La seguridad del llamado
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R. Arrais
R. Arrais
Cuando conoces tu vocación, conoces tu ministerio. A lo largo de los años, he aprendido (y sigo aprendiendo!) a tomar lo bueno y lo malo, la crítica y el elogio, el fracaso y el éxito. Aunque sé que la experiencia de cada mujer es diferente, creo que si soy la esposa de un pastor, entonces Dios me ha llamado por una razón. Lo único que tengo que hacer es abrazar mi vocación y dejar que Dios me guíe según su voluntad.
Como socios, Jonas y yo trabajamos eficazmente en el ministerio al que Dios nos ha llamado. Cada uno de nosotros entendemos nuestro papel individual y servimos de acuerdo con los dones que Dios le ha dado a cada uno.
Trabajando juntos, nos regocijamos al experimentar las bendiciones de ver que nuestro ministerio alcanza nuevas alturas a medida que Dios trabaja a través de nosotros, individualmente y como equipo. En el proceso, nos convertimos en instrumentos de bendición y servicio para el rebaño y la comunidad. Un ministerio así solo puede ser nuestro si tenemos la seguridad del llamado. Esa vocación es triple:
1. Llamada por Dios.
Mi experiencia como socia de por vida de mi esposo, tanto en la vida familiar como en el ministerio, me dice que mi principal vocación está orientada a las relaciones. Estas relaciones tienen diferentes dimensiones, pero todas están entrelazadas. Todas tienen el mismo objetivo de construir la familia de Dios, tanto mi núcleo familiar como mi familia de la fe. Mi llamado exige que mi relación primaria sea con Dios. Es fundamental para todo lo demás: mi relación conmigo misma; mi vida espiritual y mis elecciones; mi relación con la pareja que Dios me ha dado y los hijos que tenemos juntos; y mi relación con la comunidad de creyentes con quienes alabo, testifico, sirvo y comparto mi fe.
A veces, las esposas de los pastores se desaniman y luchan con su rol. Pero una cosa que todos podemos hacer es vernos a nosotros mismos como vasijas elegidas para un momento como este, para una tarea como esta, y confiar en Dios que nos ha dado el privilegio y el honor de servir. ¡Este es el gozo verdadero!
Como cónyuge de un pastor, te pido que sigas el ejem. plo del Señor y camines en amor, estimándose uno al otro y disfrutándose entre sí. Te animo a que dejes de tratar de estar a la altura de las expectativas de todos los de más, tratando de complacer a todos. Dios quiere que seamos genuinos y él nos quiere dar poder. Su amor y sus promesas duraderas serán nuestra fortaleza y satisfacción mientras mantenemos nuestro corazón abierto a su conducción.
2. Llamada a cuidar de mi marido.
También he sido llamada para estar en una relación con Jonas. Cuando intercambiamos nuestros votos matrimoniales, me comprometí con él para toda la vida, para ser suya, para amar-lo, apreciarlo y ser parte de él en su vida, en el servicio, las alegrías y las tristezas. Con mucho gusto he dedicado mi amor y mi vida a cuidar y a apoyar a mi esposo.
No lo hago porque eso es lo que se espera de mí; lo hago porque eso es lo que soy. La instrucción bíblica de que en el matrimonio los "dos serán uno" me permite saber que soy necesaria tanto en la vida de mi esposo como en su ministerio. Cuando participo en actividades de la iglesia, es importante para mí crear una atmósfera de amor, paz y satisfacción para mi esposo. Al hacerlo, me convierto en una auténtica ayuda adecuada, no solo para atender sus necesidades, sino también para ayudarlo y proteger lo. Dentro de este compromiso sagrado, me convierto en consuelo, buena compañía, aliento, consejera, buena oyente y amiga comprensiva de mi esposo, y lo ayudo a cumplir su llamado como pastor y nuestro llamado como equipo ministerial.
Un fuerte sentido del llamado es crucial al abrazar el ministerio. Sin esta convicción, nos veremos abrumados por el estrés y las tensiones de la vida pastoral. ¿Por qué?
