Adoración I
"Somos lo que adoramos"
Jeff Smith se levantó un sábado por la mañana, un tanto tarde para lo que pensaba hacer.
Su madre le dijo: ¿Irás a la iglesia?
Él respondió:
- No quiere ir a la iglesia porque es aburrida, previsible e irrelevante.
Voy a darte dos razones por las que tienes que ir a la iglesia. La primera es que ya tienes 30 años; y la segunda es que la iglesia te necesita porque ¡tú eres el Pastor de la iglesia!
Si hay una generación que cree que la iglesia es irrelevante; entonces habrá una generación que no irá a la iglesia.
Las discusiones actuales sobre el culto están señalando la necesidad de averiguar el significado preciso de la adoración, sobre todo su fundamento bíblico. Donald P. Hustad cree correctamente que toda renovación y experimentación en cuanto a modalidades de culto debe enfocarse sobre bases bíblicas, históricas y teológicas. Clarificar la base bíblica para la adoración de la iglesia resulta entonces imperativo. Los datos bíblicos definen el concepto de adoración, y muestran la relación entre esta y las demás doctrinas de la Escritura.
El presente capítulo propone descubrir el concepto de adoración a partir de la información revelada del registro bíblico.
EN BUSCA DE UNA DEFINICIÓN REVELADA
"Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la adoración es uno de los grandes temas de la Biblia" Norval Pease. La Adoración: Una doctrina Bíblica, Lecciones para la Escuela Sabática (Buenos Aires: ACES, 1976) Pease escribió el primer libro adventista sobre la adoración.
John MacArthur tiene un concepto similar: "El tema de la adoración domina la Biblia... Desde el inicio en Génesis hasta la consumación del Apocalipsis la doctrina de la adoración está entrelazada en la urdimbre y en la trama del texto bíblico". (Adoração: a prioridade suprema, 15).
Algo de raíces tan profundas y de manifestaciones tan diversas como lo es la adoración, difícilmente puede ser definido en pocas palabras. Resulta tan inadecuado como tratar de capturar el sentido del amor. Pero tampoco se puede dejar de buscar el significado bíblico de la adoración, porque las Sagradas Escrituras son un "manual de adoración", una fuente revelada para comprender su profundo significado.
En busca de una comprensión más clara de la idea bíblica de adoración, se revisarán primero los términos básicos que la Escritura emplea para hablar del tema. Pero, como no existe una única palabra para adoración, se hace necesario considerar una variedad de términos significativos. Estas palabras hebreas del Antiguo Testamento y griegas del Nuevo Testamento suelen tener significados equivalentes y describen tanto actos exteriores como actitudes interiores. El estudio de estas palabras es un buen camino para entender qué es la adoración.
HOMENAJE
Los términos bíblicos de mayor significado y que más a menudo se traducen como adoración describen el acto de "inclinarse" o "postrarse" (hebreo shlijáh y griego proskuneó). El acto encierra una actitud de homenaje, respeto y sumisión. Refleja, a menudo, el sentimiento de indignidad y humildad de un ser inferior a uno superior. En la mentalidad oriental, representaba el acto supremo de veneración.
Estas expresiones de sumisión y homenaje dicen mucho acerca del significado básico de la adoración. Establecen una diferencia esencial entre el sujeto humano y el Objeto divino, y hablan de la dignidad suprema de quien merece tal reconocimiento por su misma naturaleza. Adorar a Dios es rendirle el supremo homenaje del que la criatura humana sea capaz.
La primera mención clara de la palabra "adoración", en la Biblia, se encuentra en Génesis 22:5, en relación con la historia de Abraham: "Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros". Este relato inigualable muestra ingredientes significativos de la adoración verdadera: hay una revelación de Dios y una respuesta positiva del hombre, una demanda divina y una entrega humana, un sacrificio provisto por Dios y una aceptación agradecida del hombre.
La definición de Dom Eugenio Vandeur rescata adecuadamente la idea de homenaje: "La adoración es un homenaje primordial, absoluto, tributado por la criatura a la divina Excelencia, cuyas grandezas confiesa juntamente con todos sus derechos soberanos sobre todo cuanto existe. Es el homenaje de la criatura racional al Dios tres veces Santo, que la saca de la nada, imprime en ella el sello de su propia Trinidad y se convierte luego en el Huésped divino del alma transformada por la gracia". (Francisco Lacueva, Espiritualidad trinitaria (ferrassa, Barcelona: Clle, 1983, 236).
