¿Llamado o vocación? - Un ministerio una vida

Jeremías

"Antes de que yo te formara en el vientre, te conocí. Antes de que nacieras, te santifiqué y te presenté ante las naciones como mi profeta". Jeremías 1:5.

"Al principio, Jeremías discutió, trató de justificarse para rechazar el llamado; dijo que no era mas que un niño. Pero de nada le sirvieron sus objeciones, porque el llamado divino es fuego consumidor que derrite las cuerdas más duras del corazón humano. "Cosa terrible es, para el hombre, dar coces contra el aguijón" (Hechos 26:14) (BULLÓN, 11).

"Al llamarlo, Dios tenía un propósito especial. En aquellos días, Israel era una nación que iba en pos de otros dioses y las consecuencias de la rebeldía se estaban acercando. Dios amaba a esas personas a pesar de la traición y había decidido salvarlas. El instrumento para esa bendita obra de salvación fue Jeremías. El también era el sueño de Dios" (BULLÓN, 17). 

"Es trágico ser pastor sin haber recibido y aceptado el llamado divino"... (BULLÓN, 9). sin recibir "la convicción interior" que conduce a decir: !Ay de mí si no anunciare el evangelio¡ (1 Corintios 9:16).

"Por contradictorio que parezca, el verdadero ministro no necesita tener solo vocación para el ministerio. Se entiende por vocación la inclinación de una persona hacia una actividad habitualmente relacionada con una profesión. En la definición de vocación intervienen aspectos como gustos, preferencias, intereses y capacidades, así como la personalidad, la forma de ser, de actuar, de asumir y afrontar la vida" (BULLÓN, 10).

"Desde esta perspectiva, la vocación conduce a la persona hacia lo que quiere hacer en la vida y la lleva al remanso de la satisfacción". (BULLÓN, 10).

"No te atrevas a elegir una profesión para la vida si no tienes vocación, o si no disfrutas de las actividades que esa profesión demanda". (BULLÓN, 10).

"El caso del ministerio es diferente, porque no es una profesión, si no la respuesta a un llamado divino. Para ser pastor, antes de tener una vocación, necesitas haber sido llamado por Dios. Cuando Dios te llama, él se encarga de poner en tu vida lo que te falta y de retirar lo que sobra. Él te da forma, te pule, te capacita. Él toma lo poco o lo mucho que eres, como si fueses arcilla fresca, y te convierte en un vaso sagrado para su gloria eterna y el beneficio de la humanidad". (BULLÓN, 10).

"Si repasas la historia de grandes pastores y ministros del pasado, verás que todos pasaron por la experiencia del llamado. En la vida de todos ellos hubo un momento de encuentro personal con Dios, un instante en el que el Señor llamó, y la pobre criatura humana no pudo sustraerse de la insistencia divina" (BULLÓN, 10).

"Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?" Éxodo 3:10, 11.

"Moisés al igual que Jeremías no aceptó inmediatamente el llamado. Discutió. Argumentó. Al principio se cuestionó: ¿Quién soy yo para ir al Faraón?. En otras palabras: "No soy nadie"; "No soy nada"; "No puedo nada"; "Esta responsabilidad es demasiado para mí". Pero cuando Dios llama, no acepta excusas. El Señor nunca se equivoca, sabe a quien llama. De otro modo, no lo llamaría". (BULLÓN, 11).

"Dios nunca aceptó que los seres humanos rechazaran su llamado con argumentaciones. Muchos intentaron huir de la misión, pero el Señor persistió hasta que las criaturas se rindieron. A Isaías que se sentía demasiado pecador como para aceptar el llamado, el Señor le envió un querubín que tomó una brasa del altar y le quemó los labios. A Jeremías le dijo: "No digas soy un niño; porque donde yo te envíe, tu irás; y todo lo que te mande, lo dirás" (Jeremías 1:7). A Saulo de Tarso lo derribó en tierra y le hizo besar el polvo del camino (Hechos 9:1-8). A Jonás lo arrojó al fondo del mar (Jonás 1:9-17). (BULLÓN, 12).

Seguridad del llamado

"¿Cómo puedes estar seguro de que has sido llamado por Dios?
En sana consciencia, nadie estará completamente seguro. La convicción del llamado no es una certeza matemática, sino la certeza en la fe, como la de Jeremías, Isaías o Moisés, Abraham, Pablo y otros personajes bíblicos. Si esperas la certeza absoluta, nunca la encontrarás. Pero después de haber vivido bastante, tengo la impresión de que esta insignificante "incertidumbre" humana es el nido de una avecilla llamada "responsabilidad ministerial". El día cuando alguien diga que no tiene dudas de que ha sido llamado por Dios, estará corriendo el riesgo de tomar su ministerio sin seriedad ni honestidad. Ese destello de "duda" te llevará a depender cada día de Dios y a consagrar todo tu ser al Señor. Pero una cosa es cierta, la convicción de haber sido llamado por Dios irá en aumento a medida que transcurran los años de tu ministerio". (BULLÓN, 12).

