El culto de adoración Adventista

La adoración congregacional

En todas las Escrituras Dios llama a su pueblo a adorar, y esta experiencia de adoración debería ser un acto tanto individual como corporativo. Una persona no necesariamente tiene que formar parte de una congregación para adorar; sin embargo, la Biblia claramente pide la adoración en grupos. A fin de adorar juntos, se necesita cierto orden y planificación. Los modelos bíblicos de adoración presentan cuatro acciones principales de parte de los adoradores, incluyendo cantos, oraciones, ofrendas y proclamación. Estos contribuyen a la experiencia personal de adoración del individuo en un ambiente corporativo. Tal adoración enfatiza tanto la trascendencia como la inmanencia de Dios. Dios es grande y Dios está aquí; Dios está sobre nosotros y Dios está entre nosotros.

Aunque la adoración no debería ser un entretenimiento religioso, debería cautivar y mantener e interes de la congregación mientras son guiados a un encuentro con Dios. Aunque la adoración no debería ser solo para la exposición doctrinal, la pureza y la claridad de la doctrina debería ser una parte integral de la verdadera adoración. Aunque la adoración no debería tener el único propósito de hacer un llamamiento evangelizador, la adoración debería conducir a los adoradores a comprometer sus vidas con Dios. El propósito de la adoración corporativa es, sencillamente: entrar en el compañerismo ante Dios, nuestro Hacedor y Redentor, con alabanza, regocijo, contrición y humildad.

Adoración inspiradora.- El ángel de Apocalipsis 14:6 y 7, declara: "¡Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas!". Esto llama a los adoradores a respetar y reverenciar a Dios; la adoración corporativa conduce a la gente a la sala del trono de Dios. "A menos que se inculquen en los miembros ideas correctas de la adoración y la reverencia verdaderas, habrá una creciente tendencia a poner lo sagrado y eterno al mismo nivel que las cosas comunes, y los que profesan creer la verdad ofenderán a Dios y deshonrarán la religión" (TI 5:472).

Adoración alegre.- El Salmo 100 invita: "Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos". La emoción sentida en el corazón es parte integral de la verdadera adoración, y su expresión puede ser exhibida en forma abierta y desenvuelta.

Adoración significativa.- La adoración apela a la mente y siempre es intelectualmente sólida. Dios invita a su pueblo: "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta" (Isa. 1:18).

Adoración como experiencia.- La adoración no puede delegarse en terceros; es una experiencia propia. Ninguna persona puede adorar por nosotros. La adoración no debería ser una rutina o una ceremonia realizada para nosotros por otro. La adoración no es una tradición, ni es un evento de espectadores pasivos.

La adoración abarca una interacción personal entre el Creador y sus criaturas, un encuentro con Dios.

Adoración con participación.- Los que están a cargo del culto de adoración deberían incluir a tantos participantes como sea posible, incluyendo a jóvenes y niños. Los líderes de la adoración deberían sostener los principios y los valores adventistas. Cuando los miembros sienten que tienen un ministerio que ofrecer a la congregación, su compromiso con la iglesia y la programación de la iglesia aumenta. Los ancianos no deben sentir que ellos son los que deben presentar y realizar cada aspecto del culto de adoración. La participación de los miembros aumentará el espíritu gozoso de la adoración. Los jóvenes deben ser invitados a ofrecer la oración, el llamado para dar las ofrendas, leer la lectura bíblica, etc.

