adoración de la conducta ética del creyente. Se adora bien cuando se vive correctamente. Por la fe se recibe la gracia y la salvación. Por la misma fe se expresa la adoración, de tal suerte que la vida misma se convierte en un existir para la gloria de Dios.
AMOR, GRATITUD Y CELEBRACIÓN
La adoración debe ser siempre entendida como respuesta de amor al amor de Dios. Si el amor estuviera ausente, el formalismo ocuparía rápidamente su lugar.
Elena G. de White señala: "El amor a Dios es el fundamento mismo de la religión. De nada valdría dedicarse a su servicio meramente por la esperanza del galardón o por temor al castigo. Una franca apostasía no ofendería más a Dios que la hipocresía y un culto de mero formalismo". PP, 561.
Cada acto de culto debiera ser un acto de culto debiera ser un acto de amor. El amor urge la participación expresiva y atenta.
El culto es, además, un buen ámbito para la gratitud, un valor que necesita subrayarse en la experiencia religiosa. Dice Elena G. de White: "Cultivad el agradecimiento. Alabad a Dios por su amor admirable de haber dado a Cristo para que muriera por nosotros". MC, 392.
“Al meditar el pueblo de Dios en el plan de salvación, sus corazones se enternecerán con amor y gratitud”. AFC, 265.
Hay una relación de causa y efecto entre la salvación y la gratitud: "Debemos gratitud a Dios por la revelación de su amor en Cristo Jesús”. LMGD, 58.
Ese tipo de gratitud, que se inspira en la Redención, lleva al servicio: "Aquello que se hace para la gloria de Dios debe hacerse con alegría, con cánticos de alabanza y acción de gracias, no con tristeza y semblante adusto". CC, 103.
La alabanza agradecida es la nota tónica del culto celestial: "Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresarle nuestra gratitud, nos aproximamos al culto de los habitantes del cielo". CC, 104.
El hombre redimido por fe es al mismo tiempo una persona agradecida, y esa gratitud lo mueve a la adoración.
La perspectiva bíblica también justifica entender el culto como una auténtica celebración. Tiene todos los elementos de una celebración. La gente se reúne, se relaciona, participa, recuerda, da y recibe. De hecho, los cultos en Israel tenían un carácter festivo, al celebrar lo que Dios había hecho en su favor. Eran eventos felices y agradecidos. Las ofrendas de paz expresaban el gozo del pueblo.
- El Antiguo Testamento en general y el libro de los Salmos en particular reflejan diversos sentimientos de gozo (Deuteronomio 28:47; Salmos 19:5; 32:11; 89:12; 96:11; 100:2; 122:1; 149:3; 150).
- Otro tanto ocurría en la religiosidad cristiana primitiva (Hechos 2:46, 47; Filipenses 2:17; Judas 24).
- Los primeros creyentes compartían la comida en un clima de alegría desbordante por el recuerdo del Cristo resucitado y la esperanza de su retorno.
- La perspectiva de la adoración en el Apocalipsis es de auténtica celebración. En él, se lee acerca de alabanzas y aclamaciones celestiales. Pasajes como Apocalipsis 7:9 al 17 sugieren que la Adoración es la “respuesta de celebración a lo que Dios ha hecho, está haciendo y promete hacer” (John E. Burkhart, Worship (Philadelphia: Westminster, 1992, 17).
- Cánticos como los de Apocalipsis 5:9; 14:3 y 15:3 expresan gozo y celebración.
El culto debe dar lugar al arrepentimiento y la contrición, así como al gozo y al espíritu festivo. Celebra la victoria y la redención de Jesucristo, sin perder conciencia de la fragilidad y la indignidad del hombre. Los consejos de Elena G. de White se orientan a una concepción alegre y placentera de la adoración.
Escribe al respecto: "Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no debe mirarse como un ejercicio penoso y que entristece el corazón. Debiera ser un placer adorar al Señor y participar en su obra… Él es nuestro mejor amigo y, cuando lo adoramos, quiere estar con nosotros para bendecirnos y confortarnos, llenando nuestro corazón de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos se consuelen en su servicio y hallen más placer que penalidad en su obra. El quiere que quienes van a adorarlo puedan llevarse preciosos pensamientos de su cuidado y amor, para que estén siempre contentos en sus ocupaciones diarias, y tengan gracia para conducirse honesta y fielmente en todas las cosas" CC, 104.
