Religiosidad - La gran sorpresa

El redescubrimiento de la religión es la gran sorpresa del tercer milenio. La racionalidad parece debilitarse y el misticismo se vuelve atractivo otra vez, incluso en un mundo secularizado.

En los años 90, el analista político Gilles Kepel ya constataba el nuevo despertar progresivo de la religión en su libro: 'La revancha de Dios', él dice que el retorno de la religiosidad se debe al fracaso de las utopías y esperanzas terrenales, como el progreso capitalista y el comunismo, y la falta de confianza en las instituciones tradicionales. En este nuevo escenario, la religión pasa a representar certeza porque se refiere a algo que está por encima de las dudas humanas (Gilles Kepel. A revanche de Deus: cristãos, judeus e muçulmanos na reconquista do mundo. San Pablo: Siciliano, 1992, 11, 12).

La fe y el misticismo vienen reconquistando el interés de las personas, inclusive en los círculos de la ciencia. (Ver el libro de John Ashton, In Six Days: Why 50 Scientists Believe in Creation. Sydney: New Holland, 1999) Para el psicoanalista y teólogo Rubem Alves, el retorno de la espiritualidad no sorprende, pero era inesperado que el nuevo fervor religioso se manifestase justamente en los espacios en los que la secularización y las instituciones científicas se habían establecido con más fuerza. (Rubem Alves, O enigma da religião. 3ed. Campinas, SP: Papirus, 1984, 168).

La investigación "Los brasileños y la religión", realizada por el instituto Datafolha, en 2007, constató que 
- El 97% de los brasileños cree en Dios, 
- El 93% cree en la muerte y la resurrección de Cristo, y 
- El 92% cree en la existencia del Espíritu Santo. 
En 2012, un relevamiento hecho por ICM Research en diez países, para la red de televisión BBC, constató que el 92% de los entrevistados cree en Dios. La fe ejerce atracción incluso entre físicos y biólogos.

En 1997, una investigación de la Universidad de Georgia, EE.UU, reveló que el 40% de los físicos y biólogos estadounidenses e ingleses cree en un Dios espiritual.

Sin embargo, hay un fenómeno curioso en la religiosidad del tercer milenio. No todas las religiones crecen por igual. En Brasil, de 1989 a 1998, la renovación carismática saltó de 2 a 8 millones de fieles; y se estimó en 13 millones en 2005. Los pentecostales eran el 49% de los evangélicos brasileños en 1980. Para 1994, pasaron a ser el 76% del mismo grupo. De 1980 a 1991 los pentecostales crecieron un 111,7%, mientras que los protestantes históricos crecieron solo un 9,1% (Ricardo Mariano, Neopentecostais: sociologia do novo pentecostalismo no Brasil. San Pablo: Loyola, 1999, 11).

Estos datos destacan el fenómeno de la nueva religiosidad y dan evidencia de un movimiento de profundos cambios en la religión. Con la llegada del pentecostalismo y de la renovación carismática, la espiritualidad cristiana pasó a expresarse de forma espontánea, y la liturgia tradicional está dando lugar a celebraciones desinhibidas identificadas con la cultura popular.
Una vez "tocado", el adorador se expresa como quiere: ríe, llora, danza, aplaude, rueda por el piso o entra en trance.

“Hoy los individuos son consumidores espirituales”. (Timothy Keller. Igreja Centrada. Vida Nova, 2014), 15.
En un mundo de consumismo e individualismo posmoderno, las instituciones y los dogmas están siendo superados por la pluralidad de opiniones. Así, el cristianismo corre el riesgo de perder el concepto de religión verdadera, separada del mundo, y de acomodarse a la cultura. Ante el relativismo y la inquietud de una realidad en la que todo es descartable, las personas ansían una espiritualidad viva, en la que lo sobrenatural pueda ser experimentado al nivel de los sentidos a fin de probar que es real.

Curiosamente, tenemos entonces el resurgimiento de formas místicas arcaicas adaptadas al mundo contemporáneo.

A pesar de los datos optimistas, el teólogo João Batista Libânio sugiere que los cristianos son minoría en un mundo otra vez pagano (João Batista Libânio, "O sagrado na posmodernidade". Em A sedução do sagrado. Org. Cleto Caliman. Petrópolis, RJ: Vozes, 1998 (61-78), 72). Reprimida por eras de racionalismo extremo, la naturaleza humana desea vivir la experiencia religiosa bajo fuertes dosis de emoción y misticismo y, si fuese necesario, liberarse del concepto de un Dios santo, de la tradición y de la formalidad. La espiritualidad posmoderna invierte en la reanudación de antiguas y primitivas formas de experiencia con lo sagrado. La escritora Marianna Torgovnick, en el libro Paixões Primitivas sostiene que, en su búsqueda por la sensación de éxtasis, los posmodernos reviven "pasiones primitivas", de las cuales el ser humano jamás logró liberarse.