Elementos de la adoración

La adoración congregacional demanda una planificación cuidadosa, y cuanto mejor sea la planificación, tanto más cómodo y calmado será el culto de adoración. Aunque el propósito de la planificación no debe establecer formatos rígidos, debería proveer un flujo suave de los elementos de la adoración. "¿No es el deber de ustedes poner habilidad y estudio y planificación en el asunto de dirigir las reuniones religiosas: cómo deberían ser conducidas como para producir la mayor suma de bien, y dejar la mejor impresión sobre todos los que asistieron?" (RH, 14 de abril de 1885):

Los pastores tienen una responsabilidad directa en el culto de adoración del sábado, y deberían obtener la ayuda de los líderes de la iglesia tanto en la preparación como en la ejecución del culto, incluyéndolos como coordinadores de la adoración y miembros de la comisión de adoración. Con la presión de la predicación del sermón como la principal responsabilidad del pastor, los detalles de la preparación de las personas y las instalaciones de la iglesia para la adoración pueden ser sabiamente delegados a asociados capaces. Una lista de verificación para el sábado de mañana, repasando la preparación de la música programada, la necesidad del sistema de sonido, las personas que pasarán a la plataforma, el arreglo de la plataforma y otros detalles, ayudarán en el proceso.

Preparación de la congregación.- A medida que la gente ingresa en el santuario, necesariamente habrá algo de movimiento y conversación como parte del compañerismo y la actividad de la congregación. La música en vivo o grabada como preludio puede ayudar a hacer que estos momentos sean más cómo-dos. Los intentos de reprimir esta actividad en nombre de la reverencia llegan a ser innecesarios y poco realistas, y pueden crear tensión entre los adoradores.

Sin embargo, debe mantenerse una actitud reverente en la preparación para la adoración. Una bienvenida y el período de anuncios pueden servir como centro de atención para los congregados y llevarlos a una actitud de adoración. Estos anuncios deberían concentrarse en la vida de la iglesia, y evitar llegar a ser solo promocionales y campañas para reunir fondos. Permita que los anuncios creen una atmósfera de calidez y compañerismo, haciéndolos parte de la vida de la iglesia, y luego cierre los anuncios con un llamado a la adoración.

Cantos.- El canto congregacional y la música especial son partes vitales de la experiencia de la adoración. La inspiración surge no sólo por las palabras empleadas y el poder emocional de la música, sino de la experiencia compartida de cantar como una comunidad de adoración. Se deberían incluir cantos desde la perspectiva de los niños y los jóvenes, proveyéndoles en una parte importante y de participación del culto de adoración. "La música debe tener belleza, majestad y poder" (JT1:458). Los coros, aunque son una bendición en la adoración, no deben remplazar el canto de la congregación. “La habilidad de cantar es un talento de influencia que Dios desea que todos cultiven y usen para la gloria de su nombre” (Ev, 368).

Con una gran variedad de gustos y tradiciones musicales reflejadas en los diferentes trasfondos culturales, grupos de edad y personalidades de la iglesia, establecer normas y fórmulas rígidas para la música aceptable, a menudo, llega a ser un ejercicio de poca importancia y causante de divisiones. Lo que alguno considera correcto para la adoración, otro puede considerarlo poco apropiado.

Aunque debe evitarse todo lo posible ofender a alguno, las congregaciones deben reconocer la importancia de proveer una variedad de opciones musicales que sirvan a diferentes grupos en la iglesia. La música elegida debería reflejar las enseñanzas bíblicas.

Oraciones.- Existen varias ocasiones para orar en un culto de adoración. Cada una tiene un propósito y significado especiales que deberían ser considerados de antemano y reflejados en las palabras usadas en la oración.

Invocación. El culto generalmente se inicia con una breve oración de invocación mientras la congregación está de pie y reconoce e invita la presencia de Dios.

Frecuentemente, sigue el modelo de las Escrituras, y es común que la congregación se arrodille para esta oración. Sin embargo, puede haber situaciones y circunstancias en que arrodillarse no es una opción práctica. Algunos, por causa de su situación física, puede no estar en condiciones de arrodillarse, y ellos no deberían ser forzados a sentirse inferiores o sacrílegos al asumir otra posición para la oración. "No siempre es necesario arrodillarse para orar" (MC, 408).

