Reproducción Humana


1. Debate Bíblico sobre la Reproducción Humana
Mandato original: Génesis 1:28 (“Fructificad y multiplicaos”) establece la reproducción como parte del plan divino.
Valor de la vida: Textos como Salmo 139:13-16 resaltan la santidad de la vida desde la concepción.
Restricciones morales: La Biblia condena prácticas sexuales fuera del matrimonio (Éxodo 20:14; Hebreos 13:4).
Infertilidad y providencia: Historias como las de Sara, Ana y Elisabet muestran la intervención divina en la procreación.
 
2. Posturas Históricas y Teológicas
Patrística: Padres de la Iglesia (Agustín, Tertuliano) veían la procreación como bien, pero subordinada a la santidad.
Medieval: Tomás de Aquino defendió la reproducción como fin primario del matrimonio.
Reforma: Lutero y Calvino afirmaron la bondad del matrimonio y la procreación, rechazando el celibato obligatorio.
Ética contemporánea: Se debate sobre control natal, reproducción asistida y bioética.
 
3. Teorías y Posturas Actuales
Naturalista: La reproducción es parte del orden creado, debe seguir procesos naturales.
Tecnológica: Acepta reproducción asistida (inseminación, fertilización in vitro) bajo ciertos límites éticos.
Restrictiva: Algunas corrientes cristianas rechazan cualquier intervención artificial.
Progresista: Considera la autonomía reproductiva y la justicia social (acceso a tecnologías).
 
4. Implicaciones Éticas y Pastorales
Bioética: Manipulación genética, selección de embriones, clonación.
Familia y sexualidad: Impacto en la estructura familiar y en la comprensión del matrimonio.
Responsabilidad social: Control poblacional, pobreza, derechos reproductivos.
Pastoral: Consejería en infertilidad, decisiones sobre tratamientos, acompañamiento espiritual. 

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POSTURAS ACTUALES SOBRE LA REPRODUCCIÓN HUMANA


1. Teoría Naturalista
Descripción: Afirma que la reproducción debe seguir el orden biológico natural sin intervención tecnológica.
Fundamento ético: Basado en la idea de que la vida y la procreación son dones divinos que no deben alterarse.
Implicaciones:
o Rechazo a la fertilización in vitro (FIV), inseminación artificial y manipulación genética.
o Promoción de métodos naturales para la concepción y control natal.
Críticas: Considerada rígida frente a problemas de infertilidad y avances médicos.
 
2. Teoría Tecnológica o Intervencionista
Descripción: Acepta el uso de tecnologías médicas para superar la infertilidad y mejorar la salud reproductiva.
Fundamento ético: Se apoya en la mayordomía responsable y el principio de beneficencia (ayudar a quienes sufren).
Implicaciones:
o Permite FIV, inseminación artificial y diagnóstico genético preimplantacional bajo límites éticos.
o Debate sobre el destino de embriones sobrantes y la selección genética.
Críticas: Riesgo de mercantilización de la vida y desigualdad en el acceso.
 
3. Postura Restrictiva
Descripción: Acepta mínimamente la intervención médica, pero rechaza cualquier práctica que implique destrucción de embriones o alteración genética.
Fundamento ético: Defensa absoluta de la vida desde la concepción.
Implicaciones:
o Permite tratamientos hormonales o cirugías para mejorar fertilidad, pero no técnicas que manipulen embriones.
Críticas: Puede generar sufrimiento en parejas infértiles.
 
4. Postura Progresista
Descripción: Defiende la autonomía reproductiva y el acceso equitativo a tecnologías, incluso con fines no estrictamente médicos (p. ej., elección de características).
Fundamento ético: Basado en derechos individuales y justicia social.
Implicaciones:
o Acepta reproducción asistida, donación de gametos, maternidad subrogada y edición genética bajo regulación.
Críticas: Riesgo de eugenesia, pérdida de valores familiares y dilemas bioéticos.
 
5. Perspectiva Bioética Cristiana (incluyendo Adventista)
Descripción: Busca equilibrio entre tecnología y principios bíblicos.
Fundamento ético: Santidad de la vida, responsabilidad ante Dios, y cuidado pastoral.
Implicaciones:
o Acepta tecnologías que no destruyan embriones ni impliquen prácticas inmorales.
o Promueve consejería espiritual y alternativas como adopción.
Críticas: Considerada conservadora frente a tendencias sociales.