En la adoración, el hombre atribuye a Dios el homenaje y la veneración que solo él merece. Este homenaje se manifiesta de diversas formas, en la vida cotidiana del hijo de Dios y en el culto ordenado de la iglesia. Juan Calvino, el gran reformador del siglo XVI, se identifica con la propuesta bíblica al asociar la adoración con la sumisión y la obediencia: "Entiendo, por adoración, la veneración y culto que cada uno de nosotros le da cuando se somete a su grandeza; y, por ello, no sin razón, pongo como una parte de la misma someter nuestras conciencias a su Ley". (Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, trad. Eusebio Goicoechea (Grand Rapids, Michigan: Nueva Creación, 1988, 273).
Otros pensadores cristianos han entendido este significado de la adoración. La conocida apreciación de William Temple se inicia con igual énfasis: "Adoración es el sometimiento de todo nuestro ser a Dios. Es tomar conciencia de su santidad; es el sustento de la mente con su verdad; es la purificación de la imaginación por su belleza; es la apertura del corazón a su amor; es la rendición de la voluntad a sus propósitos. Y todo esto se traduce en alabanza, la más íntima emoción, el mejor remedio para el egoísmo que es el pecado original". (William Temple, Readings in St. John's Cospel, p. 68, citado en Eduardo Nelson, Que mi pueblo adore: bases para la adoración cristiana, trad. Salomón Mussiett (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1986, 4).
SERVICIO
El verbo "servir" es muy común en la Escritura (hebreo 'abad y griego latréuó). Puede referirse a un trabajo, un ministerio, o describir la actitud de lealtad y obediencia. Es sugestivo comprobar que, en la Biblia, servir equivale a adorar. Dirigir este tipo de servicio supremo a un objeto no divino sería "idolatría". El Antiguo Testamento describe como "servicio" la actividad que los levitas y los sacerdotes realizaban en el Santuario o en el Templo. A veces, "servicio" se refiere a un servicio de culto (Salmos 101:6; Isa. 56:6). Por ello, cuando las naciones paganas adoran a sus ídolos, "sirven al palo y a la piedra" (Ezequiel 20:32). En el Nuevo Testamento, el término "servir" describe el ministerio apostólico y sacerdotal (Hechos 13:2; Hebreos 10:11), también el servicio de la iglesia y de los cristianos. Allí, todos los creyentes sirven a Dios como sacerdotes. La palabra española "liturgia" deriva de un término griego (Ieitourgía, obra del pueblo) que designaba originalmente cualquier servicio público. En realidad, los vocablos para "adoración" o "culto" significaban originalmente "servicio".
Es adecuado, entonces, entender la adoración como servicio a Dios. Bien pueden ambos términos intercambiarse, porque adorar es servir a Dios y servir es también adorar. La expresión que a veces se lee en las iglesias: "Entramos para adorar, salimos para servir" es correcta, pero también es verdad que el culto mismo es el más noble de todos los servicios. Del mismo modo, todo servicio a Dios es al mismo tiempo un acto de culto. Adorar es servir, dentro y fuera de cualquier acción litúrgica.
REVERENCIA
Como ocurre con frecuencia en los documentos bíblicos, "temer" puede encerrar más de un significado (hebreo yáré' y griego fobéomat). Existe un temor incorrecto (1 Juan 4:18). La expresión "no temas" aparece cerca de cien veces en la Biblia (ver, por ejemplo: Génesis 15:1; 26:24; Éxodo 14:13; Deuteronomio 31:6, 8; Josué 1:5-7,9; 1 Crónicas 28:20; Isaías 41:10, 13-14; Mateo 10:29-31; Hechos 18:9, 10; Apocalipsis 2:10). Pero, el temor piadoso es uno de los conceptos más importantes para la adoración.
