En el nombre de Jesús
Análisis de Lectura “En el nombre de Jesús” - Henri Nouwen
El autor reflexiona acerca de lo que significa el perfil del líder espiritual para el nuevo siglo. Habiendo tenido amplias experiencias docentes en universidades de renombre, aceptó servir en una organización no gubernamental que atendía niños y jóvenes de capacidades diferentes.
Esta reflexión va a combinarse con el pasaje que aborda las tentaciones de Jesús en el desierto y la confirmación de Jesús a Pedro, luego de la resurrección. Así, según el autor, son tres las tentaciones de todo líder:
1. Sentirse Importante
2. Ser Espectacular
3. Tener Poder
Para la Primera situación concluye: “El líder del futuro será quien se atreva a proclamar su irrelevancia en el mundo contemporáneo como una vocación divina que le permita entrar en profunda solidaridad con la angustia que subyace bajo el brillo del éxito, y llevar hasta allí la luz de Jesús”.
Ante la Pregunta ¿Me amas? Apunta: “El líder cristiano del futuro es el que conoce el corazón de Dios hecho carne… eso significa, anunciar que Dios es amor y solo amor… Si conocemos el corazón de Jesús, el deseo de ser importantes y de tener éxito desaparecerá gradualmente”.
Al proponer la oración contemplativa como el antídoto a esta tentación, Nouwen propone: “Los líderes cristianos no pueden ser simplemente personas con opiniones bien formadas sobre los problemas candentes de nuestro tiempo. Su liderazgo debe enraizarse en la amistad permanente, íntima, con la Palabra encarnada, Jesús y necesitan encontrar ahí la fuente de sus palabras, consejos y orientaciones. Por medio de la práctica de la oración contemplativa los líderes cristianos deben aprender a escuchar una y mil veces la voz del amor y a encontrar allí la fuente de la sabiduría y del valor para orientar cualquier problema que se les plantee”.
En el caso de la segunda tentación, el autor apunta: “El deseo de fama y el heroísmo individual, aspectos tan evidentes de nuestra sociedad competitiva, no son del todo ajenos a la Iglesia. También en ella predomina la imagen del hombre o de la mujer que se han hecho a sí mismos, y que son capaces de hacer todo ellos solos.
Ante esto la voz de Jesús propone: “Apacienta mis corderos”. Esto se refiere al servicio genuino y esforzado por otros. Y agrega: “está claro que la Iglesia del mañana necesita un nuevo tipo de liderazgo, un liderazgo que no tiene nada que ver con el juego de poderes del mundo, sino con la imagen del líder servidor, Jesús, que vino a dar su vida por la salvación de muchos.
De igual modo, el antídoto propuesto es la confesión y el perdón. Esto significa que: “los entregados al ministerio están llamados a formar parte de sus comunidades plenamente, que la comunidad tiene que responsabilizarse también de ellos, que necesitan su afecto y apoyo, y que están llamados a ejercer su ministerio con todo su ser, incluyendo en esa realidad la parte herida”.
Sin embargo, “el ministerio es una experiencia comunitaria y mutua… las personas entregadas a la labor ministerial necesitan con un lugar seguro para ellos”.
Finalmente, para la tercera tentación, el autor observa que siempre que la iglesia ha enfrentado una crisis importante “la cusa fundamental de la ruptura es el poder ejercido por los que proclaman ser seguidores de Jesús, pobre y sin poder alguno”. Así continúa: “La tentación del poder es mucho mayor cuando la propia intimidad se vive como una amenaza. Una gran parte del liderazgo cristiano es ejercido por personas que no saben cómo desarrollar unas relaciones sanas, íntimas y, para llenar ese vacío han optado por el poder y por el dominio”.
Ante esta realidad, el autor propone: “otro te conducirá”; quiere decir que “el camino del líder cristiano no es el ascendente en el que se ha empeñado tanto nuestro mundo, sino el descendente, que termina en la cruz… la cualidad más importante del líder cristiano del futuro. No es un liderazgo de poder y de dominio, sino de ausencia de poder y humildad en el que el sufriente servidor de Dios, Jesucristo, se hace presente… Personas que aman tanto a Jesús que están preparadas para seguirle adonde las guie”.
Así, propone la reflexión teológica para avanzar en este propósito. Esto quiere decir “ser capaz de discernir en cada momento cómo actúa Dios en la historia humana… en meditar sobre las personas y las gozosas realidades de cada día con la mente de Jesús y, de ese modo, hacernos conscientes de que Dios nos guía con cariño”.
Tener en cuenta y llevar a cabo el modelo de Jesús para un liderazgo de servicio, es ir en contra de la corriente de un mundo secular que propone la competencia, la popularidad, y el dominio como características clave para cualquier líder. Esto debe afectar al seminario teológico, a quienes tienen responsabilidades ministeriales y a quienes tienen cargos jerárquicos. El servicio abnegado y desprendido debe ser el perfume que trascienda todo el camino de quien ha decidido emprender la jornada al lado de Jesús.
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