El Diaconado
By
Richard Ruszuly*
El entrenamiento, clave en el proceso
Capacitar a los siervos del Señor es una tarea principal de los líderes de la iglesia, que deben crear clases de formación donde las responsables de los varios ministerios puedan saber qué se espera de ellos al recibir una función. Dejar sin indicaciones sobre sus funciones a esas personas que son llamadas por el Señor a desempeñar sus tareas, es igual a sentenciarles al fracaso.
Al terminar una comisión de nombramientos apenas comienza la tarea pedagógica de la iglesia destinada a la formación, reciclaje y capacitación de los que aceptan la misión interna o externa del Señor. Debemos cambiar lo que no se ha hecho bien hasta ahora: es tarea fundamental adiestrar a los que aceptan cumplir el mandato del Señor.
Las propuestas y la aprobación por parte de la comisión de nombramientos y luego, por la asamblea administrativa local, es solo el comienzo de los labores necesarios para el cumplimiento de la misión.
El error es dejarlo todo en el comienzo, es decir, en ser nombrados. Por solamente nombrar, e incluso orar por alguien al establecerlo en un cargo eclesiástico, no se cumple con el propósito del Señor para su causa. Se necesita una obra de perfeccionamiento (Efesios 4:12), a través de formación práctica y experiencias revisadas en el campo de los diversos ministerios. De hecho, el papel de los pastores y ancianos consejeros es adiestrar a sus directores de departamentos para que puedan llevar adelante sus tareas de forma exitosa.
Diáconos dispuestos a servir
Enfatizo uno de los más importantes ministerios en una iglesia local, que no obstante, no se le dio siempre el lugar notable que le corresponde: el diaconado.
La raíz de la palabra diaconía está estrechamente relacionada con la del servicio. Del griego diakaneo tenemos el verbo servir. ¡Mira cómo cambia el concepto! Los diáconos y diaconisas son siervos del Señor en la iglesia, porque ellos tienen como modelo a Cristo, que vino para servir a los demás y olvidarse de sí mismo (Mateo 20:28). Los diáconos sirven a la iglesia dando su vida para el crecimiento de la congregación.
¿Con qué propósito los diáconos son siervos? ¿Será para que puedan acomodar y limpiar a la iglesia? También, pero hay alguna cosa más importante. El ministerio de diaconía guía a todos los presentes a servir a Cristo, en el lugar que el Señor lo indique. Si un diácono o una diaconisa consiguen que una persona encuentre su lugar en la viña del Señor está cumpliendo su propósito.
Para ti, que quizás eres diácono, ¿te ha dicho alguien que esta es una tarea importante de tu función? Como siervos de Cristo, los diáconos y diaconisas tienen el papel de hallar maneras de servir en la iglesia de los miembros que conforman el cuerpo de Cristo.
El trabajo multifacético de la diaconía
El trabajo de los diáconos es múltiple y quisiera destacar algunas de las facetas del diaconado en una comunidad:
- Visitan a los miembros en sus hogares. La visitación tiene muchos beneficios. Cuando se hace una visitación regular se puede llegar a resultados increíbles. A través de la visitación se llega a conocer mejor a la membresía, se fortalece a los miembros recién bautizados, se recupera a los miembros ausentes de los cultos divinos, se busca a los miembros que desde hace años nadie sabe sobre ellos, se ayuda y apoya a los enfermos, ancianos, discapacitados, viudas y viudos, padres y madres solteras.
- Otra responsabilidad es la de cuidar a los pobres y desafortunados de la iglesia con tacto y prudencia, manteniendo informado al consejo de la iglesia para recibir el apoyo necesario de los miembros. A veces, los miembros son desconocedores de las realidades de su propia iglesia por falta de información recibida desde la diaconía. Antes de enviar ofrendas a otros proyectos fuera de nuestras iglesias debemos cuidar de los pobres de nuestra propia casa.
- El cuidado del edificio y el mantenimiento es otra tarea importante de los diáconos. Cuidar el templo del Señor para que haya condiciones óptimas para los servicios de adoración y predicación del Evangelio, es 100% misión como si fuéramos a predicar en otras partes del mundo.