Este tipo de temor tiene que ver con el recogimiento (Salmos 5:7), la humildad (Romanos 11:20) y la obediencia a los mandamientos de Dios (Génesis 22:1,12; Éxodo 20:20; Deuteronomio 5:29; 6:2, 13-17; 8:6; 10:12; 13:4; 17:19; 28:58; 31:12; Job 28:28; Salmos 111:10; 112:1; 119:63; 128:1; Proverbios 8:13; 14:2, 16; 16:6). Es decir que el temor muchas veces va más allá de la emoción y alude a la reverencia, al respeto y, sobre todo, a la obediencia a la voluntad de Dios. En la Escritura, el temor encierra un profundo sentido ético. El "temor de Dios" equivale a fidelidad, piedad y auténtica religiosidad. Se trata, entonces, de un temor reverencial que desalienta la desobediencia y mueve a la obediencia. Al comparar Deuteronomio 6:13 con Mateo 4:9 y 10, puede notarse que temer a Dios y adorar son a veces equivalentes. El primer texto dice: "A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás", mientras al citarlo Jesús dice: "Al Señor tu Dios adorarás, ya él sólo servirás".
Los autores inspirados exhortan recurrentemente a temer a Dios (1 Samuel 12:24; Salmos 2:11; 22:23; 33:8, 9; 34:9; 67:7; 96:9; Proverbios 3:7; Eclesiastés 12:13; Jeremías 10:7; Apocalipsis 15:4). También ofrecen hermosas promesas y bendiciones para los que temen a Dios (Deuteronomio 6:24; Sal. 25:12-14; 31:19; 33:18; 34:7-9; 112:1, 7; 115:13; 128). El temor de Dios se presenta como fundamento de toda verdadera felicidad (Salmos 145:19; Proverbios 14:26, 27; 19:23; 28:14; Eclesiastés 7:18; 8:12, 13; Malaquías 3:16; 4:2).
Es verdad que, en la Biblia, el temor incluye una amplia gama de emociones; pero, cuando Dios es el objeto, el temor se convierte en reverencia y respeto piadosos como reacción humana frente a la revelación divina. El verdadero culto no puede en ningún caso dejar de lado este ingrediente de la adoración bíblica. Es con esa actitud que el hombre debe acercarse a la presencia de Dios.
GLORIFICACIÓN
El término "gloria" se utiliza a veces en relación con la adoración (hebreo kábód y griego dóxa, doxazó). Su significado literal era "peso" o "brillo"; es decir, valor, dignidad. Se utilizaba para describir el esplendor de quienes se distinguían en su carácter y reputación. En ese caso, su significado equivale a "honor". Es fácil entender cómo los autores inspirados echaron mano de este término cuando querían exaltar el carácter de Dios.
Esta idea de gloria se aprecia en las doxologias que aparecen con cierta frecuencia en los escritos apostólicos. En estas expresiones, dar gloria a Dios significa reconocer su honor. Las doxologías más significativas de las epístolas del Nuevo Testamento se encuentran en pasajes como Romanos 11:36; 16:25 al 27; Gálatas 1:3 al 5; Efesios 3:20 y 21; Filipenses 4:19 y 20; 1 Timoteo 1:17; 6:15 y 16; 2 Timoteo 4:18; Hebreos 13:20 y 21; 1 Pedro 5:10 y 11; 2 Pedro 3:18; Judas 24 y 25. También el Apocalipsis contiene doxologias bellas e inspiradoras (1:5, 6; 4:8-11; 5:12, 13; 7:12; 14:7; 19:1-7).
Pero, la revelación bíblica aclara que Dios es glorificado más con la vida que con las palabras. En ella, glorificar a Dios es responder al Ser divino, que se ha manifestado en su santidad, majestad y poder. Se glorifica a Dios mediante un estilo de vida que refleje su carácter en alguna medida. Para decirlo de una manera diferente, Dios es glorificado en palabras y obras que lo honran (Salmos 29:1,2; Mateo 5:16; Juan 15:8; Hechos 11:18; 21:20; Romanos 15:6; 2 Corintios 9:13; Gálatas 1:24; 2 Tesalonicenses 3:1; 1 Pedro 4:16; Apocalipsis 15:4). Pablo exhorta a los corintios a glorificar a Dios en su cuerpo y espíritu (1 Coro 6:20) y enseña que Dios debe ser glorificado en el comer, el beber o en hacer cualquier otra cosa (1 Corintios 10:31). También Pedro anhela que "en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1 Pedro 4:11).
Elena G. de White ofrece una síntesis esclarecedora. "Dar gloria a Dios es revelar su carácter en el nuestro, y de esta manera hacerlo conocer. Y, glorificamos a Dios en cualquier forma en que hagamos conocer al Padre o al Hijo". (Elena G. de White, Manuscrito 16, 1890, citado en Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día, trad. Víctor E. Ampuero Matta (Boise, Idaho: Pacific Press Publishing Association, 1990, t. 7, 990).