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LA SUBROGACIÓN Y EDICIÓN GENÉTICA

La subrogación es el proceso de ser una mujer que lleva un embarazo para otra persona o pareja. La edición genética es una tecnología que permite modificar el ADN de un organismo, ya sea para corregir enfermedades genéticas, mejorar rasgos o introducir nuevas características. 
Subrogación
Es un arreglo en el que una mujer (la gestante subrogada) lleva el embarazo a término y da a luz al bebé para otra persona o pareja (los padres intencionales).
El proceso generalmente implica la inseminación artificial o la fecundación in vitro (FIV) utilizando el esperma de uno de los padres intencionales o de un donante, y el óvulo de la madre intencional o de una donante.

Existen dos tipos principales:
Subrogación tradicional: El óvulo de la gestante es fecundado con el esperma del padre intencional. La gestante es biológicamente relacionada con el bebé.
Subrogación gestacional: Se utiliza un óvulo de la madre intencional o de una donante, y el embrión se implanta en el útero de la gestante. La gestante no tiene ninguna relación genética con el bebé. 
Edición genética
Es un conjunto de tecnologías que permiten a los científicos alterar el ADN de un organismo.
Las técnicas de edición genética, como CRISPR-Cas9, permiten agregar, eliminar o modificar material genético en lugares específicos del genoma.
Las aplicaciones potenciales incluyen:
Tratar o prevenir enfermedades genéticas.
Crear organismos genéticamente modificados (OGM).
Mejorar cultivos agrícolas o criar ganado con características deseadas. 
Relación entre ambos
La edición genética puede utilizarse en combinación con la subrogación en un proceso llamado "edición genética de embriones".
Esto implica editar el ADN de los embriones antes de que sean implantados en el útero de la gestante subrogada, con el objetivo de corregir defectos genéticos o garantizar resultados genéticos deseados.
Sin embargo, la edición genética de embriones es un tema de debate ético y científico debido a sus implicaciones para la línea germinal y la herencia genética.


RECHAZO A LA SUBROGACIÓN Y EDICIÓN GENÉTICA

Rechazar la subrogación y la edición genética significa oponerse a estas prácticas por motivos éticos, médicos y sociales. La oposición a la subrogación se basa en preocupaciones sobre la posible explotación de las mujeres, la comercialización del cuerpo humano y la deshumanización de la maternidad. El rechazo a la edición genética, especialmente en la línea germinal (embriones y óvulos), se fundamenta en riesgos de seguridad a largo plazo (cambios heredables), la violación de la autonomía de los futuros nacidos, la falta de consentimiento y el potencial de crear desigualdades sociales. 

Rechazo a la subrogación
Preocupaciones éticas: Se teme que se pueda cosificar a las mujeres y convertir la gestación en una mercancía o un servicio comercial.
Riesgo de explotación: Existe la preocupación de que personas o parejas con más recursos puedan aprovecharse de mujeres en situación de vulnerabilidad económica.
Problemas psicológicos: Se argumenta sobre el posible impacto emocional y psicológico en la gestante y el niño. 

Rechazo a la edición genética 
Riesgos para la salud y la herencia: Las modificaciones en el ADN de embriones, óvulos o esperma pueden tener consecuencias imprevistas y transmitirse a las generaciones futuras, lo que podría causar problemas de salud a largo plazo.
Violación de la autonomía: Se considera que se está tomando una decisión sobre el genoma de una persona que aún no puede consentir y que vivirá para siempre con esa modificación.
Falta de consentimiento: Los individuos que nacen con un genoma modificado no han dado su consentimiento a esos cambios.
Potencial de inequidad: La edición genética podría dar lugar a una nueva forma de desigualdad social, creando una brecha entre aquellos que pueden permitirse "mejorar" genéticamente a sus hijos y los que no.

