Homosexualidad
aRomanos 1:24-27
Ver:http://revistaadventista.editorialaces.com/2016/08/22/cambiando-el-plan-divino/
Una cuestión contemporánea explosiva
Pocos temas han ejercido tanto impacto en los últimos años como el tema de las relaciones entre personas del mismo sexo. (STOTT, 476 - Traducción Propia).
La cuestión ética que más deja los ánimos acalorados en nuestros días es probablemente el tema de la homosexualidad. Ha sido un tema de debate y controversia durante mucho tiempo. En la sociedad occidental y en las principales iglesias denominacionales, las tensiones están constantemente al límite.
"Los rápidos cambios sociales han revelado un nivel de aceptación sin precedentes de la homosexualidad... Eso sucede en una época en que muchos defensores del homosexualismo ven al cristianismo como una de las fuentes de resistencia principales a sus exigencias."(STOTT, 476 - Traducción Propia).
Por lo tanto, los obispos anglicanos, en la Conferencia de Lambeth (Londres) en 1998, declararon, en una votación de 526 a 70, que la homosexualidad es incompatible con las Escrituras. Esa iniciativa fue seguida de otro documento en el verano de 2002 con el título "Let the reader understand..."
[Que el lector entienda...], a petición del obispo de Nueva York, en el que nueve teólogos rechazaron la decisión de Lambeth con trece principios de interpretación de las Escrituras, pero sin siquiera presentar la exégesis de algún texto bíblico sobre el tema.
En las denominaciones religiosas, la postura sobre la homosexualidad varía ampliamente. Algunas denominaciones aceptan y apoyan a las personas LGBTQ+, mientras que otras mantienen una postura más conservadora. Cada grupo basa sus creencias en su interpretación de la Biblia y su tradición religiosa.
Es bueno considerar que “Toda propensión animal debe estar sujeta a las facultades superiores del alma.” HA, 128.
Así mismos que “La pasión y los afectos son agentes poderosos. ... Salvaguarda positivamente tus pensamientos, tus pasiones y tus afectos. No los degradéis dándoles concupiscencia. Elevad las pasiones y afectos” 2TI, 561 y 564.
El movimiento gay moderno
La primera persona en usar la palabra "homosexual" parece haber sido un médico suizo llamado K. M. Benkert, que la acuñó en 1869. Ciertamente, el mundo antiguo conocía la práctica de la homosexualidad, pero se convirtió en un tema de interés y preocupación modernos cuando, el 28 de junio de 1969, la policía cerró un bar gay en Stonewall, Nueva York. Los clientes, que fueron expulsados del lugar, respondieron mientras la policía buscaba protegerse en el establecimiento. Otra observación histórica importante es que, en 1974, la Asociación Americana de Psicología fue presionada por el lobby homosexual para eliminar la "Homosexualidad" de su lista de "condiciones patológicas" y ya no considerarla una perversión del patrón de las relaciones sexuales normales en sus categorías de trastornos psicológicos.
La homosexualidad o el "movimiento del derecho gay", como se conoce popularmente, pasó a ser debatida y promovida públicamente a partir de 1969. Antes de ese año, en 1966, el informe del British Council of Churches British Council of Churches] (BCC) sacudió el mundo cristiano con estas palabras:
"Ahora reconocemos que la homosexualidad y otras anomalías son mucho más comunes de lo que se pensaba". Ciertamente había pasado mucho tiempo desde la obra épica de Edward Gibbon (1734-1794), The rise and fall of the Roman Empire, (Edición en portugués: Declinio y caída del Imperio Romano (São Paulo:Compañía de Letras, 2005). en que él y una gran parte de la sociedad de su época consideraban la homosexualidad una amenaza maléfica para la seguridad de la sociedad. Incluso mucho antes de la época de Gibbon, un decreto británico aprobado en 1290 determinaba que un sodomita condenado fuera enterrado vivo; esta ley fue ralentizada por Enrique VIII en 1533 al cambiar su modo de ejecución. Finalmente, en 1861, la pena de muerte fue sustituida por la pena de cadena perpetua para casos de este tipo. Incluso en 1967, un inglés condenado por "Sodomia" podría ser sentenciado a pasar el resto de su vida en la cárcel.
Actualmente, la homosexualidad y el lesbianismo se han convertido en un tema de política y moralidad públicas. Los homosexuales protestan y presionan al Congreso por la igualdad de derechos a los de los heterosexuales. Reclaman nada menos que una aceptación completa de la forma de vida gay, libre de cualquier persecución, crítica, barreras legales y condena. Aunque representan solo alrededor del 2% (o como máximo el 5%) de la población, según algunas estimaciones, sus intereses a menudo controlan las acciones y su plena aceptación de los 98% de las personas en esta democracia! "Estas cifras son citadas con frecuencia por los ponentes, pero es muy difícil comprobarlas. Por lo que sé, nadie llegó a información verificable sobre el porcentaje exacto de la población homosexual.
"No todos son exclusivamente homosexuales o heterosexuales en su tendencia. Algunos descubren que son atraídos por personas del mismo sexo, aunque por poco tiempo" (STOTT, 466 - Traducción Propia).
"Una gran investigación realizada en Estados Unidos, a National Health and Social life Survey, publicada en 1994, constató que 2,7% de los hombres informaron haber tenido parejas sexuales del mismo género en el último año, 4,1% en los últimos 5 años y 4,9% endeude la edad de 18 años". (STOTT, 466 - Traducción Propia).
"El estudio descubrió que desde la pubertad 0,6% de los hombres habían practicado sexo solamente con muchachos u hombres y nunca con una compañera. Para las mujeres, la proporción es de 0,2... Un gran estudio británico más reciente descubrió que la proporción de hombres de edades entre los 16 y 44 años que habían tenido un compañero homosexual era de 5,4% con aquellos que habían tenido compañero homosexual en los últimos cinco años siendo 2,6%. Los índices equivalentes para mujeres eran sorprendentemente altos: 4,9% y 2,6%. Estos estudios sugieren que, en el mundo occidental, sin considerar las experiencias adolescentes, entre 3% y 5,5% de los hombres experimentaron un acto homosexual en la vida adulta, entre 1,5% y 4% de los hombres tuvieron un compañero homosexual en los últimos cinco años y menos del 2% de la población masculina y menos de 1% de la población femenina son exclusivamente homosexuales en inclinación y práctica" (STOTT, 467 - Traducción Propia).
Declaraciones IASD (GCSDA, 44)
Reafirmación del matrimonio cristiano
Durante las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sentido la necesidad de establecer con claridad y de diversas maneras su posición respecto al matrimonio, la familia y la sexualidad humana. Estos asuntos se encuentran en el centro mismo de las acuciantes problemáticas que tiene que enfrentar nuestra sociedad. Lo que durante siglos se venía considerando como moral cristiana básica en el contexto del matrimonio, está siendo cada vez más y más cuestionado, no solo en la sociedad secular, sino también en el seno de las propias iglesias cristianas.
Las instituciones de la familia y el matrimonio están sufriendo fuertes embestidas y enfrentan fuerzas centrífugas que las están destrozando. Un número cada vez mayor de países está debatiendo la cuestión de las uniones del mismo sexo, convirtiéndola en un asunto de interés mundial. Los debates públicos han provocado sentimientos encontrados. A la luz de estos acontecimientos, la Iglesia Adventista del Séptimo Día expone una vez más con claridad su posición.
Reafirmamos, sin la menor vacilación, nuestra posición histórica, tal y como ha sido expresada en la Creencia Fundamental número 23: «El matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado por Jesús para que fuera una unión para toda la vida entre un hombre y una mujer, en amante compañerismo» (Manual de la Iglesia, edición 2010, p. 178). Aunque «el pecado ha desvirtuado los ideales de Dios para el matrimonio y la familia», «los lazos familiares son los más estrechos, tiernos y sagrados de todas las relaciones humanas que se establecen en la tierra», por lo que «las familias necesitan experimentar una renovación y un cambio en sus relaciones» (ver declaración Reafirmación de la familia, 1990, pp. 47-48). Dios «instituyó el matrimonio como un pacto basado en la unión física, emocional y espiritual de los dos sexos, que las Escrituras definen como “una sola carne”[...] La unión matrimonial monógama de un hombre y una mujer es [...] el único ámbito moralmente apropiado para el contacto genital o la intimidad sexual[...]. Cualquier otra inferior a ese elevado ideal desvirtúa el propósito divino» (ver declaración Reafirmación del matrimonio, 1996, pp. 59-60).
La homosexualidad es una manifestación del trastorno y el quebrantamiento de las inclinaciones y relaciones humanas que se produjeron por la entrada del pecado a este mundo. Si bien todos estamos sujetos a una naturaleza humana caída, «creemos que, por la gracia de Dios y mediante el apoyo de la comunidad de la fe, cualquier persona puede vivir en armonía con los principios de la Palabra de Dios» (La homosexualidad, 1999, p. 160).
Sostenemos que todos los seres humanos, sin importar su orientación sexual, son hijos de Dios. No aprobamos que se señale a ningún grupo para hacerlo objeto de burlas o escarnio, y menos aún de abuso. A pesar de ello, está claro que la Palabra de Dios no aprueba el estilo de vida homosexual, ni lo ha hecho la iglesia cristiana a lo largo de sus dos mil años de historia. Los adventistas creemos que la enseñanza bíblica sigue siendo válida en el presente, porque está inscrita en la propia naturaleza del ser humano y en el plan de Dios para el matrimonio establecido.