Porque no estamos totalmente convencidos. Podríamos fácilmente quedar resentidos por el tiempo y la energía que exige el ministerio pastoral. "Dios le ha asignado a la mujer [y, más aún, a la esposa del pastor] su misión; y si ella, humildemente, pero del mejor modo que pueda, hace de su hogar un cielo, cumpliendo con sus obligaciones para con su esposo e hijos fiel y amorosamente, tratando de hacer que su vida útil, pura y virtuosa emane continuamente una luz santa para iluminar a los que la rodean, está haciendo la obra que su Maestro le encomendó" 2Ti, 414.
3. Llamada a cuidar de mi familia.
Habiendo entrado en el estado sagrado del matrimonio, no solo tengo la responsabilidad de hacer de Dios el fundamento de nuestra relación y estar comprometido sin reservas con mi cónyuge, sino también tengo un compromiso vinculante con la familia que formamos: con nuestros hijos, que completan nuestra familia. Nosotros, como pareja pastoral, nos hemos comprometido a amarnos y estamos comprometidos a hacer de nuestro hogar un lugar donde nuestros hijos crezcan con la plena consciencia de que nuestro hogar es un lugar donde Dios reina. Su amor nos rodea a nosotros y a nuestros hijos por igual, para formar una unidad vinculante, y su presencia proporciona una atmósfera en la que nuestros hijos pueden experimentar lo que es tener un verdadero caminar con Dios. Intentamos manifestar constantemente ese caminar. A esa tarea desafiante me han llamado, y respondo de todo corazón: "Aquí estoy, Señor".
Pero eso no es todo. El concepto de familia va más allá de nuestro núcleo familiar, para abarcar a nuestra familia extendida: padres, hermanos, suegros, tías y tíos, sobrinas y sobrinos, y otros familiares. Como esposa de pastor, siento un llamado a mostrar nuestro amor, cuidado y preocupación por todos ellos y, al hacerlo, junto con mi esposo, demuestro cómo el ministerio adventista es un compromiso inclusivo, que muestra amor donde el amor se necesita, cuidado donde hay abandono, y amistad donde hay soledad.
Lo que hemos discutido hasta ahora define una tríada de mi llamado como esposa de pastor; vocación que tie. ne como objeto Dios, mi cónyuge y mi familia. Además de eso, hay al menos cuatro dimensiones del llamado, tal como lo señalaron Rachel Lovingood y Jennifer Landrith (In our shoes:Real life Issues for Minister’s wives (Nashville, Tennesseee:Lifeway, 2008), 13
Parafraseo a continuación:
Llamado específico. Esto se aplica a las parejas que experimentan un llamado claro a tener su propio ministerio. Ellos creen que Dios los ha llamado a ambos a convertirse en pastor y cónyuge pastoral. Un sentido de este llamado específico los prepara para las responsabilidades que exigen estos papeles. Están listos para ir, comprometidos con el ministerio en equipo.
Llamado general. Esto se aplica a las mujeres y los hombres que creen que Dios los ha llamado al ministerio, pero no saben en qué área específica. Al igual que el llamado específico, tienen confianza en sí mismos y en cómo deben servir. Se han preparado para el ministerio, pero no necesariamente como pastor o cónyuge de pastor. Sin embargo, están abiertos a cualquier ámbito al que Dios los llame.
Llamado inesperado. Aquí tenemos a una pareja que se desempeña en profesiones no ministeriales, pero llega el momento en que uno de ellos (o ambos) sien te un llamado al ministerio. A causa del cambio en la carrera, a veces no están seguros de su lugar en el ministerio y pueden sentirse inadecuados. Es posible que uno de ellos no esté preparado para este papel pero ambos avanzan por fe, creyendo que, si Dios ha llamado a uno de ellos al ministerio, también los ha llamado a ambos.
Llamado impersonal. Esto involucra a hombres y mujeres que no se sienten llamados al ministerio.