Concibe la adoración pública como una ocasión gozosa y sugiere presentarse delante del Creador "con gozo reverente". (CC, 105) e ir a la casa de adoración "llenos de gozo". (ATO, 36).
El formalismo es muchas veces un pobre e inadecuado sustituto de la adoración gozosa. "Ningún término es demasiado enérgico para describir lo malo. del culto formal, pero no hay palabras que puedan presentar debidamente la profunda bendición del culto verdadero". OE, 370.
La adoración gozosa tiene amplio apoyo en la Escritura (Éxodo 10:9; Mateo 26:18; Lucas 15:24; Apocalipsis 4; 5; 11:10). La celebración se arraiga en la certeza de la victoria de Cristo y en su presencia prometida a la comunidad adoradora. "Si confiamos en la perfecta suficiencia de la vida, muerte y resurrección de Cristo, entonces nuestra adoración celebrará la seguridad en Cristo. Pero, si basamos nuestra esperanza sobre una futura perfección de la generación final, entonces la adoración llega a estar marcada por el luto de nuestro fracaso en alcanzar ese ideal”. (Richard Fredericks, "To Celebrate or not to Celebrate!". Ministry (August 1992), 7).
Con todo, la idea de celebración no necesita asociarse con el culto-entretenimiento, con el subjetivismo religioso de la espiritualidad contemporánea, con la alabanza ruidosa y desconcertante o con prácticas excéntricas. La adoración puede ser gozosa y el culto puede entenderse como celebración sobre la base de la enseñanza bíblica y la confianza en el poder salvador del evangelio de Cristo.
SERVICIO Y OBEDIENCIA
Muchas veces, servicio y adoración son maneras diferentes de decir la misma cosa. Es evidente que la experiencia de adoración incluye el llamado al servicio de Dios. Así lo muestra la visión del sexto capítulo de Isaías. El Nuevo Testamento ve el servicio como expresión de adoración (Romanos 1:9; 15:16). Puede decirse que la adoración es servicio a Dios y que el servicio cristiano es adoración a Dios. Tanto el servicio como la adoración son frutos de la salvación. "Todo aquel que acepte a Cristo como su Salvador personal, anhelará tener el privilegio de servir a Dios. Al considerar lo que el Cielo ha hecho por él, su corazón se sentirá conmovido de un amor sin límites y de agradecida adoración. Ansiará manifestar su gratitud dedicando sus capacidades al servicio de Dios". MC, 402.
Elena G. de White define el culto verdadero en términos de trabajo en favor de Cristo: "El verdadero culto consiste en trabajar junto con Cristo. Las oraciones, la exhortación y la plática son frutos baratos, que frecuentemente se hallan relacionados; pero los frutos que se manifiestan en buenas obras, en cuidar al necesitado, al huérfano, a la viuda, son frutos genuinos, y crecen naturalmente en un árbol bueno". SC, 122.
"Hemos de alabar a Dios mediante un servicio tangible, haciendo todo lo que podamos para aumentar la gloria de su nombre" PVGM, 241.
Es decir que "la adoración cristiana no termina cuando se ha pronunciado la bendición. Esta continúa en la forma de servicio en el mundo". (Holmes, Sing a New Song! 141)
Si se lee bien el texto bíblico, se observa que la adoración implica obediencia. En la historia de Israel, particularmente en las experiencias del Éxodo y del Sinaí, puede notarse que el culto es un acto de sumisión a Dios, que se basa en la salvación y se expresa en obediencia a su voluntad. El Nuevo Testamento solo acepta un estilo comprometido de adoración a Dios por medio de Jesucristo. Jesús dio, en este sentido, un ejemplo supremo de adoración. En el Getsemaní mostró que el culto esencial se muestra en la rendición de la propia voluntad a la voluntad divina. La estructura de las epístolas de Pablo consiste en una secuencia de instrucciones teóricas y prácticas. Romanos 12:1, por ejemplo, inicia la aplicación práctica de la enseñanza de los primeros capítulos. Bien podría decirse, entonces, que el culto es una respuesta de consagración total al evangelio de Cristo. Lo mismo se ve en la sección central del Apocalipsis, que habla de la adoración en medio del conflicto entre el bien y el mal. Allí, la fe y la obediencia van juntas. (Apocalipsis 14:12).