Documento aprobado el 9 de marzo de 2004 por la Junta Administrativa de la Asociación General. en la Creación.
Diálogo e inclusividad
Timothy Keller propone 6 ideas al abordar un diálogo acerca de la homosexualidad:
1. Ama a tu prójimo. Sin importar si tu prójimo es gay, es cristiano o bien es un creyente a medias; despreciar o decir palabras insultantes son cosas que no tienen lugar en la fe cristiana y son respuestas que no deben darse en general a ninguna persona. Jesucristo fue muy abierto, muy solicito, muy amoroso en general. No importa si tu prójimo es ateo, hindú o gay, debes amarlo. "Si estereotipamos o nos estigmatizamos unos a otros, entonces no nos tratamos los unos a los otros con el respeto que cada persona merece" (STOTT, 466).
2. Si tu eres gay y tu amigo cristiano no coincide contigo en las visiones acerca de la sexualidad, el solo disentir y no compartir la misma visión, no significa que estás siendo juzgado. Es importante y justo decir eso. Solo porque alguien esté en desacuerdo contigo, no quiere decir que estás siendo juzgado.
3. La Biblia habla acerca de esto de una forma que no es ambigua. La Biblia dice que la homosexualidad no es la manera en que Dios diseñó que fuera usada la sexualidad. Fue creada para ser usada entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio. Y esa es una de las razones por las que muchas personas que sienten atracción hacia personas del mismo sexo batallan con la idea de volverse cristianos.
4. Es extremadamente importante que no dejes que tu sexualidad destruya tu objetividad. Si yo te pidiera: revisa toda la evidencia de la resurrección de Jesucristo, revisa la evidencia de la historicidad de los evangelios bíblicos, revisa la evidencia de Jesucristo quien afirmó ser Dios y define si era un mentiroso, un loco o el Señor del universo. Esos son grandes cuerpos de evidencia muy fuerte. Si yo te digo: ve y revisa todas esas evidencias. Quizás, concluyas que Jesús es el hijo de Dios. Si tú dices: "Oh, yo no quiero que sea verdad, porque quizás yo tendría que cambiar esto o aquello...". Tú no debes dejar que tu sexualidad destruya tu objetividad. Esta es la base: Si es verdad que Jesús es el hijo De Dios, entonces voy a hacer todo lo demás que diga la Biblia. Si no es el hijo de Dios que resucitó de los muertos ¿Qué importa lo demás que diga la Biblia? Pero si es el hijo de Dios, voy a tener que lidiar con eso, así que tienes que ir a eso primero.
5. Existen muchas personas en mi iglesia, en Manhattan, atraídas hacia personas del mismo sexo. han reconocido lo que dice la Biblia, han llegado a la conclusión de que Jesús es el hijo de Dios. Han llegado a la conclusión de que Dios les pide no ir en esa dirección y no usar la sexualidad de esa forma. Y por lo tanto ¿Qué han hecho? han hecho dos cosas:
Primeramente, han ESCOGIDO centrar su identidad en Cristo antes que en cualquier otra cosa. Cuando te vuelves cristiano, tu identidad cambia. En muchos de ustedes, quizás hoy, su factor principal de identidad, que te hace sentir bien contigo mismo y que te da un sentido distintivo de "soy una persona especial y soy lo que soy" es el hecho de que lograron ingresar a Oxford, o que eres una persona inteligente o una persona exitosa. O en el pasado que tendrás cierto status, o que pudiste llegar a ser profesor o pudiste entrar al mundo de los negocios. Todos sacamos nuestra identidad de algo y puedes sacarla de tu sexualidad, como decir: "soy una persona gay". Cuando te vuelves cristiano, cualquiera sea tu identidad, Cristo se vuelve lo primero. Soy cristiano primero y luego soy americano, blanco o negro, o atraído hacia personas del mismo sexo o de mi mismo sexo. Todas esas cosas ya son secundarias y ocupan un segundo lugar. Porque su amor se vuelve ahora lo más importante, que me hace tener esperanza, tener alto respeto y estima por mí mismo. Es su amor, no mi sexualidad u otro factor. Si tu haces ese cambio de identidad, eso cambia tu actitud hacia tus propios sentimientos. Tus sentimientos ya no serán quienes dirijan tus decisiones.
Al tomar a Cristo como el centro de tu identidad, tus necesidades de intimidad cambian.
6. Tus deseos sexuales son más maleables de lo que pudieras creer o de lo que tal vez puedas sentir en este momento. Cynthia Nixon, actriz de SEX AND THE CITY es una mujer gay, bueno ahora está viviendo con una mujer. Recientemente dio una entrevista que causó mucha controversia. Dijo que había estado con hombres por un buen rato, pero que ahora estaba con una mujer; y ella dijo: ES MI ELECCIÓN. Mucha gente se molestó cuando salió este artículo, porque dijeron: No, No, tus deseos sexuales no son una elección. Y estaban muy molestos de que ella dijera eso. La realidad es que somos más maleables de lo que pudiéramos pensar; y, por los tanto, no sabes que es lo que pasará en el futuro.
Si abrazas el cristianismo, y dices: quiero intimidad, pero lo más importante que sé es que Jesús es quien dijo, resucitó y es el hijo de Dios, toma a Jesús, hazlo el centro de tu identidad, y luego di: No sé como Dios va a usar el hecho de que aún batallo en ocasiones con la atracción hacia personas del mismo sexo, mas no voy a ir en esa dirección. Cómo me va a hacer más sabio, cómo me va a hacer más humilde, cómo me va aún a bendecir, cómo me va a abrir otras puertas, NO LO SÉ. Pero eso es parte del viaje, en cierto modo, es la aventura de esto.
Acerca de la maleabilidad de la sexualidad, a sus 81 años un filósofo declaró: “Ahora me pregunto si haber sido gay y haber luchado no habrá sido un error, como el de quien se toma demasiado en serio el fútbol. No sé si todo de lo que me ocupo no son velos que poco a poco irán cayendo. Pero bueno, de aquí a un cierto punto yo ya me despertaré muerto.” Gianni Vattimo - El último gran filósofo italiano vivo". El País 28/6/2019.
Entonces ¿Las relaciones con personas del mismo sexo son una opción cristiana? (STOTT, 467 - Traducción Propia).
Veremos 3 distinciones:
1. LA DISTINCIÓN ENTRE PECADOS Y CRÍMENES
Por lo menos desde el informe Wolfenden, de 1957, y la subsecuente Ley de crímenes sexuales de 1967, aprendimos a distinguir entre pecados y crímenes. El adulterio fue (de acuerdo con la ley de Dios) un pecado, pero en la mayoría de los países no es un crimen unible por el estado. Ahora bien, la violación es tanto un pecado como también un crimen. La ley de los crímenes sexuales de 1967, declaró que un acto homosexual realizado de forma privada entre adultos arriba de 21 años de mutuo consentimiento no debería ser un crimen penal. Sin embargo hay una gran diferencia entre descriminalizar un acto y legalizarlo.
Globalmente, las actitudes son muy diversas. En aproximadamente 70 países alrededor del mundo, las relaciones homosexuales son ilegales y en algunos de ellos son unibles con pena de muerte. En otros países, son condenados a estar en prisión por periodos largos y las personas son tratadas duramente. Algunas veces, esa antipatía por la homosexualidad puede amenazar los propios fundamentos de nuestra humanidad.
Tratarlos como menos que humanos es negar sus derechos humanos. Aquellos derechos que son inherentes a un ser humanos por el simple hecho de ser humano.
2. LA DISTINCIÓN ENTRE PREFERENCIA Y PRÁCTICA
Lo que abordamos aquí es la práctica homosexual (Por la cual una persona es responsable) y no la orientación o preferencia (por la cual él o ella no es responsable)
La importancia de esta distinción va más allá de la atribución de responsabilidad a la atribución de culpa. No podemos culpar a una persona por lo que es, pero sí por lo que hace. Y en todo debate sobre la homosexualidad debemos trazar rigurosamente las diferencias entre «ser» y «hacer», entre identidad y actividad de la persona, entre preferencia sexual y práctica sexual, entre constitución y conducta.
3. DISTINCIÓN ENTRE CASUAL Y COMPROMETIDO
Entre las prácticas homosexuales que son actos eventuales (y quizá anónimos) de autosatisfacción y aquéllas que (según sostienen algunos) son tan expresivas del auténtico amor humano como la relación sexual dentro del matrimonio. Ninguna persona homosexual responsable (ya sea cristiana o no) defiende las relaciones promiscuas de una noche y menos aún la violencia ni la corrupción de jóvenes y niños. En cambio, lo que algunos sostienen, en especial el llamado «Movimiento Cristiano Gay», es que el matrimonio heterosexual y la pareja homosexual estable son «dos alternativas igualmente válidas»,s siempre y cuando haya ternura, madurez y fidelidad.
De manera que la pregunta que se nos presenta no se refiere a las prácticas homosexuales de naturaleza eventual, sino a si los vínculos homosexuales (permanentes y de amor) son o no una alternativa cristiana. Nuestro propósito es someter a un escrutinio bíblico las actitudes predominantes (ya sea la plena aversión o la aprobación igualmente acrítica). ¿Es nuestra «preferencia» sexual una mera cuestión de gustos? ¿O es que Dios ha revelado su voluntad con respecto a una norma? Específicamente, ¿se puede comprobar que la Biblia autoriza los vínculos homosexuales estables, o que por lo menos no los condena? En verdad, ¿qué es lo que la Biblia condena?