Ellos ven el pastorado como el trabajo de su cónyuge y no el suyo propio, y esto puede causar problemas no solo en el ministerio, sino también en su matrimonio. Estos cónyuges no tienen el deseo de desempeñar un papel de apoyo en el ministerio junto con sus esposos, y muy a menudo se resisten a involucrarse. Pueden apoyar el ministerio, pero siempre manteniendo distancia, y pueden lamentar el hecho de que su cónyuge sea pastor.
No importa en cuál de estas cuatro dimensiones caigan los pastores y sus cónyuges, la disposición del esposo y la esposa para ministrar es importante a medida que comienzan a trabajar en la obra que Dios les ha encomendado. Tanto el pastor como su cónyuge deben recibir "un sentido de llamado conjunto", y ambos deben estar en total acuerdo. Sin este llamado y compromiso, una pareja casada que ingresa en la vida del ministerio está emprendiendo un viaje desastroso tanto para su matrimonio como para la iglesia a la que sirven. Cuando toman decisiones sobre el curso del ministerio, Blake Neff dice que "la pareja debe proceder como un equipo y desarrollar o reconocer el llamado conjunto" Si primero no analizan y planifican trabajar como socios en un ministerio en equipo, cuando surjan tensiones y conflictos será difícil para el pastor servir a la iglesia de manera eficaz. En consecuencia, habrá tensión en el hogar, que se extenderá a su ministerio.
Un llamado único
Crecí como hija de pastor y, desde muy joven, tuve el deseo de trabaiar en el ministerio en la iglesia. No sabía si quería casarme con un pastor y criar a mi familia inmersa en el ministerio. Pero sí sabía que Dios me había dotado en ciertos aspectos y había diseñado pasiones específicas que impulsaban mi corazón para servirle en el ministerio. La posibilidad de ministrar junto a mi esposo fue un descubrimiento posterior que Dios, a su propio tiempo me reveló y que yo seguí.
Si has sentido un llamado similar en tu vida o si simplemente te enamoraste y te casaste con alguien que queria estar en el ministerio, Dios te ha colocado en una situación única para un propósito definido. Cuando las cosas se ponen difíciles, a menudo nos encontramos cuestionando los propósitos y los planes de Dios para nuestra vida, la vida de nuestro cónyuge y nuestro ministerio. Encuentro mucho consuelo y aliento en las promesas de Dios de cum. plir su llamado en mí, al escoger servir junto a mi esposo en el ministerio. Una de ellas se encuentra en el Salmo 139:
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares (vers. 2, 3).
...todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos (vers. 16).
No importa si sentiste este llamado de Dios desde una edad temprana o no. Dios sabía que serías la ayuda que tu cónyuge necesita. Antes de que nacieras, él sabía que tus días fueron diseñados para ser sacrificados, compar tidos, abiertos, reconocidos, moldeados, rotos, levantados, tamizados y bendecidos para el ministerio de Dios. Quiza temas vivir en los confines de una familia pastoral. Quiza te avergüence que se refieran a ti como la esposa del pas tor, y no según tus logros. Quizá sientas la profundidad de la soledad por la falta de amigos cercanos dentro de la congregación. Es posible que sientas el dolor de escuchar a personas de confianza que destruyen lo que tu cónyuge esta tratando de lograr. Es posible que sientas la carga de criar a tus hijos bajo la mirada crítica de tantos espectadores. La intensidad de esas emociones es muy real. La profundidad de esas luchas puede ser abrumadora. Pero cuando confías en Dios y le permites que trabaje en ti y por medio de ti, él convertirá esas situaciones tan humillantes en una bendición para ti.
Una bendición única
Para los cónyuges de muchos pastores, las bendiciones de su posición parecen ser escasas. Sin embargo, creo que por todos los sacrificios que hacemos por nuestras familias, la iglesia, la comunidad y, ante todo, nuestro Padre Celestial, nos bendecirán una y otra vez. Puede que no lo veamos al principio, es posible que tengamos que intentarlo muy duro, pero esas bendiciones vendrán. Estarán alli de muchas maneras.
