Estrutura y Organización Eclesiástica
"¿Qué es una estructura?
Estructura significa la manera de organización o construcción. En el caso de la iglesia, aquí se aplica el principio de crecimiento de Jesús: el vino nuevo del Espíritu requiere de odres nuevos (Lc. 5:38). Estructura es la relación subyacente y relativamente estable entre elementos, partes o pautas en un todo unificado y organizado. Por estructura funcional se entiende la determinación de los roles que deben desempeñar los miembros de una organización social, de los que se espera (hasta el punto de poder predecirlo) un comportamiento y unas actitudes determinadas. Tales roles suelen estar regulados en el documento organizador de la institución, y constituyen los derechos y obligaciones de los miembros. Toda iglesia o comunidad de fe tiene una estructura funcional. Según sea ésta, la iglesia será más o menos efectiva en el cumplimiento de su misión.
Así, pues, las estructuras son las distintas maneras predefinidas en que los grupos e individuos se organizan y relacionan los unos con los otros. La estructura tiene que ver con el patrón de estatus y roles interrelacionados establecidos en una sociedad u otro grupo en un momento particular, y que constituye un conjunto relativamente estable de relaciones sociales. Esta estructura permite a los individuos de una sociedad o comunidad saber de qué manera se pueden comunicar y actuar junto con los otros miembros de la misma. La estructura juega una parte importante en la tarea misionera. Sin su comprensión, el agente misionero corre el riesgo de asumir un papel que restringirá seriamente el proceso de comunicación y le restará eficacia al conjunto.
Como señalara CLADE I: “Las estructuras sociales influyen sobre la iglesia y sobre los receptores del evangelio. Si se desconoce esta realidad se desfigura el evangelio y se empobrece la vida cristiana.”
La estructura presente de la iglesia no puede acomodar a las multitudes de personas que serán salvos en los próximos años. El gran derramamiento del Espíritu de Dios sobre toda carne (Joel 2:28) necesitará de nuevas estructuras para contener y preservar esta abundante cosecha de almas. La estructura organizacional presente no es capaz de cuidar y de mantener contacto con ellos a medida que la iglesia se haga más grande. Suele ocurrir que a medida que una iglesia crece, demasiadas personas son dejadas de lado y se las deja ir, aún en iglesias más pequeñas. La estructura presente de la iglesia no anima a hacer discípulos ni a la multiplicación. Hace falta desarrollar estructuras flexibles y que le permitan a la iglesia crecer todo lo que pueda, conforme a la voluntad de Dios." (Iglesia Celular, 113)
¿Por qué hace falta un cambio de estructuras?
El mundo ha cambiado y la iglesia no se ha adaptado. Algunos de los cambios mayores son: gran aumento de la urbanización; horarios de trabajo continuados; más personas solas y hogares con un solo padre; más mujeres que trabajan fuera del hogar; profusión de entretenimientos y actividades de todo tipo, etc. Nuestra sociedad ha cambiado, pero por cientos de años la iglesia ha tenido básicamente la misma estructura para sus actividades. Ya no somos mayormente familias con un padre y una madre, que viven en el campo sin otro entretenimiento que el que proveen las reuniones de la iglesia. Los cristianos tenemos el hábito de “ir a la iglesia” los domingos por la mañana, pero no así los pecadores. Sin embargo, los hábitos no son fáciles de cambiar.
Además, los cristianos hemos sido entrenados para ser espectadores, y lo somos. La mayor parte de la actividad cristiana consiste en escuchar sermones. La gente recibe conferencias sobre lo que tiene que hacer, más que entrenamiento concreto a través de la práctica. Los expertos dicen que nos olvidamos alrededor del 90% de lo que escuchamos, pero casi nada de lo que hacemos. Es decir, aprendemos haciendo. Jesús dijo, “Síganme,” no “Escúchenme.” El Señor no quiere meramente “oidores” del evangelio sino “hacedores,” hombres y mujeres que aprendan de él y su acción redentora cómo servir en un mundo en necesidad.