Los diez principales textos bíblicos que condenan la homosexualidad
Tradicionalmente, los intérpretes de las Escrituras han encontrado advertencias contra la homosexualidad en diez pasajes:
1. Génesis 19:1-8;
2. Levítico 18:22;
3. Levítico 20:13;
4. Jueces 19:16-30;
5. Ezequiel 16:44-50;
6. Romanos 1:26, 27;
7. 1 Corintios 6:9-11;
8. 1 Timoteo 1:8-10;
9. 2 Pedro 2:6-8 y
10. Judas 6-8.
La interpretación de estos versículos varía ampliamente. Algunos argumentan que estos pasajes condenan todas las relaciones homosexuales sin excepción, mientras que otros sugieren que se refieren a prácticas específicas en contextos culturales antiguos y no se aplican a relaciones homosexuales monógamas y consensuadas en la sociedad actual.
Los dos Testamentos son bastante claros en su condena de la homosexualidad, ya sea masculina o femenina.
El fundamento de toda la comprensión de la sexualidad humana está en el plan de Dios presentado en Génesis 1 y 2.
En él, Dios restringió los sexos a solo dos géneros: masculino y femenino, no tres, cuatro o más. Enseñó que no era bueno que el hombre estuviera solo (Génesis 2:18), por lo que "formó" a Eva como corresponsal y compañera del hombre.
El hombre había sido instruido para "dejar" a padre y madre y, en su lugar, "unirse" a su esposa, para que fueran "una sola carne" (Génesis 2:24). Cinco elementos deberían ser las características distintivas de esta comprensión del amor matrimonial: fidelidad, permanencia, reconciliación, salud y plenitud, y sacrificio. ("Estas características son citadas por Peter C. Moore en "Homosexuality and the Great Commandment" (Ambridge: Trinity Episcopal School for Ministry, 2002), conferencia pronunciada en la Convención Anual de la Diócesis de Pittsburgh el 1 de noviembre de 2002).
La fidelidad se promete en el voto nupcial de "renunciar a todos los demás", ya que la pareja promete que la conducta y el amor de naturaleza sexual se restringirán el uno al otro. Los homosexuales desprecian claramente cualquier intento de limitar la sexualidad gay a la monogamia. En su revista The Advocate, un estudio realizado en 1995 con 2.500 de sus lectores homosexuales encontró que solo el 2% de ellos tenían una sola pareja hombre, mientras que el 57% tenía más de treinta parejas y el 35%, más de un centenar. Además, una pareja unida en matrimonio promete ante Dios y la iglesia reunida que su matrimonio será permanente - "hasta que la muerte nos separe".
La reconciliación también juega un papel importante en el matrimonio, ya que, después de los días de luna de miel, nos introducen humildemente en el misterio de tener a una persona del sexo opuesto trabajando con nosotros para beneficio mutuo.
Los opuestos se atraen, pero también se completan. Para los homosexuales, no hay una implicación moral en la distinción entre masculino y femenino. Nuestras distinciones biológicas hacen poca o ninguna diferencia para ellos.
El matrimonio heterosexual también proporciona salud y plenitud a nuestro cónyuge porque no nos exponemos mutuamente a los riesgos de salud que, por el contrario, predominan entre los que tienen una forma de vida gay. Los socios homosexuales se exponen mutuamente a serios problemas de salud, como explica, de manera comedida, Peter Moore: "El tejido que recubre el recto no es resistente y susceptible a la penetración como la pared de la vagina".
Por un momento, Moore deja de lado la discusión sobre el SIDA y llama nuestra atención sobre el hecho de que "el 75% de los hombres homosexuales tienen un historial de una o más enfermedades de transmisión sexual y cada año alrededor del 40% de ellos contraen estas enfermedades. Aunque se habla mucho de sexo seguro, el uso de condones no es del todo seguro".
Finalmente, el verdadero amor conyugal es sacrificial, ya que las parejas asumen, a largo plazo y de forma voluntaria, el propósito de criar hijos como una expectativa normal del matrimonio.
La procreación no es la única razón para el sexo y no siempre es posible en todos los matrimonios por una serie de razones, pero en general, el sexo no fue planeado para estar separado de la procreación o de los sacrificios que requiere, como el tiempo, el dinero, a veces la carrera, la salud y muchas otras cosas que "podrían haber sido diferentes en un mundo que, de otro modo, sería egoísta. El judaísmo y el cristianismo unieron el amor erótico, el matrimonio y la procreación. Los homosexuales no consideran el sexo como algo sacrificial en ningún aspecto o forma; al contrario, es egocéntrico y busca la propia satisfacción.
El problema es el siguiente: ¿cuál era el pecado del pueblo de Sodoma (y Gomorra) para merecer la destrucción? (STOTT, 357)
La interpretación cristiana tradicional ha sido que eran culpables de prácticas homosexuales, las cuales intentaron (en vano) infligir a los dos ángeles a quienes Lot había recibido en su casa. De ahí surge la palabra «sodomía». Pero Sherwin Bailey desafía esta interpretación por dos razones principales. En primer lugar, sostiene que es una suposición gratuita que el pedido de los hombres de Sodoma, «Sácalos, para que los conozcamos» (19:5 RV, énfasis mío), signifique «queremos acostarnos con ellos» (VP). La palabra hebrea que se traduce como «conocer» (yadha') ocurre 943 veces en el Antiguo Testamento, de las cuales sólo diez se refieren a la relación sexual, y en todo caso únicamente a relaciones heterosexuales. Sería más acertado traducir la frase «para que seamos presentados». Así podemos comprender la violencia de los hombres como enojo porque Lot se había excedido en sus derechos de residente extranjero, al recibir en su casa a dos extraños «cuyas intenciones podían ser hostiles y cuyas credenciales ... no habían sido examinadas». Derrick Sherwin Bailey, Homosexuality and the Westem Christian Tradition, Longmans, Green, 1955, 4.
En este caso el pecado de Sodoma fue invadir la privacidad del hogar de Lot y burlar el antiguo código de hospitalidad. Lot les rogó que desistieran: «a estos varones no hagáis nada», y explica la razón: «pues que vinieron a la sombra de mi tejado» (v. 8).
El segundo argumento de Bailey es que en ninguna otra parte del Antiguo Testamento se sugiere que la naturaleza del pecado de Sodoma haya sido homosexual. En cambio, Isaías da a entender que era la hipocresía y la injusticia social; Jeremías, el adulterio, el engaño y la maldad general; Ezequiel, la arrogancia, la avaricia y la indiferencia hacia los pobres. Luego Jesús mismo (aunque Bailey no menciona esto) en tres oportunidades hace referencia a los habitantes de Sodoma y Gomorra, y declara que el castigo será «más tolerable» para ellos en el día del juicio que para aquéllos que rechazan el evangelio. Sin embargo, en ninguna de estas referencias existe el menor indicio de inmoralidad homosexual. Sólo al llegar a los escritos apócrifos palestinos del siglo II AC., encontramos que el pecado de Sodoma se describe como una conducta sexual desnaturalizada. Esto halla eco claro en la epístola de Judas: «Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza...» (v.7), y en las obras de Filón y Josefo, escritores judíos que estaban escandalizados por las prácticas homosexuales de la sociedad griega.
Sherwin Bailey da el mismo enfoque a la historia de Gabaa, pues es muy similar. Otro residente extranjero (esta vez un «hombre viejo» anónimo) recibe en su casa a dos extraños (no ángeles sino un levita y su concubina). Unos hombres perversos rodean la casa y exigen lo mismo que los sodomitas: que el visitante fuese llevado afuera «para que lo conozcamos». El dueño de casa les ruega que no cometan esa maldad a su invitado, y luego les ofrece su hija y la concubina a cambio. Se sugiere nuevamente que el pecado de los hombres de Gabaa no fue la propuesta de relaciones homosexuales, sino la violación de las reglas de hospitalidad.
Si bien Bailey debe de haber sabido que su reconstrucción de las dos historias era a lo sumo tentativa, no obstante exageró al afirmar que «no existe la menor razón para creer, ni como hecho histórico ni como verdad revelada, que la ciudad de Sodoma y las ciudades vecinas fueron destruidas por causa de sus prácticas homosexuales». En cambio, la tradición cristiana sobre la «sodomía» se derivaría de fuentes apócrifas judías posteriores.
Pero el argumento de Sherwin Bailey no es convincente por una serie de razones:
1) Las palabras «maldad» y «mal» (Génesis 18:7; Jueces 19:23) no parecen las más apropiadas para describir la falta de hospitalidad;
2) el ofrecimiento de mujeres a cambio «da la impresión de que el episodio tiene alguna connotación sexual»;
3) si bien el verbo yadha'se emplea sólo diez veces con referencia a las relaciones sexuales, Bailey no menciona que seis de estos casos ocurren en Génesis y uno de ellos en la misma historia de Sodoma (con relación a las hijas de Lot quienes no habían «conocido varón», v. 8); y
4) para quienes tomamos en serio los documentos del Nuevo Testamento, la afirmación inequívoca de Judas no puede ser descartada como un mero error copiado de los escritos apócrifos judíos. Sin duda, la conducta homosexual no era el único pecado de Sodoma; pero, de acuerdo con las Escrituras, ciertamente era uno de ellos.