Una cuidadosa planificación sugiere cuáles son las necesidades que deben ser incluidas en la oración y mantiene la oración en una extensión razonable. "Uno o dos minutos bastan para cualquier oración común" (JT 1:274). "La oraciones formales, en tono de sermón, no son necesarias ni oportunas en público. Una oración corta, ofrecida con fervor y fe, enternecerá los corazones de los oyentes; pero durante las oraciones largas, esperan con impaciencia, como deseosos de que cada palabra la acabe" (OE 188).

Gratitud. La oración de gratitud puede ocurrir antes de dar las ofrendas o a su conclusión, mientras los diáconos traen hacia adelante los dones dados por la congregación. La oración, generalmente breve, incluye alabanza por las bendiciones experimentadas por la congregación y el individuo. Si se ofreció antes de la ofrenda, la congregación generalmente permanece sentada. Si sigue a la ofrenda, algunas congregaciones se ponen de pie y cantan la doxología, mientras se recoge la ofrenda, seguida por la oración de gratitud.

Oración final. Esta oración tiene un propósito singular: despedir a la congregación con la bendición de Dios. No es un resumen del sermón, ni la ocasión para pedidos específicos que deberían ya haberse atendido en la oración pastoral, sino debería ser breve y puede venir directamente de las Escrituras. Algunos himnarios contienen oraciones finales que servirán adecuadamente a este propósito.

Ofrendas.- Como una parte directa de la adoración, el ofrendar tiene un gran potencial para enseñar conceptos cristianos básicos de negación propia, sacrificio y confianza. La ofrenda debe enfatizar una motivación espiritual y también debe explicar la necesidad financiera y cómo apoyar la obra de la iglesia.

La apelación debe ser breve, inteligente y con espíritu de adoración. Más que un evento para reunir dinero, la ofrenda provee una oportunidad tangible a la congregación de expresar alabanza a Dios al devolverle el diezmo de sus bendiciones y ofrendas de aprecio por su gracia sustentadora. Por medio del diezmo y las ofrendas, la congregación reconoce las bendiciones de Dios durante la semana, que él es el Señor, y que todos pertenecemos a él. Estos dones indican que nuestro amor por él fluye libremente de un corazón agradecido.

Proclamación.- La adoración, centrada en la revelación de Dios por medio de las Escrituras, llega a ser un acto racional, porque lo divino se revela en palabras comprensibles para la mente humana. Aprendemos de estas palabras y recibimos instrucción en el servicio y la disciplina cristianos. Y nos alegramos por las buenas nuevas de la salvación. Esta revelación de Dios pone una pesada responsabilidad en la adoración tanto en los que proclaman el mensaje como en los que lo oyen. La proclamación permite que la congregación escuche el mensaje del Señor por medio de las Escrituras.

Preparación. A fin de atender adecuadamente las necesidades espirituales de la congregación, los líderes deben planificar el año de sermones de una manera cuidadosa. Esto incluye mirar no solo lo que debe presentarse en el futuro, sino también lo que ha sido presentado durante el año pasado o dos. Observar lo que se ha atendido, y lo que ha sido descuidado, y lo que se enfatizó con exceso.

Los temas deberían también coincidir con los eventos en el calendario y con los programas de la iglesia y la escuela.

Una planificación anual proporciona varios beneficios a la predicación.

Conduce a un equilibrio en la selección de temas y permite planificar por adelantado con los que contribuyen al culto de adoración en áreas tales como la música, la lectura bíblica y las historias para los niños. Planificar da oportunidad a aquellos que invitan huéspedes al culto de adoración para elegir cultos que apelarán a personas específicas. Además, la planificación anual da a las personas el tiempo para desarrollar temas planificados de sermones, reduciendo en forma significativa la presión de la preparación de sermones a último minuto.

Obviamente, este plan anual necesitará ser flexible, ya que eventos inesperados y emergencias pueden entrometerse en el programa.