Cuando no entrenamos a la gente para que entrene a otros, los estamos entrenando para que ellos no entrenen a nadie. La Biblia nos enseña que todo produce según su especie (Gé. 1:11, 24). Si el pastor y los líderes de la iglesia no producen líderes, no habrá líderes en la iglesia y, como resultado, tampoco habrá crecimiento, por más buenos sermones que se prediquen desde el púlpito. Las personas son entrenadas por lo que nosotros hacemos, mucho más que por lo que decimos. Más que nada, en este momento y en muchas partes, la realidad nos indica que los cristianos se están entrenando para asistir a reuniones y escuchar sermones. Sea lo que fuere que los pastores o líderes hagan invirtiendo su tiempo, siempre comunicarán a la gente que lo que ellos expresan a través de sus acciones es lo más importante. De modo que, aún inconscientemente, es allí donde la gente va a poner sus prioridades. La razón por la que hacemos lo que hacemos es muy simple: generalmente hacemos lo que hemos visto hacer a otros.
Lo que muchas iglesias evangélicas están haciendo hoy no es escriturario. Están entrenando a los creyentes para no hacer nada y esperar cruzados de brazos el retorno de Cristo. Deberíamos, más bien, seguir el ejemplo de Jesús y de Pablo. Jesús nos dio una Gran Comisión, un mandato en cuanto a lo que debemos hacer mientras aguardamos su glorioso retorno (Mateo 28:19, 20). Cuando él llamó a sus primeros seguidores no los llamó simplemente para que escucharan lo que tenía para enseñar, sino para aprender a servir como él sirvió (Marcos 3:14; 9:30, 31; Mateo 4:19). En el caso de Pablo, el apóstol cumplió su ministerio rodeado permanentemente de “aprendices de la misión” (Hechos 20:4) y se preocupó de que este sistema de “aprender haciendo” fuese continuado por sus discípulos (2 Timoteo 2:2). En esto, Pablo mismo siguió el modelo de Jesús de entrenar a sus discípulos y comisionarlos para entrenar a otros.
¿Qué clase de estructura se necesita hoy?
La iglesia celular ha demostrado ser la estructura más adecuada para el crecimiento de la iglesia y el cumplimiento de su tarea de evangelización y discipulado en el mundo hoy. Y esto es así porque se ajusta mejor a las características de una iglesia dinámica y en crecimiento. Entre estas características es posible mencionar a las siguientes, que definen mayormente a la estructura celular. ¿Qué clase de estructura eclesiástica se necesita hoy?
(1) Una que esté centrada en Dios y en la Biblia, y no centrada en el ser humano o en un edificio eclesiástico.
(2) Una con una visión mundial, que contemple la posibilidad de alcanzar al mundo en esta generación.
(3) Una en la que las personas sean entrenadas para caminar con Dios y servirlo en el poder del Espíritu Santo en el mundo.
(4) Una en la que las personas se puedan identificar como miembros de la iglesia, tanto en forma personal como colectiva.
(5) Una en la que las personas puedan recibir regularmente enseñanza de parte de la iglesia y compartirla con otros, entendiendo que la mejor manera de aprender algo es enseñárselo a otros.
(6) Una en la que las personas adoran a Dios, también a través de sus ofrendas y una buena mayordomía de toda su vida.
(7) Una diseñada para acomodar y alentar la multiplicación de los discípulos, es decir, una iglesia diseñada para la multiplicación, con incentivos para hacerlo.
(8) Una que pueda manejar el crecimiento rápido y que quite los límites o impedimentos para tal crecimiento.
(9) Una que cambie al cristianismo de ser un mero entretenimiento para espectadores, es decir, la estructura debe permitir la participación de todos los miembros de la iglesia en el cumplimiento de la misión.
(10) Una capaz de mantener el cuidado de las personas y el contacto con ellas, o sea, la estructura debe asegurarnos que las personas no sea descuidadas u olvidadas, sino que reciban un cuidado y atención pastoral personalizado. Las personas no deben ser simplemente un número en una computadora, o una cara sentada en medio de una multitud.
(11) Una que no esté restringida por el tiempo o la ubicación, es decir, las personas deben ser ayudadas allí donde se encuentran y como se encuentran. Las personas no deben ser forzadas a cambiar sus horarios, a abandonar sus trabajos o a mudarse para recibir nuestra ayuda.