La objeción de Génesis 19:1-4. El libro que allanó el camino para una nueva interpretación bíblica fue la obra de 1955 titulada Homosexualidad y la tradición cristiana occidental (La homosexualidad y la tradición cristiana occidental, 5) de Derrick Sherwin Bailey. Bailey cuestionó la declaración en Génesis 19:5, en la que los hombres de Sodoma deseaban "conocer" ("tener relaciones con ellos") a los extranjeros (ángeles) que vinieron a la casa de Lot en Sodoma. Bailey afirmó que no había ninguna referencia a la homosexualidad en la palabra hebrea yada, "Conocer", porque los hombres de esa ciudad sólo querían "Conocer personalmente" a esos extranjeros, no "tener relaciones sexuales con" ellos. El argumento de Bailey, sin embargo, no se sustenta en el comentario sobre ese mismo incidente en Judas 7, y también está equivocado con respecto al significado de la palabra yada' en ese contexto.
LA DESTRUCCIÓN DE SODOMA (PATRIARCAS Y PROFETAS - CAPÍTULO 14)
La más bella entre las ciudades del valle del Jordán era Sodoma, situada en una llanura que era como el “huerto de Jehová” (Génesis 13:10) por su fertilidad y hermosura. Allí florecía la abundante vegetación de los trópicos. Allí abundaban la palmera, el olivo y la vid, y las flores esparcían su fragancia durante todo el año. Abundantes mieses revestían los campos, y muchos rebaños lanares y vacunos cubrían las colinas circundantes. El arte y el comercio contribuían a enriquecer la orgullosa ciudad de la llanura. Los tesoros del oriente adornaban sus palacios, y las caravanas del desierto proveían sus mercados de preciosos artículos. Con poco trabajo mental o físico, se podían satisfacer todas las necesidades de la vida, y todo el año parecía una larga serie de festividades. PP, 54.
La abundancia general dió origen al lujo y al orgullo. La ociosidad y las riquezas endurecen el corazón que nunca ha estado oprimido por la necesidad ni sobrecargado por el pesar. El amor a los placeres fué fomentado por la riqueza y la ociosidad, y la gente se entregó a la complacencia sensual. “He aquí—dice Ezequiel,—que ésta fué la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso. Y ensoberbeciéronse, e hicieron abominación delante de mí, y quitélas como vi bueno.” (Ezequiel 16:49, 50.) PP, 54.
Nada desean los hombres tanto como la riqueza y la ociosidad, y, sin embargo, estas cosas fueron el origen de los pecados que acarrearon la destrucción de las ciudades de la llanura. La vida inútil y ociosa de sus habitantes los hizo víctimas de las tentaciones de Satanás, desfiguraron la imagen de Dios, y se hicieron más satánicos que divinos. PP, 54.
La ociosidad es la mayor maldición que puede caer sobre el hombre; porque la siguen el vicio y el crimen. Debilita la mente, pervierte el entendimiento y el alma. Satanás está al acecho, pronto para destruir a los imprudentes cuya ociosidad le da ocasión de acercarse a ellos bajo cualquier disfraz atractivo. Nunca tiene más éxito que cuando se aproxima a los hombres en sus horas ociosas. PP, 54
Reinaban en Sodoma el alboroto y el júbilo, los festines y las borracheras. Las más viles y más brutales pasiones imperaban desenfrenadas. Los habitantes desafiaban públicamente a Dios y a su ley, y encontraban deleite en los actos de violencia. Aunque tenían ante sí el ejemplo del mundo antediluviano, y sabían cómo se había manifestado la ira de Dios en su destrucción, sin embargo, seguían la misma conducta impía. PP, 54.
Cuando Lot se trasladó a Sodoma, la corrupción no se había generalizado, y Dios en su misericordia permitió que brillasen rayos de luz en medio de las tinieblas morales. Cuando Abrahán libró a los cautivos de los elamitas, la atención del pueblo fué atraída a la verdadera fe. Abrahán no era desconocido para los habitantes de Sodoma, y su veneración del Dios invisible había sido para ellos objeto de ridículo; pero su victoria sobre fuerzas muy superiores, y su magnánima disposición acerca de los prisioneros y del botín, despertaron la admiración y el asombro. Mientras alababan su habilidad y valentía, nadie pudo evitar la convicción de que un poder divino le había dado la victoria. Y su espíritu noble y desinteresado, tan extraño para los egoístas habitantes de Sodoma, fué otra prueba de la superioridad de la religión a la que honró por su valor y fidelidad. PP, 54.
Melquisedec, al bendecir a Abrahán, había reconocido a Jehová como la fuente de todo su poder y como autor de la victoria: “Bendito sea Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano.” Génesis 14:19, 20. Dios estaba hablando a aquel pueblo por su providencia, pero el último rayo de luz fué rechazado, como todos los anteriores. PP, 54.
Y ahora se acercaba la última noche de Sodoma. Las nubes de la venganza proyectaban ya sus sombras sobre la ciudad condenada. Pero los hombres no las percibieron. Mientras se acercaban los ángeles con su misión destructora, los hombres soñaban con prosperidad y placer. El último día fué como todos los demás que habían llegado y desaparecido. La noche se cerró sobre una escena de hermosura y seguridad. Los rayos del sol poniente inundaron un panorama de incomparable belleza. La frescura del atardecer había atraído fuera de las casas a los habitantes de la ciudad, y las muchedumbres amantes del placer se paseaban gozando de aquel momento. PP, 54.
A la caída de la tarde, dos forasteros se acercaron a la puerta de la ciudad. Parecían viajeros que venían a pasar allí la noche. Nadie pudo reconocer en estos humildes caminantes a los poderosos heraldos del juicio divino, y poco pensaba la alegre e indiferente muchedumbre que, en su trato con estos mensajeros celestiales, esa misma noche colmaría la culpabilidad que condenaba a su orgullosa ciudad. Pero hubo un hombre que demostró a los forasteros una amable atención, convidándolos a su casa. Lot no conocía el verdadero carácter de los visitantes, pero la cortesía y la hospitalidad eran una costumbre en él, eran una parte de su religión, eran lecciones que había aprendido del ejemplo de Abrahán. Si no hubiera cultivado este espíritu de cortesía, habría sido abandonado para que pereciera con los demás habitantes de Sodoma. Muchas familias, al cerrar sus puertas a un forastero, han excluído a algún mensajero de Dios, que les habría proporcionado bendición, esperanza y paz. PP, 54.
En la vida, todo acto, por insignificante que sea, tiene su influencia para el bien o para el mal. La fidelidad o el descuido en lo que parecen ser deberes menos importantes puede abrir la puerta a las más ricas bendiciones o a las mayores calamidades. Son las cosas pequeñas las que prueban el carácter. Dios mira con una sonrisa complaciente los actos humildes de abnegación cotidiana, si se realizan con un corazón alegre y voluntario. No hemos de vivir para nosotros mismos, sino para los demás. Sólo olvidándonos de nosotros mismos y abrigando un espíritu amable y ayudador, podemos hacer de nuestra vida una bendición. Las pequeñas atenciones, los actos sencillos de cortesía, contribuyen mucho a la felicidad de la vida, y el descuido de estas cosas influye no poco en la miseria humana. PP, 54.
Conociendo Lot el maltrato a que los forasteros estarían expuestos en Sodoma, consideró deber suyo protegerlos, ofreciéndoles hospedaje en su propia casa. Estaba sentado a la puerta de la ciudad cuando los viajeros se acercaron, y al verlos, se levantó para ir a su encuentro, e inclinándose cortésmente, les dijo: “Ahora, pues, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis.”
Pareció que rehusaban su hospitalidad cuando contestaron: “No, que en la plaza nos quedaremos esta noche.” La intención de esta contestación era doble: probar la sinceridad de Lot, y también aparentar que ignoraban el carácter de los habitantes de Sodoma, como si supusieran que había seguridad en quedarse en la calle durante la noche. Su contestación hizo que Lot se sintiera más decidido a no dejarlos a merced del populacho. Repitió su invitación hasta que cedieron y le acompañaron a su casa. PP, 54.
Lot había esperado ocultar su intención a los ociosos que estaban en la puerta, llevando a los forasteros a su casa mediante un rodeo; pero la vacilación y tardanza de éstos, así como las instancias de él dieron tiempo a que los observaran; y antes de que se acostaran aquella noche, una muchedumbre desenfrenada se reunió alrededor de la casa. Era una inmensa multitud de jóvenes y ancianos, todos igualmente enardecidos por las más bajas pasiones. Los forasteros se habían informado del carácter de la ciudad, y Lot les había advertido que no se atrevieran a salir de la casa por la noche; en ese momento se oyeron los gritos y las mofas de la muchedumbre, que exigía que sacara afuera a los hombres. PP, 54.
Sabiendo Lot que si provocaba la violencia de esta gente, podrían derribar fácilmente la puerta de su casa, salió a ver si podía conseguir algo mediante la persuasión. “Os ruego—dijo,—hermanos míos, que no hagáis tal maldad.” Sirviéndose de la palabra “hermanos” en el sentido de vecinos, esperaba conciliárselos y avergonzarlos de sus malos propósitos. Pero sus palabras fueron como aceite sobre las llamas. La ira de la turba creció como una rugiente tempestad. Se burlaron de Lot por intentar hacerse juez de ellos, y le amenazaron con tratarle peor de cómo intentaban tratar a sus huéspedes. Se abalanzaron sobre él, y le habrían despedazado si no le hubiesen librado los ángeles de Dios. Los mensajeros celestiales “alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron las puertas.” Los sucesos que siguieron manifestaron el carácter de los huéspedes a quienes había alojado. “Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa desde el menor hasta el mayor, hirieron con ceguera; mas ellos se fatigaban por hallar la puerta.” Si por el endurecimiento de su corazón, no hubiesen sido afectados por doble ceguedad, el golpe que Dios les asestara los habría atemorizado y hecho desistir de sus obras impías. PP, 54.