ALABANZA
En las Escrituras, en particular las del Antiguo Testamento, se emplea el verbo "alabar" en abundancia (hebreo hálál y griego ainéó). Del verbo hebreo se compone también la expresión "aleluya" ("alabad a JAH',). Alabar era literalmente "hacer ruido", es decir, producir una expresión audible, mediante el uso de palabras. Aparentemente, la alabanza es un tributo oral de adoración por las cualidades de Dios, más allá de sus acciones concretas. En el sentido bíblico, alabar es dirigir a Dios una devota exclamación audible.
La Biblia presenta a Dios como digno de alabanza, en virtud de sus atributos (2 Samuel 22:4; Salmos 48:1). Varias expresiones de adoración se encuentran en el Salmos 145:1 al 3: "Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable". Su pueblo se ocupará eternamente de alabar a Dios (Salmos 30:12; 79:13; 84:4).
De la idea de alabanza emerge otro aspecto de vital importancia para la adoración y el culto, y tiene que ver con la necesidad de dar al Señor una respuesta que quiebre el silencio y mueva a la expresión y el diálogo divino- humano. Asistir a la iglesia y permanecer meramente en quietud y silencio limita el culto a un monólogo divino en el cual Dios habla sin recibir todavía una respuesta.
BENDICIÓN
Bendición quiere decir ventaja, beneficio o regalo (hebreo bárak y griego euloguéó). Bendecir significa literalmente "decir bien", "hablar bien". La bendición puede estar orientada de Dios al hombre, del hombre para con su prójimo y del hombre para con Dios. Este último sentido tiene que ver con la adoración y sería un reconocimiento de Dios como el ser que otorga todos los dones, materiales y espirituales. En este caso, está muy cerca el sentido de bendecir al de alabar.
Decía el salmista: "Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos" (Salmos 63:4). Son conocidas las palabras del Salmos 103:1 y 2: "Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios". Otra alabanza de David comienza con palabras de bendición: "Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré" (Salmos 145:1, 2).
El culto debería incluir bendiciones a Dios y al pueblo. Normalmente se inicia con una doxología y concluye con una bendición. Así pidió el Señor a los sacerdotes de Israel: ''Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:
Jehová te bendiga, y te guarde;
Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti,
y tenga de ti misericordia;
Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.
''Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré" (Números 6:22-27). El Nuevo Testamento tiene bendiciones como la de 2 Corintios 13:14: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén".
Cada una de estas palabras dice algo acerca del significado de la adoración, pero son todavía conceptos aislados. Reunir las diferentes ideas diseminadas en el texto bíblico podría brindar una visión mucho más clara e integral del tema en estudio.
LAS GRANDES IDEAS
Los principales términos de la Escritura relacionados con la adoración han sido como pinceladas sobre la tela, pero es necesario tomar distancia para percibir el cuadro que va apareciendo ante los ojos atentos. Los matices de significado deben dar lugar a la singularidad de un concepto que abarque y represente el mensaje de la Revelación.
David Peterson, director del Departamento de Ministerio del Moore Theological College en Sydney, Australia, sugiere que las tres nociones más importantes del Antiguo Testamento sobre adoración son las de (a) homenaje o sumisión, (b) servicio y (c) reverencia o respeto, manifestadas en un estilo total de vida y expresadas mediante el culto. (David Peterson, Engaging with God: A Biblical Theology of Worship, 57-73).
Andrew E. Hill, profesor de Antiguo Testamento en el Wheaton College, Illinois, entiende que las principales ideas acerca de la adoración del Antiguo Testamento son las de (a) búsqueda espiritual, (b) obediencia reverente, (c) servicio leal, (d) ministerio personal, (e) genuina humildad, (f) postración en oración y (g) acercamiento a Dios. (Andrew E. HiIl, Enter His Courts with Praisef Old Testament Worship for the New Testament Church (Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1993), 2-8).
Por su parte, Russell P. Shedd cree que los términos bíblicos indican los significados de (a) rendición, (b) servicio, (c) reverencia, (d) religión y (e) servicio sacerdotal (Russell P. Shedd, Adorafao bíblica (Sao Paulo: Sociedade Religiosa Ediçoes Vida Nova, 1987, 16-21).