(12) Una que no esté centrada en un edificio, o sea, en lugar de tener todas las reuniones a una hora y en un lugar determinado cada semana, la gente debe poder reunirse en tiempos y lugares convenientes para ellos.
(13) Una que no fuerce a la gente a cambiar drásticamente sus horarios, ya que los hábitos son muy difíciles de cambiar.
(14) Una capaz de desarrollar una abundancia de líderes, y que los aliente a permanecer y madurar en su ministerio.
(15) Una que tenga definido un sistema de control de calidad, es decir, que permanentemente evalúe el proceso de crecimiento integral, al tiempo que recoge información útil para la toma de decisiones y la definición de las estrategias a seguir (estadísticas, rendición de cuentas, informes, etc.), que son fundamentales en un proceso de multiplicación.
(16) Una que no restrinja el ministerio a aquellos que están capacitados o formados profesionalmente, ya que cada miembro de la iglesia debe estar activamente involucrado en la multiplicación.
(17) Una en la que las personas son entrenadas y alentadas a reproducirse espiritualmente en la vida de otros.
(18) Una en la que las personas son entrenadas haciendo más que diciendo, es decir, una iglesia en la que hay más acción y menos discursos.
(19) Una en la que hay más recursos financieros disponibles para aquellos que ministran. Este ha sido uno de los problemas más restrictivos en la mayor parte de las estructuras presentes.
(20) Una en la que se siga la cosmovisión de Jesús y los apóstoles, y no la cosmovisión prevaleciente en el mundo. Esto significa, una cosmovisión donde lo sobrenatural no es la excepción sino la regla, y donde la guerra espiritual es el marco hermenéutico para la acción cristiana.
Se podrían agregar varias características más del tipo de estructura que hace falta hoy para un cumplimiento más efectivo de la misión en el mundo. No obstante, con las señaladas puede verse fácilmente que la estructura celular parece ser la más adecuada a este fin.
¿Por qué la estructura celular es más efectiva?
¿Cuáles son las ventajas relativas de usar una estructura celular para la organización de la iglesia? Hay ciertos valores que permiten responder a este interrogante.
Valor cuantitativo. La estructura celular hace posible que la iglesia se acerque a más personas para servirlas en menos tiempo y con menores costos económicos, de personal y de esfuerzo. Además, la estructura celular facilita la tarea de conservación, discipulado y entrenamiento de los nuevos creyentes, y acelera y aumenta la incorporación de más personas a la vida de la comunidad de fe.
Valor cualitativo. Las personas que nos rodean están quebrantadas, desorientadas, sus grupos de pertenencia naturales están hechos añicos (familia, matrimonio, compañeros de trabajo, las organizaciones intermedias, la sociedad como un todo) y necesitan encontrar sanidad en una comunidad saludable y de atención personalizada. Ahora, cuando hablamos de ser sanados o cambiados en un grupo, no estamos pensando meramente en una terapia de grupo, sino en la transformación fundamental que puede obrar el Señor en la vida de una persona mediante su regeneración. La persona regenerada necesita de un nuevo contexto para su desarrollo pleno: una nueva familia (la comunidad de fe); nuevas amistades (hermanos y hermanas en Cristo); nuevos valores (los valores del reino); nuevas metas y desafíos (el compromiso con el señorío de Cristo y sus demandas); nueva mentalidad (procurar hacer la voluntad de Dios en todo); una nueva sociedad redimida (el nuevo mundo de Dios).
La dinámica singular de los grupos celulares dedicados a la evangelización y el discipulado incluyen estos valores cualitativos. La presencia misma de Jesucristo a través de su Espíritu Santo en medio de cada grupo celular garantiza la comunicación a través del diálogo; la seguridad, el respeto, la confianza y la valoración por parte de otros; la identificación con los ideales que mueven al grupo; el involucramiento en el logro de objetivos comunes; y, un sentido de vivir una aventura fascinante como seguidor o seguidora de Cristo." (La Iglesia Celular, 113)
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