Aquella última noche no se distinguió porque se cometieran mayores pecados que en otras noches anteriores; pero la misericordia, tanto tiempo despreciada, al fin cesó de interceder por ellos. Los habitantes de Sodoma habían pasado los límites de la longanimidad divina, “el límite oculto entre la paciencia de Dios y su ira.” Los fuegos de su venganza estaban por encenderse en el valle de Sidim. PP, 54
Los ángeles manifestaron a Lot el objeto de su misión: “Vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor de ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto Jehová nos ha enviado para destruirlo.” Los forasteros a quienes Lot había tratado de proteger, le prometieron a su vez protegerlo a él y salvar también a todos los miembros de su familia que huyeran con él de la ciudad impía. La turba ya cansada se había marchado, y Lot salió para avisar a sus yernos. Repitió las palabras de los ángeles: “Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad.” Pero a ellos les pareció que Lot bromeaba. Se rieron de lo que llamaron sus temores supersticiosos. Sus hijas se dejaron convencer por la influencia de sus maridos. Se encontraban perfectamente bien donde estaban. No podían ver señal alguna de peligro. Todo estaba exactamente como antes. Tenían grandes haciendas, y no les parecía posible que la hermosa Sodoma iba a ser destruída. PP, 54.
Lleno de dolor, regresó Lot a su casa, y contó su fracaso. Entonces los ángeles le mandaron levantarse, llevar a su esposa y a sus dos hijas que estaban aún en la casa, y abandonar la ciudad. Pero Lot se demoraba. Aunque diariamente se afligía al presenciar actos de violencia, no tenía un verdadero concepto de la abominable iniquidad y la depravación que se practicaban en esa vil ciudad. No comprendía la terrible necesidad de que los juicios de Dios reprimiesen el pecado. Algunos de sus cercanos se aferraban a Sodoma, y su esposa se negaba a marcharse sin ellos. A Lot le parecía insoportable la idea de dejar a los que más quería en la tierra. Le apenaba abandonar su suntuosa morada y la riqueza adquirida con el trabajo de toda su vida, para salir como un pobre peregrino. Aturdido por el dolor, se demoraba, y no podía marcharse. Si no hubiese sido por los ángeles de Dios, todos habrían perecido en la ruina de Sodoma. Los mensajeros celestiales asieron de la mano a Lot y a su mujer y a sus hijas, y los llevaron fuera de la ciudad. PP, 54.
Allí los dejaron los ángeles y se volvieron a Sodoma para cumplir su obra de destrucción. Otro, Aquel a quien había implorado Abrahán, se acercó a Lot. En todas las ciudades de la llanura, no se habían encontrado ni siquiera diez justos; pero en respuesta al ruego del patriarca, el hombre que temía a Dios fué preservado de la destrucción. Con vehemencia aterradora se le dió el mandamiento: “Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.” Cualquier tardanza o vacilación sería ahora fatal. El retrasarse por echar una sola mirada a la ciudad condenada, el detenerse un solo momento, sintiendo dejar un hogar tan hermoso, les habría costado la vida. La tempestad del juicio divino sólo esperaba que estos pobres fugitivos escapasen. PP, 54.
Pero Lot, confuso y aterrado, protestó que no podía hacer lo que se le exigía, por temor a que le ocurriera algún mal que le causara la muerte. Mientras vivía en aquella ciudad impía, en medio de la incredulidad, su fe había disminuído. El Príncipe del cielo estaba a su lado, y sin embargo rogaba por su vida como si el Dios que había manifestado tanto cuidado y amor hacia él no estuviera dispuesto a seguir protegiéndole. Debiera haber confiado plenamente en el mensajero divino, poniendo su voluntad y su vida en las manos del Señor, sin duda ni pregunta alguna. Pero como tantos otros, trató de hacer planes por sí mismo: “He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá, (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma.” La ciudad mencionada aquí era Bela, que más tarde se llamó Zoar. Estaba a pocas millas de Sodoma, era tan corrompida como ésta, y también condenada a la destrucción. Pero Lot rogó que fuese conservada, insistiendo en que era poco lo que pedía; y lo que deseaba le fué otorgado. El Señor le aseguró: “He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado.” ¡Cuánta es la misericordia de Dios hacia sus extraviadas criaturas! PP, 54.
Otra vez se le dió la solemne orden de apresurarse, pues la tempestad de fuego tardaría muy poco en llegar. Pero una de las personas fugitivas se atrevió a mirar hacia atrás, hacia la ciudad condenada, y se convirtió en monumento del juicio de Dios. Si Lot mismo no hubiese vacilado en obedecer a la advertencia del ángel, y si hubiese huído con prontitud hacia las montañas, sin una palabra de súplica ni de protesta, su esposa también habría podido escapar. La influencia del ejemplo de él la habría salvado del pecado que selló su condenación. Pero la vacilación y la tardanza de él la indujeron a ella a considerar livianamente la amonestación divina. Mientras su cuerpo estaba en la llanura, su corazón se asía de Sodoma, y con Sodoma pereció. Se rebeló contra Dios porque sus juicios arrastraban a sus hijos y sus bienes a la ruina. Aunque fué muy favorecida al ser llamada a que saliera de la ciudad impía, creyó que se la trataba duramente, porque tenía que dejar para ser destruídas las riquezas que habían acumulado con el trabajo de muchos años. En vez de aceptar la salvación con gratitud, miró hacia atrás presuntuosamente deseando la vida de los que habían despreciado la advertencia divina. Su pecado mostró que no era digna de la vida, por cuya conservación sentía tan poca gratitud. PP, 54.
Debiéramos guardarnos de tratar tan ligeramente las benignas medidas que Dios toma para nuestra salvación. Hay cristianos que dicen: “No me interesa ser salvo, si mi esposa y mis hijos no se salvan conmigo.” Les parece que sin la presencia de los que les son tan queridos, el cielo no sería el cielo para ellos. Pero, al albergar tales sentimientos, ¿tienen un concepto justo de su propia relación con Dios, en vista de su gran bondad y misericordia hacia ellos? ¿Han olvidado que están obligados por los lazos más fuertes del amor, del honor y de la fidelidad a servir a su Creador y Salvador? Las invitaciones de la misericordia se dirigen a todos; y porque nuestros amigos rechazan el implorante amor del Salvador, ¿hemos de apartarnos también nosotros? La redención del alma es preciosa. Cristo pagó un precio infinito por nuestra salvación, y porque otros la desechen, ninguna persona que aprecie el valor de este gran sacrificio, o el valor del alma, despreciará la misericordia de Dios. El mismo hecho de que otros no reconozcan los justos requerimientos de Dios debiera incitarnos a honrar al Creador con más diligencia, y a inducir a todos los que alcance nuestra influencia a aceptar su amor. PP, 54.
“El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.” Los claros rayos matutinos parecían anunciar sólo prosperidad y paz a las ciudades de la llanura. Empezó el ajetreo de la vida diaria por las calles; los hombres iban por sus distintos caminos, a su negocio o a los placeres del día. Los yernos de Lot se burlaban de los temores y advertencias del caduco anciano. PP, 54.
De repente, como un trueno en un cielo despejado, se desató la tempestad. El Señor hizo llover fuego y azufre del cielo sobre las ciudades y la fértil llanura. Sus palacios y templos, las costosas moradas, los jardines y viñedos, la muchedumbre amante del placer, que la noche anterior había injuriado a los mensajeros del cielo, todo fué consumido. El humo de la conflagración ascendió al cielo como si fuera el humo de un gran horno. Y el hermoso valle de Sidim se convirtió en un desierto, un sitio que jamás había de ser reconstruído ni habitado, como testimonio para todas las generaciones de la seguridad con que el juicio de Dios castiga el pecado. PP, 54.
Las llamas que consumieron las ciudades de la llanura transmiten hasta nuestros días la luz de su advertencia. Se nos enseña la temible y solemne lección de que mientras la misericordia de Dios tiene mucha paciencia con el transgresor, hay un límite más allá del cual los hombres no pueden seguir en sus pecados. Cuando se llega a ese límite, se retira el ofrecimiento de la gracia y comienza la ejecución del juicio. PP, 54.
El Redentor del mundo declara que hay pecados mayores que aquellos por los cuales fueron destruídas Sodoma y Gomorra. Los que oyen la invitación del Evangelio que llama a los pecadores al arrepentimiento, y no hacen caso de ella, son más culpables ante Dios que los habitantes del valle de Sidim. Mayor aun es el pecado de los que aseveran conocer a Dios y guardar sus mandamientos, y sin embargo, niegan a Cristo en su carácter y en su vida diaria. De acuerdo con lo indicado por el Salvador, la suerte de Sodoma es una solemne advertencia, no meramente para los que son culpables de pecados manifiestos, sino para todos aquellos que están jugando con la luz y los privilegios que vienen del cielo. PP, 54.
El Testigo fiel dijo a la iglesia de Efeso: “Tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” Apocalipsis 2:4, 5. PP, 54.
