Las Diaconisas
Las diaconisas estaban incluidas en el cuadro directivo de las iglesias cristianas primitivas.
“Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado
a muchos, y a mí mismo” (Romanos 16:1, 2).
Las diaconisas deben ser elegidas tomando en cuenta su consagración y otras cualidades que las habiliten para desempeñar los deberes de su cargo.
La Asociación Ministerial, en coordinación con los departamentos, promueve el entrenamiento y la capacitación de las diaconisas. Sin embargo, el pastor, junto con los ancianos, tiene la responsabilidad primaria del entrenamiento de los diáconos. (Véase Notas #3, pp. 169, 170).
La comisión de diaconisas.
Cuando una iglesia elige varias diaconisas, debe constituirse una comisión de diaconisas, con la jefa de diaconisas como presidenta y otra diaconisa como secretaria. Esta comisión tiene autoridad para asignar deberes a cada una de las diaconisas, y debe colaborar estrechamente con la comisión de diáconos, especialmente en la tarea de dar la bienvenida a los miembros y a las visitas, y en la visitación de los hogares (véase la p. 76). Funciona también como una escuela de capacitación, donde las nuevas diaconisas pueden ser instruidas en sus deberes.
Servicio de ordenación de las diaconisas.
Este servicio, al igual que el de
ordenación de diáconos, debería ser llevado a cabo por un pastor ordenado que tenga credenciales actualizadas, expedidas por la Asociación. El rito de ordenación debe realizarse con sencillez, en presencia de la iglesia.
Si alguna vez en el pasado fue ordenada como diaconisa, y se mantuvo en plena comunión con la iglesia, no es necesario ordenarla nuevamente, aunque se haya trasladado a otra iglesia. Si al terminar el año eclesiástico la iglesia desea que continúe sirviendo como diaconisa, deberá reelegirla.
Las diaconisas no están autorizados para presidir los ritos. Las diaconisas no están autorizadas para presidir ninguno de los servicios ni las reuniones administrativas de la iglesia, y no pueden realizar la ceremonia de matrimonio, ni oficiar en la recepción o en la transferencia de miembros.
Si una iglesia no tiene a alguien autorizado para realizar tales deberes, el dirigente de la iglesia debe buscar el consejo y la asistencia de la Asociación.
Deberes de las diaconisas.
Las diaconisas sirven a la iglesia en una amplia variedad de importantes actividades, incluyendo:
1. Dar la bienvenida y visitación a los miembros.
En muchas iglesias, las diaconisas ayudan a dar la bienvenida a los miembros y a las visitas, y a visitar a los miembros en sus hogares, cuando no pueden asistir a los servicios.
2. Ayudar en las ceremonias bautismales.
Las diaconisas deben ayudar en las
ceremonias bautismales, atendiendo a las damas que se van a bautizar, antes y después de la ceremonia. También aconsejan y ayudan en cuanto a las ropas adecuadas para el bautismo. La iglesia debe tener túnicas bautismales confeccionadas con tejidos adecuados. Luego del bautismo, las diaconisas deben lavarlas y guardarlas cuidadosamente para su uso futuro (véase la p. 48).
3. Ayudar en el servicio de Comunión.
Los diáconos y las diaconisas se encargan de todo lo necesario para este servicio, y también disponen de todo lo usado luego de haber terminado (véanse las pp. 122).
Antes de que comience el servicio de Comunión, las diaconisas preparan
la mesa de la Comunión, incluyendo: preparar el pan y el vino, llenar las copitas con el vino, poner los platos con el pan sin levadura y cubrir la mesa con el mantel preparado para este fin.
Las diaconisas prestan asistencia en el servicio del lavamiento de los pies, brindando ayuda especial a las mujeres que estén de visita o que sean miembros nuevos.
4. Cuidar de los enfermos y los pobres.
Las diaconisas ayudan a los diáconos en el cuidado de los enfermos, de los necesitados y de los desafortunados (véase la p. 77).