LA POSTURA ADVENTISTA

1. Principios Fundamentales
La reproducción es parte del plan divino: Basada en Génesis 1:28, la procreación se considera una bendición y un don de Dios.
La vida humana es sagrada desde la concepción: Declaración sobre la visión bíblica de la vida intrauterina enfatiza la santidad de la vida y el respeto por el embrión humano. (Ver Declaración sobre la Visión Bíblica de la Vida Intrauterina y sus implicaciones para el aborto- En Apéndice) 
Decisiones informadas y responsables: La iglesia promueve la toma de decisiones basadas en principios bíblicos, oración y orientación pastoral, evitando coerción externa. (Ver Declaración sobre Fertilización Humana Asistida – En Apéndice).
2. Reproducción Asistida (FIV, inseminación, etc.)
Aceptación condicionada: Las tecnologías médicas que ayudan a parejas estériles pueden aceptarse si se practican en armonía con principios bíblicos y éticos.
Preocupaciones éticas:
o Evitar prácticas que impliquen destrucción de embriones.
o Rechazo a la clonación y a la maternidad subrogada por implicaciones morales y familiares.
Decisión íntima: El uso de estas tecnologías debe ser decidido por la pareja, sin presión social ni institucional.
3. Control de Natalidad
Permisible bajo principios de mayordomía responsable: La iglesia reconoce la legitimidad del control de la natalidad para planificar la familia, siempre que se haga con responsabilidad y respeto por la vida.
Advertencias:
o Evitar métodos abortivos.
o Considerar implicaciones sociales y espirituales (inmoralidad, abuso de libertad sexual).
Base bíblica: Se apela a la mayordomía cristiana (Génesis 1:26-28; Isaías 1:18) para justificar decisiones conscientes sobre procreación.  
4. Aborto
Rechazo general: El aborto está en desacuerdo con la voluntad de Dios, salvo en casos excepcionales (riesgo para la vida de la madre, anomalías graves).
Enfoque pastoral: La iglesia llama a la compasión y apoyo, evitando actitudes condenatorias. 
5. Implicaciones Pastorales
Consejería ética y espiritual para parejas que enfrentan infertilidad.
Educación sobre sexualidad responsable y planificación familiar.
Promoción de alternativas como la adopción

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Declaración sobre la visión bíblica de la vida intrauterina y sus implicaciones para el aborto

Los seres humanos son creados a la imagen de Dios. Parte del don que Dios nos concedió como humanos es la procreación, la habilidad de participar en la creación junto con el Autor de la vida. Ese don sagrado siempre debería ser valorizado y estimado. En el plan original de Dios, todo embarazo debería ser el resultado de la expresión de amor entre un hombre y una mujer comprometidos el uno con el otro en matrimonio. Un embarazo debería ser deseado, y cada bebé debería ser amado, valorado y nutrido aun antes del nacimiento. Infelizmente, desde la entrada del pecado, Satanás se ha esforzado intencionalmente para arruinar la imagen de Dios, desfigurando todos sus dones, incluyendo el de la procreación. En consecuencia, a veces, las personas se enfrentan con dilemas y decisiones relativas a un embarazo.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día está comprometida con las enseñanzas y los principios de las Sagradas Escrituras, que expresan los valores de Dios en la vida y proporcionan orientaciones para futuros padres y madres, equipos médicos, iglesias y todos los creyentes, en cuestiones de fe, doctrina, comportamiento ético y estilo de vida. Aunque no sea la conciencia de los creyentes de forma individual, la iglesia tiene el deber de transmitir los principios y las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Esta declaración afirma la santidad de la vida y presenta principios bíblicos relacionados con el aborto. Según esta declaración, el aborto se define como cualquier acción destinada a interrumpir el embarazo, y no incluye la interrupción espontánea de un embarazo, también conocida como aborto espontáneo.

Principios y enseñanzas bíblicos relacionados con el aborto
Como la práctica del aborto debe ser examinada a la luz de las Escrituras, los siguientes principios y enseñanzas bíblicos proveen orientación para la comunidad de fe y para los individuos afectados por esas elecciones tan difíciles:

1. Dios defiende el valor y la santidad de la vida humana. La vida humana es del más alto valor para Dios. Habiendo creado a la humanidad a su imagen (Gén. 1:27; 2:7), Dios tiene un interés personal en las personas. Dios las ama y se comunica con ellas, y ellas a su vez pueden amarlo y comunicarse con él. La vida es un don de Dios, y Dios es el Dador de la vida. En Jesús está la vida (Juan 1:4). Él tiene vida en sí mismo (Juan 5:26). Él es la Resurrección y la Vida (Juan 11:25; 14:6). Él provee vida en abundancia (Juan 10:10). Quien tiene al Hijo tiene la vida (1 Juan 5:12). También es el Sustentador de la vida (Hech. 17:25- 28; Col. 1:17; Heb. 1:1-3), y se describe al Espíritu Santo como el Espíritu de vida (Rom. 8:2). Dios se preocupa profundamente por su Creación y, especialmente, por la humanidad.
Además, la importancia de la vida humana se ve recalcada por el hecho de que, después de la Caída (Gén. 3), Dios “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Aunque Dios pudo haber abandonado y destruido a la humanidad pecadora, optó por la vida. Como consecuencia, los seguidores de Cristo serán resucitados de entre los muertos y vivirán en comunión cara a cara con Dios (Juan 11:25, 26; 1 Tes. 4:15, 16; Apoc. 21:3). Así, la vida humana es de valor inestimable. Eso vale para todas las fases de la vida humana: niños no nacidos, niños de varias edades, adolescentes, adultos y ancianos, independientemente de sus capacidades físicas, mentales y emociona- les. También es válido para todos los humanos sin distinción de sexo, etnia, estatus social, religión y cualquier otra cosa que pueda distinguirlos. Tal comprensión de la santidad de la vida da un valor inviolable e igual a toda y cualquier vida humana, y exige que sea tratada con el máximo respeto y cuidado.

2. Dios considera al niño que aún no nació como vida humana. La vida prenatal es preciosa a los ojos de Dios, y la Biblia describe el conocimiento de Dios sobre las personas antes de que sean concebidas. “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 139:16). En algunos casos, Dios guió directamente la vida prenatal. Sansón debía ser “nazareo, consagrado a Dios desde antes de nacer” (Juec. 13:5, NVI). El siervo de Dios dijo: “Jehová me llamó desde el vientre” (Isa. 49:1, 5). Jeremías ya había sido elegido profeta antes de nacer (Jer. 1:5), al igual que Pablo (Gál. 1:15), y Juan el Bautista sería “lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Luc. 1:15). Refiriéndose a Jesús, el án- gel Gabriel explicó a María: “también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Luc. 1:35). En su encarnación, el propio Jesús experimentó el período prenatal humano y fue reconocido como el Mesías e Hijo de Dios después de ser concebido (Luc. 1:40-45). La Biblia ya atribuye alegría al niño no nacido (Luc. 1:44) y hasta rivalidad (Gén. 25:21-23). Los niños aún no nacidos tienen un lugar seguro con Dios (Job 10:8-12; 31:13-15). La ley bíblica muestra un fuerte respeto por la protección de la vida humana y considera un daño grave la pérdida de un bebé o de una madre como consecuencia de un acto violento (Éxo. 21:22-23).

3. La voluntad de Dios con relación a la vida humana está expresada en los Diez Mandamientos y fue explicada por Jesús en el Sermón del Monte. El Decálogo fue dado al pueblo del pacto de Dios y al mundo para guiar su vida y protegerla. Sus mandamientos son verdades inmutables que deberían ser apre- ciadas, respetadas y obedecidas. El salmista alaba la Ley de Dios (por ejemplo, Sal. 119), y Pablo la llama santa, justa y buena (Rom. 7:12). El sexto Mandamiento afirma: “No matarás” (Éxo. 20:13), y apela a la preservación de la vida humana. El principio de preservar la vida establecido en el sexto Mandamiento pone al aborto dentro de ese esquema. Jesús reforzó el mandamiento de no matar en Mateo 5:21 y 22. La vida está protegida por Dios. Esta no se mide por las habilidades de los individuos o su utilidad, sino que su valor está en ser creación de Dios y por el amor sacrificial puesto en ella. La personalidad, el valor humano y la salvación no son conquistados o merecidos, sino concedidos por la gracia de Dios.

4. Dios es el Dueño de la vida y los seres humanos son sus mayordomos. Las Escrituras enseñan que Dios es el Dueño de todo (Sal. 50:10-12). Dios tiene una doble reivindicación sobre los seres humanos. Le pertenecen porque él es el Creador. Por lo tanto, es su Dueño (Sal. 139:13-16). También le pertenecen porque es el Redentor y los compró por el precio más alto, su propia vida (1 Cor. 6:19, 20). Eso significa que todos los seres humanos son mayordomos de todo lo que Dios les confió, incluyendo su propia vida, y la vida de sus hijos y de los que están en gestación.
La administración de la vida también incluye asumir responsabilidades que de alguna forma limitan sus elecciones (1 Cor. 6:19, 20). Siendo Dios el Dador y Dueño de la vida, los seres humanos no tienen el control absoluto sobre sí mismos y deberían intentar conservar la vida siempre que sea posible. El principio de la mayordomía de la vida obliga a la comunidad de creyentes a guiar, apoyar, cuidar y amar a los que están enfrentando decisiones sobre el embarazo.