Muchas de las palabras bíblicas para referirse a la adoración se asocian a la obediencia o la fidelidad.
- La adoración de Abraham incluyó fe y obediencia a la indicación de Dios (Génesis 22:1-13).
- Las palabras de Samuel a Saúl señalan la obediencia como manifestación primaria de adoración: "¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros" (1 Samuel 15:22).
- Jesús asoció la adoración con la obediencia al decir: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 7:21).
- Por eso, las Escrituras rechazan todo formalismo externo y ritualismo (Salmos 40:6; 51:16-19; Isaías 1:11-15; 29:13; Jeremías 6:20; 7:3-12; 14:12; Oseas 6:6; Amós 5:21-24; Miqueas. 6:6-8; Juan 4:22, 23).
La idea de "temor" de Dios debe entenderse como fidelidad y obediencia a los requerimientos divinos. No se limita a un sentimiento o a una conducta reverente en el culto público, sino que es un modo de vida que honra a Dios.
- El temor de Abraham no le permitió rehusar a su único hijo (Génesis 22:12), sino que lo ofreció al Señor (Hebreos 11:17).
- Las parteras hebreas mostraron su temor al desobedecer la orden real, para preservar la vida de los niños de Israel (Éxodo 1:17, 21).
- El temor de Dios encierra importantes consecuencias éticas y morales prácticas (Levítico 19:14, 32; 25:17, 36, 43; Malaquías 3:5; Lucas 18:4).
- Lleva a evitar el pecado (Éxodo 20:20) y
- A observar los mandamientos divinos (Deuteronomio 4:10; 5:29; 6:24; 8:6; 13:4; 17:19; 28:58; Salmos 111:10; 112:1; 119:63, 79; Eclesiastés 12:13; Jeremías 44:10).
- Job era "temeroso de Dios" y, por lo tanto, "perfecto y recto", "apartado del mal" (Job 1:1, 8, 9; 2:3).
- Su temor de Dios equivalía a la integridad de sus caminos (Job 4:6).
2 Bendijeron al Señor: Job y su esposa (ironía); pero su esposa hace esa declaración sin amor. (Bendice- Maldice (usó la palabra de forma irónica) a tu Dios y muérete)
- En los textos poéticos, "el temor del Señor" y "apartarse del mal" (Job 28:28; Prov. 3:7; 8:13; 16:6) son expresiones paralelas.
-Ese temor conduce a un alegre servicio (Salmos 2:11),
- A una adoración reverente en la casa de Dios (Salmos 5:7),
- A caminar en la verdad de Dios (Salmos 86:11), en el camino de Dios (Salmos 128:1) y en la rectitud (Proverbios 14:2).
- El nombre de Dios es "santo y temible" (Salmos 111:9).
- El temor de Dios es el "principio de la sabiduría" (Job 28:28; Salmos 111:10; Proverbios 1:7; 9:10).
- Equivale a conocer a Dios (1:29; 2:5; 9:10; 15:33), a hacer su voluntad (Juan 9:31), hacer justicia (Hechos 10:35) y la santidad (2 Corintios 7:1).
También la idea de glorificar a Dios implica una vida de obediencia y buenas obras.
- Las buenas obras glorifican al Padre (Mateo 5:16).
- Dios es glorificado cuando sus discípulos llevan abundante fruto (Juan 15:8).
- Es glorificado en su vida misma (Juan 17:10).
- La entrega de sí mismo puede glorificar a Dios (Juan 21:19).
- Los actos de Herodes privaron a Dios de su gloria (Hechos 12:22, 23).
- Cuando la conducta es impropia, Dios deja de ser glorificado (Romanos 1:21).
- En cambio, los frutos de justicia realizados en Cristo implican "gloria y alabanza de Dios" (Filipenses 1:11).
- Las obras de fe hacen que el nombre de Jesucristo sea glorificado (2 Tesalonicenses 1:11-12), al igual que su palabra (2 Tesalonicenses 3:1).
- Las buenas obras, por la actuación de Dios en el creyente, glorifican a Cristo (Hebreos 13:21) y hacen que Dios sea glorificado incluso por los no creyentes (1 Pedro 2:12; 4:14).