"Los diáconos y las diaconisas tienen el deber de asegurarse de que el edificio de la iglesia se mantenga limpio y en buen estado de conservación, y que el terreno en el que está ubicada la iglesia se conserve aseado y atrayente. Esto incluye también la responsabilidad de velar porque se haga la limpieza. En las iglesias grandes, generalmente se emplea a una persona para que haga la limpieza. Los diáconos deben recomendar, a la Junta Directiva de la iglesia, el nombre de una persona apropiada. Esta Junta que tomará un voto empleándola o autorizando a los diáconos a emplear a alguien con ese propósito. Debe obtenerse autorización de la Junta Directiva de la iglesia para pagar los gastos de todas las reparaciones grandes. Todas las cuentas que haya por reparaciones, por los servicios de agua, luz, combustible, etc., deben presentarse al tesorero de la iglesia, para que las pague." MI, 174.
- Otro de los papeles de los diáconos es enseñar la Palabra del Señor cuando las situaciones se los requieran. La expresión “que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia” (1 Timoteo 3: 9), indica otra función para que los diáconos siempre estén preparados para predicar, dar estudios bíblicos, lideren grupos pequeños, o la involucración en las actividades misioneras, tal como tenemos el gran ejemplo del diácono Felipe, que cuando el Espíritu le indicó su tarea, él corrió detrás del caro del etíope, funcionario de la reina Candace para darle la interpretación correcta acerca de las profecías relacionadas con Cristo (Hechos 8: 26-40).
Todos los miembros nombrados a formar parte de un grupo de diaconía deben esforzase a desarrollar el don del servicio de una manera excepcional. El talento del servicio, es una aptitud que Dios otorga a los que inivita a trabajar para su iglesia. No existe funcionamiento correcto de las actividades y vida de la iglesia, mientras no haya una implicación genuina por parte de nuestros diáconos y diaconisas. Empecemos a considerar el valioso trabajo de los diáconos. Reconozcamos que además de todos los demás ministerios (departamentos locales) que están para servir a la iglesia, para el cargo de diacono, se necesita un profundo espíritu de servicio y consagración.
Pongámonos a reflexionar. ¿Por qué mi iglesia no crece? ¿Por qué en mi iglesia hay conflictos?
Al principio del cristianismo, cuando la iglesia estaba a pocos años desde la ascensión de Cristo, enfrentaba grandes problemas de racismo y clases sociales (Hechos 6). El servicio de los diáconos todavía no estaba establecido. Los conflictos abundaban y el desorden pareciera acabar con la frágil comunidad. El nombramiento de los primeros diáconos tuvo un tremendo impacto positivo. Arregló los conflictos, y ese ambiente de paz y orden resultó favorable en traer muchas almas a Cristo.
El doctor Lucas, escribe: “el número de los discípulos se multiplicaba grandemente” (Hechos 6:7). Con un servicio integral de los diáconos, la iglesia volverá a salir para cumplir la misión.
Desconsiderar este departamento es cortar las alas a las iniciativas misioneras. Los diáconos ganan las almas para Cristo en su servicio a la iglesia porque son el “pegamento” que une a las almas a la testificación y a una relación profunda con el Señor.
Tenemos a nivel mundial a más de 20 millones de adventistas hablando idiomas diferentes. Estamos organizados en 13 divisiones. Buscamos la manera de alcanzar a todas las poblaciones y tribus con la verdad del tercer ángel, y seguimos creciendo con nuevos bautismos cada año. Esta iglesia necesita tener personas capacitadas para servirla en la variedad de ministerios en las más de 140.000 iglesias y grupos. Para esa cantidad de iglesias ministran actualmente menos de 30.000 pastores, que están quizás solo un sábado al mes en una de las iglesias de su distrito. ¿Cómo hacemos para que una iglesia siga adelante con su trabajo de misión, adoración y servicio?