5. La Biblia enseña el cuidado del débil y el vulnerable. Dios mismo cuida de los desfavorecidos y oprimidos, y los protege. “Él es el gran Dios, poderoso y terrible, que no actúa con parcialidad ni acepta sobornos. Él defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos” (Deut. 10:17, 18, NVI; cf. Sal. 82:3, 4; Sant. 1:27). Él no permite que los hijos sean responsables por los pecados de los padres (Eze. 18:20). Dios espera lo mismo de sus hijos, los llama para ayudar a aliviar las cargas de los vulnerables (Sal. 41:1; 82:3, 4; Hech. 20:35). Jesús habla del menor de sus hermanos (Mat. 25:40), por el cual sus seguidores son responsables, y de los pequeñitos que no deben ser despreciados o perdidos (Mat. 18:10-14). Los menores, es decir, los que aún no nacieron, deberían ser contados entre ellos.

6. La gracia de Dios promueve la vida en un mundo manchado por el pecado y la muerte. La naturaleza de Dios es proteger, preservar y sustentar la vida. Además de la providencia de Dios sobre su Creación (Sal. 103:19; Col. 1:17; Heb. 1:3), la Biblia reconoce los amplios, devastadores y degradantes efectos del pecado en la Creación, incluso en el cuerpo humano. En Romanos 8:20 al 24, Pablo describe el impacto de la Caída, que sujetó la Creación a la vanidad. En consecuencia, en casos raros y extremos, la concepción humana puede producir gestaciones con perspectivas fatales y/o anomalías de nacimiento graves con riesgo de muerte que presentan dilemas excepcionales a individuos y matrimonios. Las decisiones en esos casos pueden quedar a conciencia de los individuos involucrados y de sus familias. Esas decisiones deben ser bien informadas y guiadas por el Espíritu Santo y por la visión bíblica de la vida descrita anteriormente. La gracia de Dios promueve y protege la vida. Los individuos en esas situaciones desafiantes pueden buscar al Señor con sinceridad, y encontrar dirección, aliento y paz en él.

Implicaciones
La Iglesia Adventista del Séptimo Día considera el aborto como falto de armonía con el plan de Dios para la vida humana. Afecta al ser antes de nacer, a la madre, al padre, a los miembros cercanos o lejanos de la familia, a la familia de la iglesia y a la sociedad, con consecuencias a largo plazo para todos. Los creyentes buscarán confiar en Dios y seguir su voluntad, sabiendo que él tiene en mente los mejores intereses.
Aunque no apoye el aborto, la iglesia y los miembros son llamados a seguir el ejemplo de Jesús, quien estaba “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14), para 
(1) crear una atmósfera de amor verdadero y lleno de gracia, cuidado pastoral bíblico y apoyo amoroso a los que enfrentan decisiones difíciles relacionadas con el aborto; 
(2) solicitar la ayuda de familias funcionales y comprometidas, y educarlas para que presten asistencia a individuos, matrimonios y familias en dificultades; 
(3) alentar a los miembros de la iglesia a abrir sus hogares a las personas necesitadas, incluyendo padres solteros, hijos sin padres y niños adoptivos o que esperan ser adoptados; 
(4) cuidar profundamente y apoyar de varias formas a las mujeres embarazadas que deciden quedarse con sus hijos que aún están en gestación; y 
(5) ofrecer apoyo emocional y espiritual a las que por diversas razones abortaron o fueron obligadas a abortar y pueden estar sufriendo física, emocional y/o espiritualmente.
La cuestión del aborto presenta enormes desafíos, pero ofrece a los individuos y a la iglesia la oportunidad de ser lo que ellos anhelan ser, la confraternidad de hermanos y hermanas, la comunidad de creyentes, la familia de Dios, que revela el amor inmensurable e infalible del Señor.