Con una compasión más tierna que la que conmueve el corazón de un padre terrenal que perdona a su hijo pródigo y doliente, el Salvador anhela que respondamos a su amor y al perdón que nos ofrece. Dice a los extraviados: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros.” Malaquías 3:7. Pero si el pecador se niega obstinadamente a responder a la voz que le llama con compasivo y tierno amor, será abandonado al fin en las tinieblas. El corazón que ha menospreciado por mucho tiempo la misericordia de Dios se endurece en el pecado, y ya no es susceptible a la influencia de la gracia divina. Terrible será la suerte de aquel de quien por último el Salvador declare: “Es dado a ídolos.” Oseas 4:17. En el día del juicio, la suerte de las ciudades de la llanura será más tolerable que la de aquellos que reconocieron el amor de Cristo y, sin embargo, se apartaron para seguir los placeres de un mundo pecador. PP, 54.
Vosotros que despreciáis los ofrecimientos de la misericordia, pensad en la larga serie de asientos que se acumulan contra vosotros en los libros del cielo; pues allá se registra la impiedad de las naciones, las familias y los individuos. Dios puede soportar mucho mientras se lleva la cuenta, y puede enviar llamados al arrepentimiento y ofrecer perdón; sin embargo, llegará el momento cuando habrá completado la cuenta; cuando el alma habrá hecho su elección; cuando por su propia decisión el hombre habrá fijado su destino. Entonces se dará la señal para ejecutar el juicio. PP, 54.
Hay motivo para inquietarse por el estado religioso del mundo actual. Se ha jugado con la gracia de Dios. La multitud ha anulado la ley de Dios “enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.” Mateo 15:9. La incredulidad prevalece en muchas iglesias de nuestra tierra; no es una incredulidad en el sentido más amplio, que niegue abiertamente la Sagrada Escritura, sino una incredulidad envuelta en la capa del cristianismo, mientras mina la fe en la Biblia como revelación de Dios. La devoción ferviente y la piedad viva han cedido el lugar a un formalismo hueco. Como resultado prevalece la apostasía y el sensualismo. Cristo declaró: “Asimismo también como fué en los días de Lot; ... como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.” Lucas 17:28-30. El registro diario de los acontecimientos atestigua el cumplimiento de estas palabras. El mundo está madurando rápidamente para la destrucción. Pronto se derramarán los juicios de Dios, y serán consumidos el pecado y los pecadores. PP, 54.
Dijo nuestro Salvador: “Mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra,” sobre todos aquellos cuyos intereses se concentran en este mundo. “Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir y de estar en pie delante del Hijo del hombre.” Lucas 21:34-36 PP, 54.
Antes de destruir a Sodoma, Dios mandó un mensaje a Lot: “Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.” La misma voz amonestadora fué oída por los discípulos de Cristo antes de la destrucción de Jerusalén: “Y cuando viereis a Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes.” Lucas 21:20, 21. No debían detenerse para salvar algo de su hacienda, sino aprovechar lo mejor posible la ocasión para la fuga. PP, 54.
Hubo una salida, una separación decidida de los impíos, una fuga para salvar la vida. Así fué en los días de Noé; así ocurrió en el caso de Lot; así en el de los discípulos antes de la destrucción de Jerusalén, y así será en los últimos días. De nuevo se oye la voz de Dios en un mensaje de advertencia, que manda a su pueblo separarse de la impiedad creciente. PP, 54.
La depravación y la apostasía que existirán en los últimos días en el mundo religioso se le presentó al profeta Juan en la visión de Babilonia, “la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra.” Apocalipsis 17:18. Antes de que sea destruída se ha de oír la llamada del cielo: “Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas.” Apocalipsis 18:4. Como en días de Noé y Lot, es necesario separarse decididamente del pecado y de los pecadores. No puede haber transigencia entre Dios y el mundo, ni se puede volver atrás para conseguir tesoros terrenales. “No podéis servir a Dios y a Mammón.” Mateo 6:24 PP, 54.
Como los habitantes del valle de Sidim, la gente sueña ahora con prosperidad y paz. “Escapa por tu vida,” es la advertencia de los ángeles de Dios; pero se oyen otras voces que dicen: “No os inquietéis, no hay nada que temer.” La multitud vocea: “Paz y seguridad,” mientras el Cielo declara que una rápida destrucción está por caer sobre el transgresor. En la noche anterior a su destrucción, las ciudades de la llanura se entregaban desenfrenadamente a los placeres, y se burlaron de los temores y advertencias del mensajero de Dios; pero aquellos burladores perecieron en las llamas; en aquella misma noche la puerta de la gracia fué cerrada para siempre para los impíos y descuidados habitantes de Sodoma. PP, 54.
Dios no será siempre objeto de burla; no se jugará mucho tiempo con él. “He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores.” Isaías 13:9 La inmensa mayoría del mundo desechará la misericordia de Dios, y será sumida en pronta e irremisible ruina. PP, 54.
Pero el que presta oídos a la advertencia y “habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.” “Escudo y adarga es su verdad.” Para el tal es la promesa: “Saciarélo de larga vida, y mostraréle mi salud.” Salmos 91:1, 4, 16. PP, 54.
Lot habitó poco tiempo en Zoar. La impiedad reinaba allí como en Sodoma, y tuvo miedo de quedarse, por temor a que la ciudad fuese destruída. Poco después Zoar fué destruída, tal como Dios lo había proyectado. Lot se fué a los montes y vivió en una caverna, privado de todas las cosas por las cuales se había atrevido a exponer a su familia a la influencia de una ciudad impía. Pero hasta allá le siguió la maldición de Sodoma. La infame conducta de sus hijas fué la consecuencia de las malas compañías que habían tenido en aquel vil lugar. La depravación moral de Sodoma se había filtrado de tal manera en su carácter, que ellas no podían distinguir entre lo bueno y lo malo. Los únicos descendientes de Lot, los moabitas y amonitas, fueron tribus viles e idólatras, rebeldes contra Dios, y acérrimos enemigos de su pueblo. PP, 54.
¡Cuán grande fué el contraste entre la vida de Lot y la de Abrahán! Una vez habían sido compañeros, habían adorado ante el mismo altar, y habían morado juntos en sus tiendas de peregrinos. Pero ¡qué separados estaban ahora! Lot había elegido a Sodoma en busca de placer y beneficios. Abandonando el altar de Abrahán y sus sacrificios diarios ofrecidos al Dios viviente, había permitido a sus hijos mezclarse con un pueblo depravado e idólatra; sin embargo, había conservado en su corazón el temor de Dios, pues las Escrituras lo llaman “justo.” 2 Pedro 2:7. Su alma justa se afligía por la vil conversación que tenía que oír diariamente, y por la violencia y los crímenes que no podía impedir. Fué salvado, por fin, como un “tizón arrebatado del incendio” Zacarías 3:2, pero fué privado de su hacienda, perdió a su esposa y a sus hijos, moró en cuevas como las fieras, en su vejez fué cubierto de infamia, y dió al mundo no una generación de hombres piadosos, sino dos naciones idólatras, que se enemistaron contra Dios y guerrearon contra su pueblo, hasta que, cuando la medida de su impiedad estuvo llena, fueron condenadas a la destrucción. ¡Qué terribles fueron las consecuencias que siguieron a un solo paso imprudente! PP, 54.
El sabio Salomón dice: “No trabajes por ser rico; pon coto a tu prudencia.” “Alborota su casa el codicioso: mas el que aborrece las dádivas, vivirá.” Proverbios 23:4; 15:27. Y el apóstol Pablo declara: “Los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte.” 1 Timoteo 6:9. PP, 54.
Cuando Lot se estableció en Sodoma, estaba completamente decidido a abstenerse de la impiedad y a “mandar a su casa después de sí” que obedeciera a Dios. Pero fracasó rotundamente. Las corruptoras influencias que le rodeaban afectaron su propia fe, y la unión de sus hijas con los habitantes de Sodoma vinculó hasta cierto punto sus intereses con el de ellos. El resultado está ante nosotros. PP, 54.
Muchos continúan cometiendo un error semejante. Cuando buscan donde establecerse, miran las ventajas temporales que pueden obtener, antes que las influencias morales y sociales que los rodearán a ellos y a sus familias. Con la esperanza de alcanzar mayor prosperidad, escogen un país hermoso y fértil o se mudan a una ciudad floreciente; pero sus hijos se ven rodeados de tentaciones, y muy a menudo entran en relaciones poco favorables al desarrollo de la piedad y a la formación de un carácter recto. El ambiente de baja moralidad, de incredulidad, o indiferencia hacia las cosas religiosas, tiende a contrarrestar la influencia de los padres. La juventud ve por todas partes ejemplos de rebelión contra la autoridad de los padres y la de Dios; muchos se unen a los infieles e incrédulos y echan su suerte con los enemigos de Dios. PP54 165.3
Al elegir un sitio para vivir, Dios quiere que consideremos ante todo las influencias morales y religiosas que nos rodearan a nosotros y a nuestras familias. Podemos encontrarnos en posiciones difíciles, pues muchos no pueden vivir en el medio en que quisieran. Pero dondequiera que el deber nos llame, Dios nos ayudará a mantenernos incólumes, si velamos y oramos, confiando en la gracia de Cristo. Pero no debemos exponernos innecesariamente a influencias desfavorables a la formación de un carácter cristiano. Si nos colocamos voluntariamente en un ambiente mundano e incrédulo, desagradamos a Dios, y ahuyentamos a los ángeles de nuestras casas. PP, 54.