Los ancianos y los diáconos son fundamentales en el movimiento profético del remanente, dando un servicio voluntario y amoroso en cooperación con los pastores. No podría haber funcionamiento adecuado sin la participación de estos oficiales, incluso cuando el pastor tuviere solo una iglesia. Es imposible que una iglesia crezca y cumpla sus objetivos sin la implicación adecuada de los diáconos y diaconisas. Ellos son reconocidos como los líderes espirituales locales y están haciendo sin duda, una gran labor.
Los más de 700.000 diáconos y diaconisas alrededor del mundo están haciendo una gran diferencia al formar equipo con los pastores y ancianos. Ellos son llamados a servir como su gran Maestro, que en sus declaraciones se deleitaba en comentar la importancia de servir:
“El que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo, como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir.” (Mateo 20: 26-27).
En la lectura bíblica hallaremos en 1 de Timoteo 3:1 al 13, tres cargos de liderazgo: pastores (obispos), ancianos y diáconos, donde las calificaciones bíblicas son muy similares.
Vamos a hacer un esquema sencillo para ver las similitudes y las diferencias entre los cargos. En algunas calificaciones no he encontrado el símil completo pero se acercaba a la idea del concepto y lo he puesto al lado del mismo.
PASTORES Y ANCIANOS
- Irreprensible
- Marido de una sola mujer
- Sobrio
- Prudente
- Decoroso
- Hospedador
- Apto para enseñar
- No dado al vino
- No Pendenciero
- Amable.
- Apacible.
- No Avaro.
- Gobierne bien a sus hijos y sus casa.
- Buen testimonio de los de afuera
DIÁCONOS
- Irreprensible.
- Marido de una sola mujer.
- Sin Doblez
- Guardar el ministerio de la fe
- Que no sea dado a mucho vino
- Honesto
- Limpia Conciencia
- No codicioso de Ganancias deshonestas.
- Gobierne bien a sus hijos y a su casa.
- Honesto.
- Sometido a prueba primero.
Uno de los desafíos pastorales es conseguir que el equipo de liderazgo funcione al máximo rendimiento.
El pastor, los ancianos y los diáconos deberían tener sus propias comisiones de acción unida en torno a un propósito específico para conseguir un gran apoyo en el ministerio de todos los departamentos.
Pero antes de poner en marcha cualquier proyecto, se deberían insistir en la formación sosegada desde el punto de vista espiritual, no tanto para ejecutar o mover cosas en la iglesia, sino hacer entender el papel de un diácono o diaconisa a la luz de los requisitos de los diáconos según las indicaciones del apóstol Pablo, en las epístolas dirigidas a Timoteo y Tito, y también en los primeros consejos de los apóstoles recogidos en el registro de Hechos.
El apóstol Pedro subrayando la vida santa de los cristianos como hijos obedientes, nos da un consejo más que vital para los que servimos al Señor. Como diáconos, purifiquemos nuestras almas obedeciendo la verdad, con un objeto claro: el amor fraternal no fingido (1 Pedro 1:22).
El diácono y la diaconisa son las personas que mayor acercamiento tienen con los hermanos durante todos los sábados. Un corazón puro y amor entrañable hará que la congregación sea saludable.
En la siguiente cita se nos desafía como líderes de su iglesia con varias preguntas. Al leerlas nos daremos cuenta de cuán grande es la obra que Dios ha puesto sobre nosotros. Él nos invita y nos capacita para cuidar de su rebaño precioso. En la iglesia nadie debe perderse. Esa sea nuestra meta cada vez que emprendamos una acción.
“¿Han cuidado los ancianos y diáconos de la iglesia a los débiles y extraviados? ¿Se han dado cuenta de que los vacilantes están en peligro de perder sus almas? ¿Habéis procurado por medio del precepto y del ejemplo, colocar sobre la Roca eterna los pies de los descarriados? (…) Se necesita decididamente una reforma en todos los ramos de la obra.” (CSOES, 180).