Busque maneras creativas de expresar el material del sermón. La creatividad puede llegar por medio de la inspiración sorpresiva, pero más a menudo llega por el esfuerzo diligente. Puede ser más fácil caer en modos de expresión con los que estamos familiarizados, pero estos pueden cansar a los oyentes semana tras se-mana. En el área de la creatividad, la comisión de adoración puede hacer su mejor trabajo. Ninguna persona tiene todas las ideas nuevas, pero en el pensamiento conjunto, la creatividad puede florecer.

Lecturas bíblicas. La lectura bíblica como proclamación tiene un poder importante y presenta la palabra del Rey del universo a la congregación. La lectura bíblica llama de una manera poderosa a la adoración, y dirige la mente a los temas y énfasis de adoración para el día. La lectura de la Palabra de Dios debe ser cuidadosamente planificada, seleccionada y ensayada. Una lectura alternada con la congregación permite que esta participe y les da la oportunidad de oír y repetir las palabras de la Biblia. En algunos himnarios, aparecen lecturas antifonales, pero puede ser preparada especificamente y puesta en el boletín o proyectada sobre una pantalla para que se relacione más directamente con el mensaje del día.

Ministerio a los niños. El interés de los niños debería ser tomado en cuenta durante todo el culto de adoración. Obviamente, con el rango de edades desde bebés a adultos, no se puede atender siempre sus necesidades. Sin embargo, con una planificación cuidadosa, aun los niños más pequeños pueden encontrar momentos de interés en el culto. Algunos han encontrado que una historia para los niños antes del sermón atiende esta preocupación. Se invita a los niños a pasar adelante y sentarse juntos para el momento de contar la historia, y la historia convendría que fuera apropiada para el tema elegido del día. Solo las personas que tienen un amor especial por los niños y que han desarrollado la habilidad de contar la historia con efectividad deberían ser elegidas para esta parte del culto de adoración. Este momento debe ser cuidado con atención para que no dure más de cinco minutos.

Muchas iglesias toman una ofrenda de los niños en el momento de contarles la historia, y usan esos recursos para sostener los programas educativos y de los niños en la iglesia. Algunos pueden ser contrarios a recibir más de una ofrenda durante el culto, pero otros gozan con darles a los niños y verlos llevar las ofrendas al frente; esto permite ofrecer una orientación adicional para que los niños formen el hábito de dar ofrendas.

El sermón. El sermón debe siempre estar centrado en la Biblia. Los sermones bíblicos no solo incluyen la Biblia; más bien, comienzan con la Biblia. Los predicadores bíblicos van primero a la Biblia en la preparación de su sermón. La predicación bíblica no busca un texto que concuerde con lo que el orador quiere decir. Más bien, la predicación bíblica procura encontrar lo que dice la Biblia.

Muchos temas bíblicos se prestan para series de predicaciones, especialmente los estudios de un libro dado, o temas como los Diez Mandamientos, las últimas siete frases de Jesús o las Bienaventuranzas. Pero en general, es sabio limitar las series de sermones a tres o cuatro. En el caso de series más largas, pueden incluir algún sermón diferente en medio de la serie.

Aunque el mensaje del sermón debería ser considerado de primera importancia, aun el mejor de los mensajes entregado en forma pobre no resulta efec-tivo. Aun cuando reconozcamos que el entretenimiento no es el objetivo del culto de adoración, usar esto como una excusa para una predicación pobre no puede considerarse aceptable.

El orden del culto

Es común pensar que la adoración consiste en que el predicador obre como un actor, Dios como el apuntador y la congregación como la audiencia. En realidad, la verdadera adoración consiste en la congregación como actor, el predicador como el apuntador y Dios como la audiencia. "Gran parte de la adoración pública a Dios consiste en alabanza y oración, y cada seguidor de Cristo debería comprometerse en esta adoración" (ST, 24 de junio de 1886). De este modo, para cada adorador, la adoración llega a ser un evento de participación. Ejemplos de formatos de adoración se pueden encontrar en el Manual de la iglesia.


Guía para ministros, 105-111.

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