Octubre de 1999.
RECOMENDADO, Aprobar el documento:
"Control de la Natalidad: Declaración de Consenso Adventista".
La tecnología científica actual permite un control mayor de la fertilidad y reproducción humanas, de lo que antes era posible. Esta tecnología hace posible la relación sexual disminuyendo en gran medida la expectativa de embarazo y nacimiento de bebés. Las parejas cristianas casadas poseen un potencial de control de la fertilidad que ha dado lugar a muchas preguntas con sus amplias implicaciones religiosas, médicas, sociales y políticas. Hay oportunidades y beneficios como resultado de las nuevas medidas, así como también desafíos e inconvenientes. Deben tomarse en consideración varias cuestiones morales. Los cristianos, quienes finalmente deben tomar su propia decisión personal con respecto a este asunto, deben recibir información a fin de que puedan tomar decisiones sabias basadas en principios bíblicos. 
Entre los puntos que deben considerarse se encuentra la interrogante con respecto a lo apropiado de la intervención del hombre en el proceso biológico natural de la reproducción humana. Si es apropiada alguna medida de intervención, entonces deben considerarse otras cuestiones adicionales con respecto al qué, cuándo y cómo. Otras preocupaciones relacionadas con lo anterior, incluyen: 

Probable incremento de inmoralidad sexual que la disponibilidad y uso de los métodos de control de la natalidad podría promover.
Consecuencias relacionadas con el dominio de un género, en relación con privilegios y prerrogativas sexuales tanto de hombres como de mujeres.
Consecuencias sociales, incluyendo el derecho de una sociedad a usurpar la libertad personal en beneficio de toda la sociedad y la carga del apoyo económico y educacional en favor de quienes están en desventaja.
Consecuencias en el área de la mayordomía en relación con el crecimiento de la población y el uso de los recursos naturales.
Debe enunciarse una declaración de consideraciones morales dentro del amplio marco de las enseñanzas bíblicas con respecto a sexualidad, matrimonio, paternidad y el valor de los hijos, además de una comprensión clara de la interconexión de tales elementos. Teniendo en cuenta la diversidad de opinión dentro de la Iglesia, se establecen los siguientes principios bíblicos para educar y servir de guía en la toma de decisiones. 

1. Mayordomía responsable. Dios creó al ser humano a su propia imagen, varón y hembra, con la capacidad de pensar y tomar decisiones (Isaías 1:18; Josué 24:15; Deuteronomio 30:15-20). Dios le dio a los seres humanos dominio sobre la tierra (Génesis 1:26, 28). Este dominio requería la supervisión y el cuidado de la naturaleza. La mayordomía cristiana requiere también la toma de responsabilidades en relación con la procreación humana. La sexualidad, como uno de los aspectos de la naturaleza humana sobre el cual la persona ejerce mayordomía, debe expresarse en armonía con la voluntad de Dios (Éxodo 20:14; Génesis 39:9; Levítico 20:10-21; 1 Corintios 6: 12-20).

2. Propósito procreador. La perpetuación de la familia humana es uno de los propósitos de Dios para la sexualidad humana (Génesis 1:28). Aun cuando se pueda inferir que la intención de la relación matrimonial sea para generar progenie, las Escrituras nunca presentan la procreación como una obligación de cada pareja a fin de agradar a Dios. Sin embargo, la revelación divina le da un gran valor a los hijos y expresa el gozo que se encuentra en la paternidad (Mateo 19:14; Salmo 127:3). El procrear y criar a los hijos les ayuda a los padres a comprender a Dios y a desarrollar compasión, espíritu de servicio, humildad y abnegación (Salmo 103:13; Lucas 11:13).

3. Propósito unificador. En el matrimonio, la sexualidad cumple una función de unificación, ordenada por Dios y distinguible del propósito procreador (Génesis 2:24). El propósito de la relación sexual en el matrimonio incluye gozo, placer y deleite (Eclesiastés 9:9; Proverbio 5:18,19; Cantares 4:16-5:1). La intención de Dios es que las parejas puedan tener comunión sexual habitual aparte del propósito procreador (1 Corintios 7:3-5) y una comunión que forje fuertes vínculos y proteja al cónyuge de una relación inapropiada con alguien aparte de su pareja (Proverbio 5:15, 20). Dentro del diseño divino, la intimidad sexual no tiene el solo propósito de la concepción. Las Escrituras no prohíben a las parejas casadas disfrutar de los deleites de las relaciones conyugales mientras se toman medidas para prevenir un embarazo.

