Necesitamos Pastores entrenadores
Hay una gran necesidad de pastores como entrenadores, educadores y maestros. Rubén Jaimes diría que un pastor con visión de entrenador es “la auténtica misión bíblica del pastor, del genuino pastor maestro, del siervo fiel y ministro de Jesús”.28 Y es que cuando el pastor cumple la misión, la misión se cumple. ¿Cómo puede ser posible que le pidamos a la iglesia que cumpla la misión sin haberla entrenado? Es como enviar a la guerra a soldados bien armados, pero sin entrenamiento. Sábado a sábado, en reuniones y más, salen los expositores y predicadores motivando a la iglesia a salir a cumplir la misión pero sin lograr mucho cambio, ¿la razón? No estamos entrenando. Estamos sermoneando mucho y entrenando poco o casi nada.
¿Cuál es la misión del pastor?
Pablo en su epístola a los Efesios dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11, 12). Claramente, el pastor–maestro no es una visión moderna de coaching pastoral, sino que es bíblica. El pastor es un maestro y el maestro es un pastor. El pastor, es entonces, llamado a ser un entrenador. Esa es la visión bíblica. Elena G. de White tiene algunas citas que pueden ampliar la misión del pastor entrenador:
“Cada iglesia debe ser una escuela práctica de obreros cristianos. Sus miembros deberían aprender a dar estudios bíblicos, a dirigir y enseñar clases en la Escuela Sabática, a auxiliar al pobre y cuidar al enfermo, y trabajar en pro de los inconversos”. MC, 107.
“En toda iglesia, los miembros deben ser adiestrados de tal manera que dediquen tiempo a ganar almas para Cristo. ¿Cómo puede decirse de la iglesia: “Vosotros sois la luz del mundo”, a menos que sus miembros estén realmente impartiendo luz? Despierten y comprendan su deber los que están encargados del rebaño de Cristo, y pongan a muchas almas a trabajar”.30
“Cristo quiere que sus ministros sean educadores de la iglesia en la obra evangélica. Han de enseñar a la gente a buscar y salvar a los perdidos”.31
“Se necesita mucho menos predicación. Más tiempo debe dedicarse a educar pacientemente a los demás, dando a los oyentes la oportunidad de expresarse. Es instrucción lo que muchos necesitan, línea sobre línea, precepto sobre precepto, aquí un poco y allá otro poco”. Ev, 248.
Todas las citas en las que Elena G. de White destaca al pastor como entrenador, adiestrador, educador, maestro y capacitador están en el contexto misionero. Eso es misión.
Algunos dicen que no hay tiempo para entrenar ni educar a la iglesia por la sobrecarga de actividades en el calendario eclesiástico. Sin embargo, no tienes que inventar más reuniones, usa las que la iglesia ya viene usando hace años: la Clase de Maestros de Escuela Sabática. Si tú ya estás convencido de que es necesario tener pastores entrenadores, debes tener en cuenta algo muy importante: No puedes entrenar si no eres entrenador.
No tengo tiempo para entrenar
Recuerda que un entrenador puede llevar a su equipo a lograr el campeonato o llevarlo a “la baja”. De ahí que deben entrenar con intención, propósito y dirección. Un centro de entrenamiento debe tener tres elementos: Enseñanza, Entrenamiento y Evaluación.
Pagar el precio
Quizás te sientas tentado a decir: Está bien, vamos a entrenar a la iglesia, seré un pastor entrenador, pero no me pidas resultados. ¡Cuidado!
Un pastor entrenador va a trabajar duro y va a tener resultados, mejores resultados que cuando trabajaba sin entrenar a su iglesia. Cuando decirnos “pagar el precio”, es sinónimo de trabajar más, trabajar con el foco claro, pero no implica no tener resultados. No implica tener menos bautismos, tener una iglesia que no lea la Biblia o que no tenga más grupos pequeños y clases bíblicas. No. Eso no es pagar el precio. Pagar el precio es estar dispuesto a trabajar más y ser feliz entrenando y preparando a una iglesia para el encuentro con su SEÑOR.
Finalmente, si queremos tener una iglesia fuerte en el cumplimiento de la misión, entonces vamos a entrenar más y sermonear menos.
"Si luchamos con la fuerza del Todopoderoso, estaremos del lado que finalmente vencerá. Al final resultaremos triunfadores. La obra más grandiosa, las escenas más peligrosas están delante de nosotros. Debemos hacer frente al mortal conflicto. ¿Estamos preparados para ello? Dios todavía habla a los hijos de los hombres. Está hablando de muchas formas distintas. ¿Oiremos su voz? ¿Colocaremos nuestras manos con toda confianza en las suyas, y diremos: “Condúceme, guíame”?
Existe religión barata en abundancia, pero no existe un cristianismo barato. El yo puede figurar mayormente en una falsa religión, pero no puede aparecer en la experiencia cristiana. Sois colaboradores de Dios. “Separados de mí —dijo Cristo—, nada podéis hacer”. No podemos ser pastores del rebaño a menos que seamos despojados de nuestros propios hábitos, modales y costumbres peculiares y seamos transformados a la semejanza de Cristo". (TM, 339)
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