"Es posible que Pablo, antes de su conversión, no haya sido consciente de su llamado. Pero incluso antes de su nacimiento, Dios tenía un plan para él" (BULLÓN, 13).

"Por otro lado Timoteo, nunca cayó ni besó la tierra y, sin embargo, también fue llamado por Dios. Había recibido la formación espiritual de su madre y de su abuela, pero ¿en qué momento recibió el llamado divino al ministerio? No se puede definir un momento exacto, pero estaba convencido de que Dios tenía un plan especial para él. Era un ministro de Dios. (1 Timoteo6:11-13) (BULLÓN, 13).

"Que Dios te haya llamado al ministerio no significa que no tendrás cardos o espinos en tu camino. La vida de todo ministro está llena de dificultades. Si hay una vida que el enemigo quiere destruir, es la del pastor.. Pero si Dios te ha llamado, nadie, sino la muerte, podrá poner fin a tu ministerio... Con los hombres, sin los hombres o a pesar de los hombres continuarás siendo un pastor" (BULLÓN, 14).

"Los vientos podrán soplar contra tu embarcación, los vendavales de la incomprensión humana podrán sacudir tu frágil barco, la gente podrá abandonarte y el viento helado de la soledad podrá golpear contra tu rostro, pero Dios, seguirá en el control de tu vida y te llevará al puerto seguro ¡No temas por las circunstancias! ¡No te desanimes ante las dificultades! ¡No retrocedas aunque el techo de la seguridad humana parezca derrumbarse sobre ti! Los grandes ministros de la historia también tuvieron que enfrentar momentos duros, y muchas veces los caminos que debieron recorrer estuvieron llenos de espinas. El sol también ocultó su rostro de ellos y las sombras oscurecieron sus vidas, circunstancialmente, pero pudieron ser victoriosos porque no eran ministros por voluntad humana, sino por la voluntad divina. En algún momento de su historia habían experimentado el llamado de Dios". (BULLÓN, 15).

"Ningún pastor puede regocijarse en medio de sufrimientos, a menos que sea consciente de su llamado y diga con Pablo: "Llegué a ser ministro según la responsabilidad de Dios. (Colosenses 1:25)". (BULLÓN, 15).

¿Quién hizo de Pablo un ministro?
"Pablo sabía que había sido puesto en el ministerio por Dios. No era ministro por voluntad propia. No entró al pastorado con otro motivo que no fuera el servir a Dios". (BULLÓN, 16). 

"Me aparecí a ti para hacerte un ministro" (Ver Hechos 26:14-16)
"¡Qué tremenda convicción! Pablo no era pastor simplemente porque quisiera serlo: era ministro porque Dios lo había hecho ministro". (BULLÓN, 16). 

"En el primer siglo de la historia cristiana, había gran oscuridad espiritual. La gente adoraba a muchos dioses, griegos y romanos. Los judíos, a su vez, deambulaban perdidos bajo una montaña de rituales y liturgias huecas y sin sentido. Dios decidió iluminar el mundo con la luz del evangelio y slavar a las naciones. EL instrumento de este acto de salvación fue Pablo. Él también fue el sueño de Dios" (BULLÓN, 18). 

"Dios llama a los ministros con dos propósitos. Primero para que los "sigan" y, segundo, para hacerlos "pescadores de hombres". Marcos 1:17. (BULLÓN, 16). 

"El llamado divino al ministerio significa olvidar los propios caminos y aceptar el camino de Dios. Seguir a Jesús es seguir el camino. Él es el único camino". (BULLÓN, 17).
 
"Para seguirlo, es necesario deshacerse de los "cálculos humanos" y de la "lógica" de este mundo. Es urgente sacrificar la seguridad del dinero y la posición, la fama y los aplausos. Aceptar el llamado divino es arriesgarse, lanzarse a los brazos de Jesús con los ojos cerrados. Significa con frecuencia, liberarse de gustos y preferencias. Cuando alguien escucha la voz divina llamándolo al ministerio, todos los gustos humanos desaparecen... Nacemos para una misión única" (BULLÓN, 17). 

"El peor enemigo del ministro es el propio ministro. Somos nosotros los que nos "perseguimos" a nosotros mismos y tratamos de acabar con el sueño de Dios" (BULLÓN, 17). 