Los que procuran para sus hijos riquezas y honores terrenales a costa de sus intereses eternos, comprenderán al fin que estas ventajas son una terrible pérdida. Como Lot, muchos ven a sus hijos arruinados, y apenas salvan su propia alma. La obra de su vida se pierde; y resulta en triste fracaso. Si hubiesen ejercido verdadera sabiduría, sus hijos habrían tenido menos prosperidad mundana, pero tendrían en cambio seguro derecho a la herencia inmortal. PP, 54.
La herencia que Dios prometió a su pueblo no está en este mundo. Abrahán no tuvo posesion en la tierra, “ni aun para asentar un pie.” hechos 7:5. Poseía grandes riquezas y las empleaba en honor de Dios y para el bien de sus prójimos; pero no consideraba este mundo como su hogar. El Señor le había ordenado que abandonara a sus compatriotas idólatras, con la promesa de darle la tierra de Canaán como posesión eterna; y sin embargo, ni él, ni su hijo, ni su nieto la recibieron. Cuando Abrahán deseó un lugar donde sepultar sus muertos, tuvo que comprarlo a los cananeos. Su única posesión en la tierra prometida fué aquella tumba cavada en la peña en la cueva de Macpela. PP, 54.
Pero Dios no faltó a su palabra; ni tuvo ésta su cumplimiento final en la ocupación de la tierra de Canaán por el pueblo judío. “A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente.” Gálatas 3:16. Abrahán mismo debía participar de la herencia. Puede parecer que el cumplimiento de la promesa de Dios tarda mucho; pues “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día;” puede parecer que se demora, pero al tiempo determinado “sin duda vendrá; no tardará.” 2 Pedro 3:8; Habacuc 2:3. PP, 54.
La dádiva prometida a Abrahán y a su simiente incluía no sólo la tierra de Canaán, sino toda la tierra. Así dice el apóstol: “No por la ley fué dada la promesa a Abraham o a su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” Romanos 4:13. Y la Sagrada Escritura enseña expresamente que las promesas hechas a Abrahán han de ser cumplidas mediante Cristo. Todos los que pertenecen a Cristo, “ciertamente la simiente de Abrahán” son, “y conforme a la promesa los herederos,” herederos de la “herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse,” herederos de la tierra libre de la maldición del pecado. Porque “el reino, y el señorío, y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo,” será “dado al pueblo de los santos del Altísimo;” y “los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz.” Gálatas 3:29; 1 Pedro 1:4; Daniel 7:27; Salmos 37:11. PP, 54.
Dios dió a Abrahán una vislumbre de esta herencia inmortal, y con esta esperanza, él se conformó. “Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa: porque esperaba ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios.” Hebreos 11:9, 10. PP, 54.
De la descendencia de Abrahán dice la Escritura: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra.” Tenemos que vivir aquí como “peregrinos y advenedizos,” si deseamos la patria “mejor, es a saber, la celestial.” Los que son hijos de Abrahán desearán la ciudad que él buscaba, “el artífice y hacedor de la cual es Dios.” Hebreos 11:13, 16.
La objeción de los Jueces 19.
Bailey trató la historia de Gabaá en Jueces 19 de la misma manera. Pero, si en ese caso era solo una cuestión de hospitalidad, ¿por qué el dueño de la casa en esa ciudad rogó a sus compatriotas que no hicieran este "mal" (Jueces 19:23) y luego ofreció de manera sorprendentemente a su hija en el lugar del hombre para satisfacer sus deseos?
La objeción de Levítico 18:22 y 20:13. Otros intentan rechazar los dos textos de Levítico 18:22 y 20:13 alegando que forman parte del Código de Santidad, que se aplica a los sacerdotes y a su pureza ritual. Según este argumento, si se debe mantener la exigencia del texto en relación con la sexualidad, entonces ¿qué pasa con las otras exigencias en ese mismo contexto que advierten contra la plantación de dos especies diferentes?
Sin embargo, el principio común detrás de estas leyes era la preocupación por lo que era el orden de la creación "según su especie". También había un aspecto moral, ya que con la mezcla de semillas el resultado podría ser un tipo de hibridación, que limitaría gravemente el potencial de la semilla de esa cosecha para germinar con vigor similar al de la cosecha del año anterior. Del mismo modo, el ciclo menstrual mostraba simbólicamente que solo Dios, no el marido, tenía soberanía sobre la mujer. Estos pasajes en Levítico, por lo tanto, no se refieren exclusivamente al sacerdocio y a las disposiciones rituales. Es simplemente imposible afirmar que el sexo con animales (Levítico 18:23) o el sexo ilícito con una hija (Levítico 18:17) eran moralmente irrelevantes para el público en general. De hecho, Levítico 18 contrasta entre las prácticas de naciones paganas, como Egipto y Canaán, y el comportamiento moral esperado del pueblo de Dios.
El cuestionamiento de la oposición paulina a la homosexualidad.
Nuevamente, los que se oponen al patrón bíblico sobre la sexualidad humana explicaron incorrectamente que los tres textos del Nuevo Testamento (Romanos 1:26, 27; 1 Corintios 6:9-11; 1 Timoteo 1:8-10) son sólo exhortaciones a la templanza y la moderación, sin oposición a la homosexualidad. La lista de pecados de Pablo en los pasajes de Corintios y Timoteo advirtió que los “Hombres prostitutos” (gr, malakoi, lit., "suave al tacto") y los “Violadores homosexuales" (Gr., arsenokoitai, lit., "hombres en la Cama") no heredarán el reino de Dios.
La sustitución de las relaciones sexuales naturales por relaciones contrarias a la naturaleza.
Consideremos entonces las palabras de Pablo en Romanos 1:24-27 como un pasaje que resume bien la enseñanza bíblica sobre la homosexualidad.
Texto: Romanos 1:24-27
Título: "La sustitución de las relaciones sexuales naturales por las relaciones contrarias a la naturaleza"
Punto central: " (Ellos] intercambiaron sus relaciones naturales por las contrarias a la naturaleza"
Palabra clave de la exposición: Sustituciones
Pregunta: ¿Cómo han sustituido los mortales la verdad de Dios?
Esbozo:
I. La sustitución de la pureza sexual por la impureza (Romanos 1:24)
II. La sustitución de la verdad de Dios por la mentira (Romanos 1:25)
III. La sustitución de las relaciones naturales por las contrarias a la naturaleza: Mujeres (Romanos 1:26)
IV. La sustitución de las relaciones naturales por las contrarias a la naturaleza: Hombres (Romanos 1:27)
Sustituir - Ocupar (una persona o una cosa) el lugar o puesto de otra.
Es poner una cosa o a una persona en el lugar o puesto de otra.
I. La sustitución de la pureza sexual por la impureza (Romanos 1:24)
Pocos textos del Nuevo Testamento han sufrido tantos ataques notorios a su enseñanza como Romanos 1:24-27. El centro de toda la discusión está en el significado de la palabra griega physis en los versículos 26 y 27. En lugar de traducir esa palabra por "Relaciones naturales", John Boswell, Lecha Scanzoni y Virginia Mollenkott, además de muchos otros, tradujeron el término “natural” por "¿qué es natural para mí? (John Boswell, Christianity, social tolerance and homosexuality (Chicago: University of Chicago Press, 1980), p. 107-17; Virginia R. Mollenkott; Lecha Scanzoni, Is the homosexual my neighbor? Another Christian view (San Francisco: Harper, 1978), 61.
Desde la perspectiva de estos autores, Pablo no está condenando la homosexualidad; en cambio, está castigando a los heterosexuales que actúan como homosexuales ("pervertidos) en un contexto de idolatría y lascivia. Pablo, como afirman, no condena a los verdaderos homosexuales, que nacieron "invertidos", por practicar lo que está de acuerdo con su naturaleza. Este es el contexto en el que todo este pasaje debe entenderse en la objeción actual a la forma común de interpretación bíblica.
La apostasía de los paganos en los versículos 21-23, que comienza en las áreas religiosa y teológica, culmina en una idolatría extrema al final del versículo 23. Es debido a esta infidelidad religiosa que la retribución divina debe venir sobre estos apóstatas. La retribución de Dios solo ocurre porque hay un pecado que necesita ser juzgado.
La retribución divina es la entrega (v. 26, 27) de estas mismas personas a la impureza. Es interesante observar que el pecado en la esfera religiosa se castiga en la esfera moral. Así, la locución "según los deseos pecaminosos de su corazón" (v. 24) describe la condición moral en la que se encuentran estas personas ahora. Por lo tanto, aunque fueron entregados a la "impureza", esa impureza no resultó de la acción judicial de Dios, sino de ellas mismas. En otros textos paulinos, la palabra "impureza" aparece relacionada con las aberraciones sexuales (2 Corintios 12:21; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; Colosenses 3:5; 1 Tesalonicenses 4:7).
Por lo tanto, estos paganos fueron entregados a una condición moral existente. Por esa razón, "degradan jam ...] sus cuerpos entre sí" (v. 24b). Como John Murray resumió la situación:
La desaprobación de Dios se expresa en su abandono de las personas de que el texto habla a la práctica más intensa y exacerbada de los deseos de su propio corazón, teniendo como resultado el hecho de que cosechan para sí mismos una venganza retributiva proporcionalmente mayor.
II. La sustitución de la verdad de Dios por la mentira (Romanos 1:25)
La verdad de Dios en este contexto se refiere a lo que ha enseñado y a quién es en la grandeza de su ser y de su gloria.