En esta nueva configuración, la espiritualidad y la religión salen de los dominios de la iglesia, y el fiel pasa a ser señor de su fe. Una investigación de Ibope, de 2013, mostró que el 82% de los jóvenes católicos están a favor de la pildora anticonceptiva y el 56% de ellos apoya el casamiento homosexual, contrariamente a la orientación de los sacerdotes. La mitad de los católicos practicantes cree en la reencarnación. Datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), de 2011, revelaron que hay 4 millones de evangélicos no practicantes en Brasil. La autonomía y la independencia se fortalecen, y las personas ya no mantienen lazos institucionales con las iglesias. "El clero perdió el liderazgo del cristianismo" (Jose Comblin, O cristianismo no limiar do terceiro milenio. Em A sedução do sagrado. Org. Cleto Caliman. Petrópolis, RJ: Vozes, 1998 (146-160),  144).

El dios de esa religiosidad autónoma y pluralista tiene nuevas caras: es exclusivamente accesible, tolerante y bondadoso. Se trata de un dios inmanente, que habita en lo íntimo del creyente, moldeado en conformidad con el individuo (Aldo Natale Terrin. Nova Era: a religiosidade do pós-moderno. San Pablo: Loyola, 1996, 75).

Cuando las personas desean tener una experiencia directa con Dios, el estudio y el conocimiento doctrinal ya no son atractivos. Las Escrituras tienden a perder la autoridad de verdad, y se convierten en un libro devocional. La espiritualidad subjetiva y emocional, asociada al debilitamiento del concepto de verdad, favorece las experiencias de trance y éxtasis. La apreciación de las experiencias personales y extáticas tiende a reemplazar la Biblia como la fuente de la verdad por el inconsciente, el dominio del yo interior, capaz de comunicarse con el dios que está dentro del creyente.

Actualmente, el surgimiento de una espiritualidad no doctrinal y acomodada a la cultura favorece el ecumenismo y la Nueva Era, que trae las prácticas religiosas orientales hacia el Occidente cristiano abierto al misticismo. Las nuevas liturgias fomentan las experiencias sensoriales, la estimulación de las emociones, e incluso el panteísmo.

Estos elementos están presentes tanto en el culto pentecostal y en la renovación carismática como en el culto renovado de las iglesias tradicionales, que se declaran beneficiadas por la tercera ola de poder del Espíritu Santo (Peter Wagner. Por que crescem os Pentecostais? Uma análise do espantoso avanço pentecostal na America Latina. San Pablo: Vida, 1994, 7). La espiritualidad carismática se apoya en una característica de la teología de revelación, que ve a las Escrituras solo como un medio para alcanzar la experiencia con Dios, y no como un conjunto de verdades objetivas y universales.

Ya a principios del siglo XX, Martin Buber, un pensador alemán de origen judío, señalaba que el ser humano contemporáneo estaría interesado en experimentar a Dios y no en saber algo acerca de él (Martin Buber. Eu e Tu. SP: Moraes, 1974). Tener una experiencia con lo sobrenatural y tener una fe emotiva y excitante parecen ser la tónica de la nueva espiritualidad, provocada por el movimiento carismático y que se extiende sobre toda la cristiandad. El teólogo católico Alberto Antoniazzi dice que, en el culto posmoderno, "se busca la emoción en primer lugar" (Alberto Antoniazzi. O sagrado e as religiões no limiar do terceiro milênio. Em A sedução do sagrado. Org. Cleto Caliman. Petrópolis, RJ: Vozes, 1998 (11-19), 13).

Muchos han considerado a lo carismático en sus diversas formas y a la incorporación de la cultura y de la música popular en la liturgia como un método eficaz de reavivamiento para el cristianismo tradicional. Es necesario, sin embargo, analizar con cuidado esa nueva espiritualidad y evaluar críticamente sus pretensiones de ser un movimiento de renovación del cristianismo histórico. Para tal fin, es necesario reflexionar sobre sus elementos más predominantes, como la autonomía de la experiencia religiosa y las experiencias de éxtasis, el subjetivismo y cultivo de la música popular, a fin de certificar sus verdaderos genes y motivaciones.