4. Libertad de elección. En la creación y nuevamente a través de la redención de Cristo, Dios le ha dado a los seres humanos la libertad de elección y les pide que usen esa libertad en forma responsable (Gálatas 5:1,13). En el plan divino, el esposo y la esposa constituyen una unidad familiar peculiar, en la que ambos tienen la libertad y la responsabilidad de participar al tomar determinaciones en relación con su familia (Génesis. 2:24). Las parejas matrimoniales deben prestarse consideración mutua al tomar decisiones con respecto al control de la natalidad y estar dispuestas a considerar las necesidades del cónyuge, así como la propia (Filipenses 2:4). Para aquellos que desean tener hijos, la elección procreadora no es ilimitada. Hay varios factores que deben contribuir a la decisión, incluyendo la habilidad de proveer para las necesidades de los hijos (1Timoteo 5:8); la salud física, emocional y espiritual de la madre y de otros que cuidan de los hijos (3 Juan 2; 1 Corintios 6:19; Filipenses 2:4; Efesios 5:25); las circunstancias sociales y políticas en las que nacen los hijos (Mateo 24:19); la calidad de vida y los recursos globales disponibles. Somos mayordomos de la creación de Dios y por lo tanto debemos mirar más allá de nuestra propia felicidad y deseos y tomar en cuenta las necesidades de los demás (Filipenses 2:4).

5. Métodos apropiados de control de la natalidad. La decisión moral acerca de la elección y el uso de varios agentes de control de la natalidad parte de una comprensión de sus probables efectos en la salud física y emocional, la manera en que operan los diferentes agentes y el gasto financiero implicado. Una variedad de métodos de control de la natalidad incluyendo métodos de bloqueo, espermicidas y esterilización, evitan la concepción y son moralmente aceptables. Algunos otros métodos de control de la natalidad [algunos ejemplos actuales de esos métodos incluyen los dispositivos intrauterinos (DIU), píldoras hormonales (incluyendo la "píldora de la mañana después"), inyecciones o implantes. Las preguntas con respecto a esos métodos deben ser dirigidas a un médico profesional] podrían evitar la liberación del óvulo (ovulación), podrían evitar la unión del óvulo con el espermatozoide (fertilización) o podrían evitar la fijación del óvulo ya fertilizado (implantación). Dada la inseguridad con respecto a la forma como funcionarían en determinado caso, las personas que creen que la vida humana sujeta a protección comienza con la fertilización, podrían tener recelos morales. Sin embargo, siendo que la mayoría de los óvulos fertilizados fallan generalmente en implantarse o se pierden después de la implantación, aun cuando no se usen métodos de control de natalidad, los métodos hormonales de control de natalidad y los métodos DIU, que representan un proceso similar, pueden considerarse moralmente aceptables. El aborto, la terminación intencional de un embarazo establecido, no es moralmente aceptable para propósitos de control de la natalidad.

6. Uso inadecuado de control de natalidad. Aun cuando el aumento de la habilidad para controlar la fertilidad y proteger contra las enfermedades trasmitidas sexualmente, sea útil para muchos matrimonios, el control de la natalidad puede usarse indebidamente. Por ejemplo, aquellas personas que sostendrían relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, podrían más fácilmente permitirse tales actividades por la disponibilidad de métodos de control de natalidad. El uso de tales métodos para proteger las relaciones sexuales fuera del matrimonio puede tal vez reducir los riesgos de contraer enfermedades transmitidas sexualmente, o bien proteger del embarazo. Sin embargo, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son tanto peligrosas como inmorales, independientemente de que tales riesgos disminuyan o no.

7. Un enfoque redentor. La disponibilidad de métodos de control de la natalidad hacen de la educación acerca de la sexualidad y la moralidad, un imperativo. Debe dedicarse menos esfuerzo en condenar y más en enfoques educativos y redentores a fin de permitirle a cada individuo ser persuadido por los insondables móviles del Espíritu Santo.

DECLARACIÓN SOBRE LA FERTILIZACIÓN HUMANA ASISTIDA

La tecnología aplicada a la medicina ha desarrollado varias alternativas destinadas a asistir a la fertilización humana. Procedimientos como fecundación, fertilización in vitro, alquiler de vientre, transferencia embrionaria y clones1, proveen cada vez más opciones para ayudar a la fertilización humana. Para los cristianos que buscan saber la voluntad de Dios acerca de este asunto, estas intervenciones suscitan serios cuestionamientos éticos...

La esperanza de tener hijos generalmente es muy intensa. Cuando se frustra por problemas de esterilidad, las desilusiones que provoca la falta de hijos tiene: un peso muy grande sobre muchos matrimonios. Dicho impedimento exige comprensión y compasión. Al sufrir tristezas a causa de la esterilidad, nadie debería sorprenderse de que muchos recurran a las nuevas tecnologías que ayudan a la fertilización con el fin de restaurar sus ilusiones. Sin embargo, junto con el poder que estas tecnologías ponen al alcance del ser humano, está implícita la responsabilidad de decidir si ellas deben o no ser utilizadas.