Dios ha hecho conocido su ser y su verdad a través de su palabra y la revelación de sí mismo. Increíblemente, esto se invirtió, así como hombres y mujeres comenzaron a adorar y servir a la criatura en lugar del Creador que trajo a la existencia todas las cosas creadas.
La sustitución fue tonta, ya que consideró la obra de Dios más grande y merecedora de más atención, amor, adoración y culto que el Creador de todas las cosas. Actualmente, algunas personas se sienten más atraídas por la salvación de las ballenas que por la salvación de los bebés humanos o por la gratitud a Dios por haber creado las ballenas.
El versículo 25 termina con una doxología que proviene de una irrupción de alabanza espontánea por quién es Dios y lo que ha hecho. Pablo añade su "Amén" a esta doxología, ya que es aterradora la estupidez de los seres humanos y la forma totalmente equivocada en que suelen entender las cosas.
III. La sustitución de las relaciones naturales por las contrarias a la naturaleza: Mujeres (Romanos 1:26)
Otra razón por la que Dios entregó a los paganos a este juicio de "Pasión vergonzosa". Ahora, Pablo finalmente mencionará cuáles son esas vergonzosas pasiones. Son mujeres que sustituyen el uso natural de su sexualidad por otro contrario a la naturaleza: mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres.
Es evidente que tiene en mente aquí las formas lesbianas de perversión sexual. Las mujeres, en lugar de demostrar su delicada naturaleza, ahora se entregan a la degeneración homosexual. Como se trata de mujeres, Pablo no entra en detalles, como lo hace en el siguiente versículo con los hombres. Sin embargo, ellos claramente "Abandonaron las relaciones naturales por las relaciones contrarias a la naturaleza" (TA). El uso natural de las funciones sexuales de la mujer ocurre en una relación matrimonial con un hombre.
Pero aquí el énfasis, por desgracia, está en el carácter "contrario a la naturaleza" de esta corrupción. El sexo como Dios había planeado es ahora profanado en formas lesbianas de relaciones sexuales con otras mujeres. Esto es contrario a la naturaleza y, por lo tanto, debe considerarse una forma de perversión opuesta al plan de Dios para el sexo creado por él.
IV. La sustitución de las relaciones naturales por las contrarias a la naturaleza: Hombres (Romanos 1:27)
Ahora, en el versículo 27, la inmoralidad de la homosexualidad masculina se describe con más detalle. Tres oraciones son especialmente importantes:
(1) "los hombres también abandonaron las relaciones naturales con las mujeres",
(2) "se inflamaron de pasión entre sí",
(3) "los hombres practicaron actos indecentes con otros hombres*. Todo esto era contrario a la honorable unión heterosexual basada en el orden natural de las cosas establecidas por Dios.
La principal ofensa en el acto homosexual está en la afrenta directa a Dios al abandonar el plan y la función divinamente designados a la sexualidad humana. Cuando abandonamos a Dios y sus instrucciones, claramente estamos haciendo del Señor nuestro enemigo y desafiando su Ley y sus caminos, como si fueran inútiles y sin sentido. Sin embargo, él, que se sienta en los cielos, no tolerará fácilmente este tipo de afrenta. Esto suscitará su sentencia de juicio y su castigo.
La intensidad de la pasión sexual también se expresa en la palabra "inflamaron". Este no es el mismo tipo de "ardor" que Pablo menciona en 1 Corintios 7.9, donde los deseos sexuales normales están buscando la solución planeada por Dios. Esta condición inflamada es un deseo pervertido y distorsionado y está fuera del plan de Dios para el sexo. Y una pasión ilegítima y totalmente contraria a la naturaleza.
De manera bastante directa, Paulo finalmente afirma que lo que está mal aquí es que "los hombres han practicado actos indecentes con otros hombres". Toda la cuestión es "vergonzosa" (cf. Efesios 5:12), y es repugnante incluso mencionarla entre personas decentes. En lugar de que los hombres actúen como personas con dignidad, valor y respeto, como criaturas totalmente hechas a imagen exclusiva de Dios, actúan como animales sin límites o moral en su sexualidad.
En la conclusión de este breve pasaje, el autor hace una retrospectiva de los versículos 24-26 y busca resumir los resultados de este abandono como consecuencia de la apostasía de la comunidad.
Se añade un nuevo pensamiento: "recibieron en sí mismos el castigo merecido por su perversión". Por lo tanto, hay una estrecha correspondencia entre el pecado y el castigo. Abandonar la adoración al único y verdadero Dios condujo a estas inmoralidades antinaturales que pervirtieron las relaciones sexuales normales convirtiéndolas en actos indecentes y contrarios a la naturaleza entre personas del mismo sexo. La confusión moral de sus nuevas deserciones ha aumentado la devasidad en la sociedad y entre personas del mismo sexo a niveles inimaginables. Una ceguera que ocurría ante la plena luz de la revelación de Dios.
El juicio de 1 Corintios 6:9, 10 no es menos severo, porque si no hay un completo arrepentimiento y un cambio en la forma de vida homosexual, Pablo advierte:
"¿No sabéis que los perversos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni inmorales, ni idólatras, ni adúlteros, ni prostitutas ni violadores homosexuales, ni ladrones, ni avaros, ni alcohólicos, ni calumniadores, ni tramposos heredarán el reino de Dios".
Lleno de misericordia, Pablo añade en el versículo 11: "Así fueron algunos de ustedes". Damos gracias a Dios por la purificación, el perdón y la curación de toda rebelión contra él a los que creerán a través de su muerte en la cruz.
Conclusiones
"Al reflexionar sobre el mensaje de la Biblia y las exigencias de nuestra cultura, necesitamos reafirmar nuestra convicción en la autoridad de las Escrituras. Si vacilamos en nuestra fe acerca de lo que Dios nos habló en las escrituras, entonces estaremos a merced de las conjeturas y opiniones. Sin embargo, también necesitamos ser sensibles al hecho de que estamos lidiando con las emociones de las personas, su identidad sexual y sus sueños de encontrar amor y aceptación. Somos llamados a decir la verdad, pero somos llamado a decir la verdad con amor." (STOTT, 465 - Traducción Propia).
"A final de cuentas, no existe en la Biblia un fenómeno como "un homosexual", existen solo personas personas hechas a la imagen de Dios. Todos compartimos de la gloria y de la tragedia de ser humanos y compartimos eso, tanto en nuestra sexualidad como en otras áreas de nuestra vida. Podemos desaprobar las prácticas homosexuales, pero no tenemos la libertad para deshumanizar a aquellos que se envuelven en ellas. Todos somos frágiles y vulnerables y nadie es impecable sexualmente, a no ser Jesús. Si bien, no debemos tener miedo de emitir juicios acerca de lo que es correcto o incorrecto a la luz de las Escrituras, no debemos adoptar una postura crítica. Seremos juzgados por la misma vara con que juzgamos a otros. Nadie tiene el derecho de ser moralmente superior. Además, pecados sexuales no son los únicos pecados, ni siquiera son los más pecaminosos; el orgullo y la hipocresía, sin duda, son peores". (STOTT, 466 - Traducción Propia).
1. Aunque algunos orígenes inmediatos de la atracción homosexual siguen siendo oscuros, en última instancia, esta atracción debe estar relacionada con nuestra naturaleza pecaminosa y nuestra rebelión contra Dios.
2. El Nuevo Testamento menciona a muchos que habían participado en prácticas homosexuales, pero que pasaron a ser identificados como personas que ya no practicaban la homosexualidad.
3. Actualmente, muchas personas creen que la ciencia ha identificado un factor causante biológico / genético que hace que la condición homosexual esté más allá del control de la persona, pero esta evidencia no se ha encontrado. Se sabe que los patrones familiares y las diferencias cerebrales pueden tener alguna influencia, sin embargo, en la mayoría de los casos, incluso cuando están completamente identificados, pueden considerarse solo como causas contribuyentes, no la causa verdadera o definitiva.
4. El poder del evangelio es mayor que cualquier pasión inflamada por otra persona del mismo sexo. Si el evangelio no es capaz de transformar esta área, ¿cómo podemos confiar en su acción en nuestra resurrección en el último día?
Preguntas:
1. ¿Hay algún peligro en la sustitución de reglas, códigos, leyes y moral sin vida por medios dinámicos y actualizados a través de los cuales Dios pueda volver a hablar en nuestra época, como lo hizo en el pasado?
2. ¿Es posible que Dios haya cambiado de opinión desde que nos reveló originalmente su enseñanza sobre la homosexualidad en el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Dios ha cambiado alguna vez de idea?
3. ¿Influye nuestra experiencia en la forma en que entendemos las Escrituras? Si es así, ¿no estarían nuestras experiencias en una posición de autovalidación y fuera del alcance o del juicio bíblico?
4. Si hay cosas que alguna vez fueron prohibidas en la Biblia, pero ahora están permitidas, entonces parte de la Ley de Dios solo tiene un propósito temporal, como los aspectos civiles o ceremoniales. ¿Pueden las regulaciones contra la homosexualidad ser tratadas como parte de alguna de estas leyes?
GENERAL CONFERENCE OF SEVENTH-DAY ADVENTISTS. Declaraciones, Orientaciones y otros documentos. Gema: Florida:GEMA, 2011.
STOTT, John, Os Cristãos e os desafíos contemporãneos. Mina Gerais: Ultimato, 2014.
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