- Dios puede ser glorificado en quienes hablan y ministran conforme al poder dado por él (1 Pedro 4:11).
- La relación entre la obediencia y la adoración es crucial para los tiempos finales (Apocalipsis 14:6-12).
El llamado a adorar, de Apocalipsis 14 aparece en contraste con la adoración de la bestia y su imagen.
Cuando la Biblia habla de "servicio" a Dios, muchas veces se refiere a rendirle culto, y ciertamente alude a una vida consagrada y obediente (1 Tesalonicenses 1:9, 10). Es evidente que la adoración y la obediencia no pueden separarse.
Son parte de la respuesta del hombre a la salvación de Dios.
Los adventistas han entendido históricamente las cosas de ese modo. Elena G. de White afirma que el Espíritu divino "purificará el corazón y renovará la mente, dándonos una nueva capacidad para conocer y amar a Dios. Nos inspirará una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Tal es el verdadero culto". DTG, 159.
En su libro Christ and the Sabbath, decía W. W. Prescott que "la más elevada forma de adoración es la obediencia"
LA ADORACIÓN Y LA LEY DE DIOS
Como la adoración es una respuesta a la salvación, se expresa en obediencia a la Ley de Dios. El prólogo a los Diez Mandamientos de Éxodo 20 sienta las bases para la adoración y la obediencia, al hablar de la obra redentora de Dios en favor de su pueblo. Pablo lo expresaría en términos negativos, al decir que Dios es deshonrado con la infracción de su Ley. (Romanos 2:23). El Apocalipsis, que tanto tiene que ver con la adoración, identifica al pueblo de Dios por la obediencia a sus mandamientos (Apocalipsis 12:17; 14:12).
Elena G. de White vincula la exhortación del primer ángel de Apocalipsis 14 a la adoración de Dios con la obediencia a su Ley. CS, 54.
Para la autora, "la verdadera reverencia se manifiesta por medio de la obediencia". (My life today, 284).
Los primeros cuatro mandamientos de la Ley divina tienen que ver expresamente con la adoración. PP, 313-315. Dice Elena G. de White: "Los cuatro primeros mandamientos no permiten que nuestros afectos se aparten de Dios. Tampoco permiten que nada comparta nuestra suprema delicia en él. Todo lo que divida los afectos o separe el alma del amor supremo a Dios, asume la forma de un ídolo". 1TI, 289.
El primer Mandamiento (Éxodo 20:3). "No tendrás dioses ajenos delante de mi".
El primer Mandamiento excluye la idolatría y la falsa adoración, señalando al verdadero y único Dios como objeto de la veneración suprema. La adoración a Dios es exclusiva, no admite interferencias y ordena la prioridad del hombre. Destaca la unidad de Dios al prohibir el politeísmo y el sincretismo. En el mandato "se prohíbe al hombre dar a cualquier otro objeto el primer lugar en sus afectos o en su servicio. Cualquier cosa que nos atraiga y que tienda a disminuir nuestro amor a Dios o que impida que le rindamos el debido servicio es para nosotros un dios". PP, 313.
La fidelidad al primer Mandamiento conduce al reconocimiento de la dignidad de Dios, y lo coloca en un sitial de prioridad y exclusividad.
El segundo Mandamiento (Éxodo 20:4-6)
"No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares a los que me aman y guardan mis mandamientos".
El primer Mandamiento orienta al adorador hacia el verdadero concepto de Dios.
El segundo Mandamiento se refiere específicamente a la forma de rendirle culto. Es decir, previene contra la falsa adoración del verdadero Dios, El Señor rechaza las acciones externas que vinculan a Dios con ídolos o imágenes. Como lo expresa John Stott: "Si el primer mandamiento se refiere al objeto de nuestra adoración, el segundo se refiere a la manera en que debemos adorarlo". (John R. W. Stott, Cristamismo básico, 2ª ed., trad, C. René Padilla (Buenos Aires: Ediciones Certeza, 1977, 87).
El Mandamiento indica no inclinarse, servir o dar homenaje a cualquier imagen; en cambio, ordena una adoración pura, exclusiva y espiritual. "Este segundo mandamiento prohibe adorar al verdadero Dios mediante imágenes o figuras... El tratar de presentar al Eterno mediante objetos materiales, degrada el concepto que el hombre tiene de Dios". PP, 313.