En la nueva religiosidad, las formas litúrgicas y el modelo tradicional del culto cristiano han sido considerados como inadecuados e incapaces de satisfacer las expectativas y las necesidades espirituales del adorador contemporáneo. En esta perspectiva, el estilo de adoración y alabanza ha sido considerado como una cuestión cultural y de preferencia personal. Sin embargo, estos cambios deben ser vistos a la luz de los criterios y los valores bíblicos acerca del culto y de la experiencia de adoración.

Se procura entonces, describir y explorar los elementos comunes entre el movimiento contemporáneo de renovación religiosa y las religiones universales a partir del paradigma del cambio cultural provocado por el posmodernismo. El objetivo es evaluar la pretendida propuesta carismática de renovación del cristianismo.

En el análisis de la naturaleza de las experiencias religiosas de éxtasis se presta atención al papel que se atribuye al inconsciente como fuente de la espiritualidad cristiana pos-moderna. También se tiene en cuenta el efecto de las técnicas litúrgicas y los ejercicios utilizados para obtener experiencias de comunión mística.

La intención es también ofrecer ayudas filosóficas, históricas y teológicas para que los pastores, los profesores de teología, los líderes de culto y los miembros de la iglesia reflexionen sobre la relación de la espiritualidad contemporánea con los valores y los conceptos bíblicos esenciales, como la santidad, la verdad, la naturaleza de Dios y la estética de la adoración. También se tiene por objeto evaluar la naturaleza de las experiencias de éxtasis y de encuentro místico, en relación con el conocimiento de la verdad revelada en las Escrituras. Además, se pretende aportar elementos de diferenciación entre el culto natural, que es una característica de la cultura, y el culto cristiano bíblico, producto de una religión revelada.

El estudio del contexto filosófico del surgimiento de la espiritualidad cristiana contemporánea destaca brevemente los cambios en la cultura occidental desde la Edad Media hasta el posmodernismo, en relación con tres factores principales: el concepto de verdad, el papel de la inteligencia y la consciencia en la relación con Dios, y la naturaleza de la experiencia religiosa.

El panorama religioso para la comprensión de la espiritualidad contemporánea se forma a partir del estudio de la visión cósmica, de los elementos litúrgicos de la música y la danza y de las experiencias de éxtasis de las diferentes religiones. La descripción de la renovación pentecostal y carismática comienza con su surgimiento en los Estados Unidos, seguida de un análisis de su hermenéutica, su liturgia, el uso de la música popular y las experiencias de éxtasis. Las consideraciones sobre la fisiología y la psicología del éxtasis se centran en las reacciones de la mente en un estado alterado de consciencia y las técnicas más comunes utilizadas para ello.

A su vez, la descripción del culto bíblico, como norma de evaluación y crítica de la espiritualidad contemporánea, se centra en el concepto de Dios, de verdad y de modelo litúrgico. Se presta especial atención a la naturaleza de la experiencia espiritual de la adoración bíblica.

Este libro parte del presupuesto de que hay un conflicto espiritual entre Dios y Satanás (Apocalipsis 12:7-9; Génesis 3:5) en el cual la adoración y la liturgia son objeto de gran interés (ver Apocalipsis 14:9-12). La rebelión, que materializó el mal, comenzó cuando Lucifer codició el trono y la adoración exclusivos de Dios (Isaías 14:13, 14).

Es también una premisa, la creencia de que la Biblia es la fuente de la verdad absoluta revelada por Dios (Hebreos 1:1-3) para la salvación del ser humano (Juan 5:32; 2 Timoteo 3:16, 17). La verdad fue revelada primeramente a los escritores de la Biblia, como un conjunto ordenado de principios capaces de revelar la Persona de Dios, su carácter y su voluntad. Esos mismos principios pueden ser conocidos en cualquier tiempo y lugar por medio del estudio inteligente de las Escrituras.

Las expresiones "carismático"v"pentecostalismo" y "espiritualidad contemporánea", en general, son utilizadas de modo intercambiable, ya que los llamados "carismas", como dones y dádivas del Espíritu, se consideran los elementos más centrales del fenómeno religioso. Asimismo, las palabras "trance" y "éxtasis" se utilizan sin distinciones rígidas, aunque se sugiere que es posible un tipo de éxtasis suave que no sea tan radical como el trance.

Se evita concentrarse de forma predominante en la cuestión de la música, aunque este sea un aspecto esencial de la discusión. La propuesta, sin embargo, es más amplia, y sitúa la cuestión de la espiritualidad y la adoración contemporáneas en un panorama que involucra a la filosofía, la visión cósmica, la historia religiosa, la antropología, la psicología y la teología.


Artículo originalmente publicado en: Vanderlei Dorneles. En busca de éxtasis. La Adoración cristiana y la espiritualidad. Buenos Aires: ACES, 2014, 5-10.

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