En realidad, para obtener una comprensión abarcante de la adoración deben integrarse los seis vocablos bíblicos básicos ya expuestos: (a) homenaje, (b) servicio, (c) reverencia, (d) glorificación, (e) alabanza y (f) bendición. El homenaje incluye actitudes como la humildad, la veneración, la devoción y la entrega. El servicio abarcaría la lealtad, el ministerio personal y el servicio cúltico. La reverencia encierra acciones concretas de respeto, sumisión y obediencia. La glorificación, la alabanza y la bendición apuntan todas a expresar, o confesar, por medio de la vida y de las palabras, la dignidad y la dadivosidad divinas. De esta manera, el hombre total responde con entusiasmo al Dios que se le ha dado a conocer.
Lo que se dice respecto del Antiguo Testamento puede decirse del Nuevo, porque las ideas esenciales son las mismas. Pero la adoración del Nuevo Testamento se vuelve explícitamente cristocéntrica y trinitaria; es decir, que está centrada en Cristo y es consciente del Espíritu Santo. Se entendió el culto cristiano como la adoración al Padre a través de la mediación del Hijo y con el aliento del Espíritu Santo. Alfred P. Gibbs considera que "la adoración es aquella que asciende desde el creyente, por el poder del Espíritu Santo, por medio del Hijo, al Padre". (Alfred P. Gibbs, Adoración, trad. Roberto Ingledew (Buenos Aires: Librería Editorial Cristiana, 1974, 10).
En realidad, el Nuevo Testamento reinterpreta todo el culto del Antiguo Testamento dándole un nuevo significado por medio de Cristo y de la iglesia. En Cristo, todo el ritual del Antiguo Testamento encuentra su cumplimiento y consumación. Los conceptos de sacrificio, sacerdocio y lugar sagrado tienen ahora un nuevo sentido. Los múltiples sacrificios de animales fueron reemplazados por el único y definitivo sacrificio de Jesús (Juan 1:29, 36; Efe. 5:2; Hebreos 7:27; 10:5; 1 Pedro 1:29; Apocalipsis 5:6, 12; 13:8), de modo que los creyentes del nuevo pacto traen al Señor sacrificios espirituales (Romanos 12:1, 2; Hebreos 13:15, 16; 1 Pedro 2:5-9). Jesucristo también sustituye a todos los sacerdotes humanos y se convierte en el único Sacerdote del Santuario celestial (Hebreos 2:17; 7:23-28; 8:1, 6; 9:15; 12:24; 1 Timoteo 2:5). Al mismo tiempo, el sacerdocio se extiende a todos los creyentes. Jesús aparece como el nuevo Templo, y hace de la comunidad de la fe y de cada creyente el templo de Dios (Mateo 11:28; 23:37; Juan 2:19-21; 4:20-24; Efesios 2:21, 22; Colosenses 2:9; Apocalipsis 21:22). De este modo, la adoración cristiana es la respuesta integral a Cristo y al evangelio.
Parece claro, en la Escritura, que la adoración no se agota en actos aislados, o en sentimientos devotos, sino que se entiende como un estilo de vida creyente y comprometido. La vida cristiana es una vida de adoración, un existir para la gloria de Dios.
LA DOXOLOGÍA REVELA LA TEOLOGÍA
Según Klingbeil (2023, 19) "El libro de los Salmos es un libro de alabanzas, y su título hebreo tehillim ("alabanzas"), transmite de qué trata el Salterio, es decir, de alabar a Dios. Parecería que lo que sabemos de Dios (teología) nos llevaría a alabarlo (doxología). Sin embargo, el subtítulo de esta sección invierte la dirección: al alabar a Dios, llegamos a conocerlo. Más aún, nuestra alabanza nos despeja el camino para conocerlo mejor. A través de los salmos, Dios nos enseña que la doxología revela la teología".
HACIA UNA DEFINICIÓN
Existen muchas y buenas definiciones acerca de la adoración, que de alguna manera reflejan el lugar de la adoración en la enseñanza bíblica. Tal vez la idea más recurrente sea la de "respuesta". Si la adoración se define bien como respuesta, entonces debe hablarse de una iniciativa y de una incitación divinas. Evelyn Underhill, en su obra clásica Worship [Adoración], parte de una definición breve y difícil de superar: "La adoración, en todos sus grados y formas, es la respuesta de la criatura al Eterno..." (Evelyn Underhill, Worship (Nueva York: Harper & Row, 1957, 3).