"Jamás olvides que viniste al mundo con un propósito. No eres un simple ser humano. Eres un hombre de carne y hueso como cualquier otro, pero viniste a este mundo a cumplir una misión especial: conducir a los pecadores a los pies de Cristo. Fuiste apartado para el ministerio desde el vientre de tu madre" (BULLÓN, 17).

"A lo largo de los años trabajando con pastores, me he encontrado a menudo con situaciones dolorosas. Ministros que por causa de sus tendencias, complejos o traumas, olvidan por un instante que son el sueño de Dios y ponen en riesgo su ministerio". (BULLÓN, 18).

"Para ser un ministro feliz y realizado no basta con haber sido llamado, es necesario conservar el ministerio hasta el final. Es un camino largo y sinuoso, los pies sangran muchas veces, aparece el cansancio; el desánimo revolotea como ave maligna sobre la cabeza del ministro. Pero es necesario seguir adelante, en la certeza de que Dios no se da por vencido con aquellos que un día llamó" (BULLÓN, 18).

"La vida de Moisés es un ejemplo vivo de la insistencia divina. Dios lo llamó, como a Jeremías, desde el vientre de su madre. Por eso, Satanás no pudo destruirlo ¿Crees que el incidente de la canasta en el río Nilo fue un acto ingenioso de la madre de Moisés? ¡No! ¡Dios estaba detrás de todo! Moisés había estudiado en las mejores universidades de Egipto y pensaba que estaba en condiciones de cumplir la misión. Tomó su ministerio en sus propias manos, trató de hacer justicia por propia iniciativa y casi lo arruina todo. Digo "casi" porque cuando, desde la perspectiva humana todo parece perdido, siempre entra en juego la gracia divina. Y aunque el conductor de Israel tuvo que pasar cuarenta años en el desierto por causa de sus tropiezos, el plan de Dios se hizo realidad y Moisés cumplió con su ministerio. A pesar de su error humano, continuó siendo el sueño divino" (BULLÓN, 19).

TOMA TU MINISTERIO EN SERIO

No puedes jugar con tu ministerio. Debes tomarlo en serio, y esa seriedad brotará de la convicción de que has sido llamado por Dios. Si de verdad fuiste llamado por él, ¡ay de ti si no cumples con tu ministerio! Si en este momento, por alguna razón, te estás acercando a las aguas tormentosas del pecado, y poniendo en peligro tu ministerio, es el momento de reflexionar, de caer de rodillas y suplicar las fuerzas que vienen de lo Alto. Este es el día para renovar tu entrega y recordar el momento en el que sentiste por primera vez el llamado divino.(BULLÓN, 19).

No es honesto echar raíces en la mediocridad espiritual. (BULLÓN, 19).

No es justo apartarse de la presencia de Jesús, ni dejar que el fuego del llamado se apague con el viento helado de las circunstancias. ¡Comprométete con Cristo! El llamado divino al ministerio no es solo un lindo juego de palabras, no consiste en un simple encuentro con ideas, sino con la Persona maravillosa de Jesús. No tiene que ver con alejamiento, sino con acercamiento, con comunión e intimidad espiritual con Cristo. No funciona solo a nivel de la cabeza, porque las ideas, por más hermosas que parezcan, son golondrinas viajeras, que solo están presentes cuando brilla el sol. (BULLÓN, 19).

Cuando Dios llama, llama al corazón, a la profundidad del ser que se esconde de los demás; al ser interior que teme y tiembla, pero que acepta el desafío divino. Por lo tanto, en el ministerio no puede haber traición, ni fuga ni adormecimiento. Cada día es un nuevo día, con sol o con lluvia, en el crudo invierno o el espléndido verano.

¡Mira a Cristo hasta el final! Por favor, desaparece en los brazos de Jesús. No trates de brillar; permite que Jesús brille en ti. Escapa de los focos y las luces de este mundo. ¡Llora a los pies de Cristo por tus errores pasados! Toma su mano todos los días. Tú y yo somos nada, y nada podemos. Él lo es todo. (BULLÓN, 20).

Es nuestra Roca firme en tiempos de duda, nuestro Refugio y Fortaleza en tiempos de angustia, la madre Águila que protege a sus crías. Él es la Vid, nosotros somos solo ramas secas y sin vida, y dependemos permanentemente de su gracia y su poder. (BULLÓN, 20).

Estamos viviendo en el atardecer de este mundo de pecado. Ya no es momento de mirar hacia atrás. No hay más tiempo para desviar los ojos de la misión final, buscando la aprobación humana. Es el tiempo de consumirnos en el altar del servicio. Es hora de cumplir con el sueño divino. (BULLÓN, 20).
















Bullón, Alejandro. Un ministerio una vida. Buenos Aires:ACES, 2022.

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