Una de las mayores bendiciones que he encontrado en el ministerio ha sido el privilegio de ver de primera mano la acción de Dios. He tenido el privilegio de ser testigo de la mano de Dios que se mueve en la vida y el corazón de las personas, de una manera que la mayoría de las personas no pueden ver. B
Ser testigo de los milagros realizados por Dios me anima a ser firme en la oración. Cada vez que mi esposo sale por la puerta para ministrar, oro por él y por los involu-crados. Ya sea que esté orando por protección, sabiduría, discernimiento, verdad, o simplemente por el regreso seguro de mi esposo, pido a mi Padre celestial que mi amado realice su trabajo con éxito. El poder pedirle al Espíritu Santo que bendiga a Jonas me hace sentir divinamente favorecida.
Estas bendiciones también son reales para mi familia.
Si bien otros en el ministerio no pueden incluir su vida familiar en la vida de su iglesia, mi esposo y yo hemos elegido hacerlo. Nuestros hijos conocen a personas que de otro modo no conocerían: creyentes buenos, piadosos Y sabios que se relacionan e interactúan y dan testimonio de la verdad en sus vidas jóvenes. Los niños vida son testigo de lo bueno y de lo malo, y aprenden que la vida es una batalla entre los fuertes y los debiles, entre los valientes y los tímidos. Dios ama a todas y cada una de las personas. Y cuando servimos a los demás, finalmente lo estamos sirviendo a él.
Tantas mujeres en el mundo, y sin embargo, hay tan pocas preciosas esposas de pastor. Pensar que Dios escogió llamarme. ¡Qué privilegio y honor es ser la esposa de us pastor! Dios nos ha amado, capacitado, dotado y apoyado A través de su Espíritu Santo. Y cuando verdaderamente nos entregamos al servicio del Señor, las bendiciones que vienen a cambio son indescriptibles e incomprensibles; la evidencia de un Dios generoso y bondadoso.
Preguntas para la reflexión o discusión
1. ¿Qué ideas importantes presenta Elena de White en las siguientes citas?
"El Señor desearía tener a los ministros y sus esposas estrechamente unidos en esta obra. El esposo y la esposa pueden combinarse tan bien en la labor, que la esposa será el complemento del esposo"MP, 105.
"El ministro y su esposa deben salir juntos cuando esto sea posible. La esposa, con frecuencia puede trabajar junto a su marido cumpliendo una tarea noble. Puede visitar los hogares y ayudar a las amas de casa en una forma como su esposo no podría hacerlo" Ev, 493. Definir lo que significa el equipo pastoral.
2. ¿Cómo afectan la influencia y las tradiciones culturales a la comprensión de Génesis 2:18?
3. ¿Por qué es tan importante el sentido del llamado a tu ministerio como esposa de pastor?
4. ¿Cómo describes tu vocación única como ayuda adecuada?
Tenemos 5336 pastores en la DSA (2023). Perdemos 90 Pastores.
¿Cómo alguien que soñaba con el ministerio pierde su brillo?
Pensando en otras alternativas
- Voy a EEUU a estudiar
- Voy a abrir mi empresa
- Voy a hacer otra carrera
- Voy a atender mi familia
- Voy a emprender otros proyectos.
Luego dicen: Lo que más quiero es volver al ministerio.
Lo que viene por delante no va cambiar la iglesia. Las mayores amenazas no son para los miembros. Es para mí y para usted. Seremos sacudidos y tendremos tentaciones nunca antes vista.
Usted Pastor es muy precioso para esta iglesia. No deje que nada ni nadie arranque el llamado que fue colocado en su corazón por la persona maravillosa de Jesucristo.
Cargue sus cargas, sufra, derrame sus lágrimas, pida perdón por sus caídas que solo Dios sabe, mas no desista. Porque aquel que lo colocó en el ministerio es capaz de aparecer un día en las nubes del cielo y llamarte para recibir las ovejas que un día usted alcanzó a través de él.
Aquí en mi corazón tengo mucho dolor. Pero el dolor no me va a privar de ver la sonrisa de mi Salvador, por eso te perdono.
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