Fundamentada en la convicción de que Dios se interesa en todas las dimensiones de la vida, la Iglesia Adventista del Séptimo Día está comprometida en descubrir y adoptar los principios del Creador concernientes a la fertilización humana. La capacidad de procrear es una dádiva de Dios, y debe ser usada para su gloria y como una bendición para la raza humana.

Como resultado de un cuidadoso estudio de la Biblia y del ministerio del Espíritu Santo, la comunidad de fe puede identificar los principios fundamentales que orientan la toma de decisiones con respecto a la fertilización asistida. Entre los más importantes están los siguientes:

1) La reproducción humana es parte del plan de Dios (Gén. 1:28), y los hijos son una bendición del Señor (Sal. 127:3; 111:9). Cuando son practicadas en armonía con los principios bíblicos, las tecnologías médicas que ayudan a las parejas estériles pueden aceptarse con tranquilidad de conciencia.

2) La falta de hijos no debería implicar un estigma social o moral, y, además, nadie debería ser presionado a tener hijos con o sin asistencia profesional calificada (1 Cor. 7:4, 7; Rom.14:4; Mat. 19:10-12; 24:19; 1 Tim. 5:8). La decisión acerca de utilizar o no tecnologías aplicadas a la fertilización es un asunto muy íntimo, que debe ser decidido entre el marido y la esposa sin ninguna coerción.

Hay muchos motivos aceptables, incluyendo la salud y los requerimientos especiales de algunas formas de servicio cristiano (1 Cor. 7:32, 33), que pueden llevar a las personas a privarse o a limitar voluntariamente la procreación.

3) Como resultado de la participación activa del padre y de la madre, el ideal de Dios es que sus criaturas disfruten los beneficios de una familia estable (Prov. 22:6; Sal. 128:1-3; Efe. 6:4; Deut. 6:4-7; 1 Tiro. 5:8). Por esta causa, los cristianos pueden buscar asistencia médica para la fertilización sólo dentro de los límites de la fidelidad y de la continuidad del matrimonio. El recurso de un tercer participante, como las donaciones de esperma, de óvulo, o la del "alquiler de útero", implica varios problemas médicos y éticos que es mejor descartar. Además, el principio de la identidad familiar y genética son fundamentales para el bienestar individual. Es por esto que cualquier decisión concerniente a la fertilización asistida debe considerar el impacto que sufrirá la herencia y el concepto bíblico de familia.

4) La vida humana debe ser tratada con respeto en todas las fases de su desarrollo (Jer. 1:5, Sal. 139:13-16). La fertilización asistida exige sensibilidad acerca del valor de la vida humana. Procedimientos como la fertilización in vitro requiere decisiones previas acerca del número de óvulos que serán fertilizados, y sobre otros aspectos morales referentes a la eliminación de cualquiera de los preembriones que quede como remanente.

5) Las decisiones concernientes a la procreación deben estar fundamentadas en informaciones completas y precisas (Prov. 12:22; Efe. 4:15, 25). Los matrimonios que están considerando la fertilización asistida deben buscar tales informaciones. A su vez, los profesionales de la salud deben orientar bien acerca de la naturaleza de los procedimientos, los riesgos físicos y emocionales, los costos, los éxitos documentados y la probabilidad de restricciones.

6) Los principios de la mayordomía cristiana son relevantes en las decisiones concernientes a la fertilización asistida (Luc. 14:28; Prov. 3:9). Considerando que las tecnologías mencionadas son demasiado caras, las parejas que buscan ayuda con fines de lograr la fertilización, responsablemente deben considerar los gastos que ello implica.

Al buscar la aplicación de estos principios, los cristianos pueden confiar que el Espíritu Santo los conducirá en sus decisiones (Juan 16:13). Además, la comunidad de fe debería ver el modo de comprender las aspiraciones de las parejas sin hijos y los problemas que ellos enfrentan (Efe. 4:11-16). Entre las alternativas para matrimonios estériles se encuentra la adopción. Las parejas, al hacer una decisión cuidadosa, deben poder confiar en la comprensión compasiva de la familia espiritual.

Fuente: http://www.abo.org.ar/

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