5. Cuidar y mantener la propiedad de la iglesia.
En algunas iglesias, donde la responsabilidad por el cuidado y el mantenimiento del edificio de iglesia no ha sido asignada a una comisión de construcción, los diáconos y las diaconisas asumen dicha responsabilidad (véase Notas, #3, p. 169, 170).
Dinámicas para enseñar acerca del ministerio de Recepción en la iglesia
Están enfocadas en la hospitalidad, la importancia de la primera impresión y cómo recibir a los visitantes con calidez y amor:
1. Simulación de Bienvenida
- Objetivo: Experimentar cómo se sienten los visitantes cuando llegan a la iglesia.
- Materiales: Tarjetas con roles (visitante, recepcionista, miembro regular, etc.)
- Descripción:
- Divide a los participantes en grupos y asígnales diferentes roles (por ejemplo, un grupo de visitantes que llegan por primera vez, otro grupo como miembros regulares, y otros como el equipo de Recepción).
- Los que hacen de “visitantes” deben entrar como si llegaran por primera vez y observar cómo son recibidos.
- Luego, el equipo de Recepción tiene que actuar como lo haría en la iglesia, mostrando hospitalidad y guiando a los visitantes.
- Después, discute en grupo qué acciones fueron efectivas y cuáles podrían mejorarse.
2. La Importancia de la Primera Impresión
- Objetivo: Destacar la importancia de la primera impresión en el ministerio de Recepción.
- Materiales: Hojas y lápices.
- Descripción:
- Pide a los participantes que piensen en una experiencia personal en la que fueron bien recibidos y otra en la que no lo fueron.
- Que escriban cómo se sintieron en ambas situaciones y luego compartan en grupos pequeños.
- Discute cómo la actitud y la disposición de las personas que reciben en la iglesia pueden influir en la percepción de los visitantes.
3. El Arte de Escuchar
- Objetivo: Practicar la escucha activa y la empatía en el contexto de la Recepción.
- Materiales: Ninguno.
- Descripción:
- Divide a los participantes en parejas. Uno será el visitante que comparte una preocupación o situación que le pasó en la semana, y el otro actuará como recepcionista.
- El "recepcionista" debe practicar la escucha activa, haciendo contacto visual, asintiendo y mostrando empatía.
- Luego, se cambian los roles y se evalúa qué técnicas fueron útiles para hacer sentir bienvenido al visitante.
4. ¿Cómo me gustaría ser recibido?
- Objetivo: Reflexionar sobre el trato que nos gustaría recibir al llegar a un lugar nuevo.
- Materiales: Pizarra y marcadores.
- Descripción:
- Haz una lluvia de ideas con los participantes sobre cómo les gustaría ser recibidos si llegaran a un lugar nuevo por primera vez.
- Anota las respuestas en la pizarra y, con base en eso, construye un perfil del "recepcionista ideal".
- Discute qué pasos se pueden tomar en la iglesia para que el equipo de Recepción refleje ese ideal.
5. Role-Playing con Escenarios Difíciles
- Objetivo: Preparar al equipo de Recepción para manejar situaciones difíciles con gracia y amabilidad.
- Materiales: Tarjetas con diferentes escenarios (por ejemplo, un visitante enojado, alguien que se siente incómodo o perdido, un visitante con preguntas difíciles).
- Descripción:
- Divide a los participantes en pequeños grupos y entrégales una tarjeta con un escenario. Un miembro del grupo hace de visitante y otro de recepcionista.
- El "recepcionista" debe responder con amabilidad y tacto, demostrando paciencia y disposición para ayudar.
- Al final de cada actuación, discuten en grupo qué se hizo bien y qué se podría mejorar.
Estas dinámicas ayudarán a los participantes a reflexionar sobre la importancia del ministerio de Recepción y a practicar habilidades clave para recibir a los visitantes de manera efectiva y amorosa.
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