Donald P. Hustad piensa que adoración "es la respuesta afirmativa, transformadora de los seres humanos, a la autorrevelación de Dios". (Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, trad. Olivia de Lerín, Bonnie de Martínez, J. Bruce Muskrat, Josie de Smith y Ann Marie Swenson (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1998, 118, 119).
Otras definiciones subrayan que la adoración responde a lo que Dios es y hace en favor de los hombres, sobre todo su disposición de darse a conocer. Para John Burkhart, la adoración es "una respuesta de celebración a todo lo que Dios ha hecho, está haciendo y promete hacer". (Russell P. Shedd, Adoração bíblica, 14).
Por su parte Andrew W. Blackwood destaca la idea de que "la adoración es la respuesta del hombre a la revelación que Dios ha hecho de sí mismo". (Harold L. Willmington, Auxiliar bíblico portavoi, trad. José Luis Martínez y Nelda Gaydou (Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 1995, 716).
En algunos casos la fuerza de la definición está en el reconocimiento humano de la dignidad de Dios y tiene que ver con el asombro de la criatura ante las cualidades divinas. Ralph P. Martin ve así que "la adoración es la celebración dramática de Dios en su dignidad suprema, de manera que su 'dignidad' se convierta en la norma e inspiración del vivir humano". (Ralph P. Martin, La teología de la adoración, 11).
En forma similar, Myron K. Widmer defIne simplemente la adoración como "el acto de atribuir dignidad a Dios". (Myron K. Widmer, "Worship by lmitating?", Adventist Review (October 3, 1985, 2).
Puede defInirse también la adoración de la iglesia como recordación de los hechos redentores de Dios en el pasado, al mismo tiempo que anticipación esperanzada del reino de Dios en el futuro.
Otras definiciones recuerdan que la adoración abarca la totalidad de la vida, esclarece sus prioridades y le da un nuevo sentido. Con todo su ser, hacer y decir, el hombre responde a todo lo que Dios es, dice y hace. (Warren W. Wiersbe, Real Worship (Nashville, Tennessee: Oliver-Nelson Books, 1986, 27).
Peterson reitera que una adecuada respuesta humana necesita ser orientada por la revelación objetiva de Dios y habilitada por su gracia. A su entender la "adoración aceptable signifIca aproximarse o comprometerse con Dios en los términos que él propone y en la manera que él hace posible". (David Peterson, Engaging with Cod: A Biblical Theology of Worship, 283).
A veces la vía negativa es útil, para aclarar lo que la adoración no es. Adoración, por ejemplo, no es actividad cristiana y buenas obras, no son actitudes y sentimientos piadosos, no es devoción privada, no es instrucción, aunque esté asociada con cada uno de estos tópicos. (Allen Cabaniss, Pattern in EarIY Christian Worship (Macon, Georgia: Mercer University Press, 1989, 61).
Tampoco la adoración corporativa es entretenimiento, compañerismo, exposición de las Escrituras o liturgia. Abarca y a la vez supera largamente todos estos asuntos. (J. David Newman, "La cruz, el centro de la adoración", Ministerio Adventista Julio-Agosto de 1992, 5).
Se propone ahora una definición que surge del sentido bíblico de la adoración: La adoración es la respuesta positiva, sumisa, obediente e integral del hombre redimido a la iniciativa de Dios de revelar sus atributos y acciones, sobre todo de creación, redención y providencia. El resto del trabajo será de alguna manera un desarrollo de este concepto fundamental.
No es difícil notar que la adoración se relaciona con las principales áreas de la doctrina cristiana. Como respuesta humana a la iniciativa divina, se vincula con la doctrina de Dios y con la doctrina del hombre. Como respuesta del hombre redimido a su Redentor, tiene que ver con la doctrina de la salvación. Si la adoración incluye instrucción, compañerismo y acciones litúrgicas, entonces se asocia con la doctrina de la iglesia. Si la adoración es confesión y anticipación de la futura intervención de Dios en la historia, involucra la doctrina de los eventos finales. De estos grandes temas de la Escritura deberán surgir los principios fundamentales de una adoración que responda a la voluntad revelada de Dios.
Pero, antes de realizar la búsqueda de un criterio revelado para la adoración, se hace necesario observar el desarrollo histórico de la adoración en importantes confesiones cristianas.
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