El tercer Mandamiento (Éxodo 20:7)
"No tomarás el hombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano".
El Mandamiento requiere reverencia hacia el nombre de Dios, porque el nombre representa su persona y su carácter (Éxodo 33:19; Salmos 8:1). Al mismo tiempo, incita a una conducta ética que honre a Dios. Elena G. de White aplica la prohibición del tercer Mandamiento a los falsos juramentos, las blasfemias y el uso frívolo o descuidado del nombre divino. Aconseja que "su santo nombre se pronuncie con respeto y solemnidad". PP, 313.
El cuarto Mandamiento (Éxodo 20:8-11)
"Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó".
La adoración bíblica se relaciona con el tiempo y el espacio.
- La conexión entre el sábado y la adoración comienza en el Eden (Génesis 2:1-3),
- Se ratifica en el pacto del Sinaí (Éxodo 31:16, 17),
- Recuerda la creación del mundo (Éxodo 20:8-11) y
- La redención de Israel (Deuteronomio 5:15).
"Dios se propuso que su observancia los designase como adoradores suyos". DTG, 250.
- Los adoradores de Dios fueron desafiados a ensalzar su día de reposo (Isaías 58).
- Los profetas previeron el sábado como ocasión para la adoración (Isaías 66:23).
- En Apocalipsis 14:6 y 7 se conectan la creación, el sábado y la adoración. La invitación a todos los hombres a adorar al Creador se hace en un lenguaje que recuerda el cuarto Mandamiento como monumento de la Creación.
El sábado es una oportunidad para el reposo, la reflexión, la adoración y el servicio. Es el día de la comunión con Dios, la alabanza y la gratitud. Se vincula con la Creación, con la Redención y con la esperanza futura. Celebra los grandes hechos de Dios en favor de los hombres como fundamento de la adoración. Para Elena G. de White, el sábado es el "sello de Dios", que contiene el nombre y el título del Legislador divino, un testimonio perpetuo de su existencia, y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor.
Constituye una barrera contra el ateísmo y la idolatría. CS, 504.
Por ello, la adoración debe dar importancia al reposo sabático y no tratar de separar ambas cosas.
LOS CRITERIOS DIVINOS: CRISTOCENTRISMO, RESPONSABILIDAD Y COMPROMISO
Del estudio de la adoración a la luz de la doctrina de la salvación, se destacan nuevos elementos de criterio para la adoración significativa. Estos elementos colocan a Cristo como el centro, y luego al hombre en su responsabilidad y compromiso.
Adoración cristocéntrica
La salvación coloca otra vez al hombre en condiciones para la comunión con Dios. Por eso, el culto debe ser cristocéntrico. La adoración de todo el Nuevo Testamento tiene a Cristo como centro, no solo en razón de su divinidad, sino también de su obra redentora. Los méritos de Cristo hacen que el culto de la iglesia sea digno. Cristo es tanto el medio de revelación de Dios al hombre, como el medio de respuesta del hombre a Dios. (James White. Introduction to Christian Worship. Nashville: Abingdon Press, 1980, 17).
Adoración responsable
La iniciativa salvadora de Dios se encuentra con la respuesta positiva del hombre de fe. A la reacción de fe sigue el agradecimiento gozoso, el espíritu de servicio y de obediencia a toda la voluntad divina. El culto está llamado a conservar el delicado equilibrio entre su acento en la gracia de Dios y su reclamo por una respuesta digna de adoración del creyente redimido.
Adoración y compromiso
La adoración que se basa en la salvación surge como una existencia dedicada a Dios. La adoración significativa se expresa en una vida consagrada y transformada por la gracia divina. En definitiva, la adoración debe entenderse como un compromiso total y permanente de la criatura redimida con el divino Redentor.
La redención que hace posible la adoración es, en gran medida, una experiencia personal, pero la redención coloca al hombre en armonía con Dios y en comunión con todo el cuerpo de creyentes. Por ello, ha de analizarse la relación entre la iglesia y la adoración, en busca de nuevos criterios para el culto relevante.
Comentarios
Publicar un comentario