NUESTRA IDENTIDAD EN CRISTO
El concepto de iglesia, para nosotros como adventistas, lo relacionamos con el pueblo de Dios a lo largo de todas las edades. Aunque celebremos aniversarios de iglesias, colegios o instituciones para recordar las bondades de Dios, subrayar el punto de partida de nuestra denominación como organización eclesiástica no es el objetivo de nuestro movimiento. Más allá del nombre de adventistas, está el concepto del pueblo de Dios, tanto visible como invisible, que lo relacionamos con los primeros días de nuestros padres al recibir la promesa en el jardín del Edén de que vendrá un Salvador (Génesis 3:15) y que volverá para establecer su reino mundial que jamás será destruido (Daniel 2:44).
Siempre ha existido un remanente en el mundo buscando la manera más correcta de cumplir los mandamientos de Dios. Los adventistas buscamos coger el testigo de la verdad de nuestros antepasados para seguir dando luz a un mundo en oscuridad.
En todas las épocas han existido grupos de creyentes que han iluminado con la luz de la Palabra de Dios. En la Escritura tenemos varios ejemplos empezando con el arca de Noé, la salida de Abrahám de su tierra, los siete mil que no adoraron a Baal en los días de Elías, los diversos reyes que intentaron canalizar los pasos del pueblo hacia Dios, y luego, en el Nuevo Testamento las iglesias pequeñas en las casas de los hermanos.
Nuestra existencia como remanente halla su sentido conectándola con la fe bíblica y pura tal como está escrita en las Sagradas Escrituras. No un nombre denominacional es lo que da cuerpo a nuestro movimiento, sino la permanencia en Cristo y en sus palabras (Juan 15).
Edificando sobre la Roca
Cuando nuestro divino Maestro, enuncia el establecimiento de su iglesia (Mateo 16:17-19) lo hace diciéndonos que su iglesia será edificada sobre la Roca. Pues, antes de la inauguración de la época cristiana, allí estaba la Roca, Cristo, el enviado de Dios para acercarnos a la divinidad. Cristo llega y construye su iglesia con los discípulos. No es al revés. Cristo no es el invento de la iglesia. Sin Cristo no existe pueblo de Dios. La Roca que es Cristo, su vida y sus enseñanzas, no aparece de repente en un vacío informacional sin explicaciones.
Sobre la venida de Cristo se había predicho en tantas ocasiones por los profetas (Hebreos 1:1-3; Deuteronomio 18:18). Por tanto, como pueblo de Dios, como adventistas, reclamamos nuestro derecho en Cristo de ser reconocidos como pertenecientes a él, no por venir de una línea de sucesión apostólica, sino más bien de poner nuestro fundamento de fe sobre la Roca, traducido en la proclamación integral de sus enseñanzas.
De hecho, cualquier denominación que reclama su derecho en ser reconocida o autorizada en base a su antigüedad su estructura no está en Cristo. La iglesia para ser reconocida por Cristo, tiene que estar fundamentada sobre la Roca. De allí vemos la necesidad imperiosa, de insistir sobre el remanente que guarda los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12).
¿Por qué estamos en la iglesia?
Servimos en la iglesia no en función de la antigüedad o de los logros históricos, sociales o teológicos que hayamos podido tener a lo largo de los años, sino que creemos que ésta es la iglesia que Cristo edificó para la salvación de muchas almas. El mundo está en un gran diluvio de oscuridad e incertidumbre. La iglesia trae paz porque en ella Cristo es la cabeza.
Cuando aceptamos por la fe el origen de la iglesia que Cristo edificó a través de sus enviados, entonces, consideraremos un privilegio ministrar en cualquier lugar donde se nos indique. No solo pertenecer al registro de la feligresía, sino tener una misión para la iglesia es un privilegio que trae para el alma del creyente beneficios espirituales profundos.
Como creyentes, debemos siempre tener las dos visiones ancladas en nuestro servir: la iglesia local y la iglesia mundial. La local es el lugar donde se hace tangible lo práctico y lo evidente. La mundial es la evidencia del cumplimiento del mandato divino y la razón de nuestro existir. La iglesia de Cristo va más allá de barreras idiomáticas, colores y razas y tiene que llegar hasta lo último de la tierra.
Los diáconos y la unidad del cuerpo de Cristo
La unidad del cuerpo de Cristo dentro de un contexto mundial es el mayor desafío. Somos una iglesia congregada en más de doscientos países. En cuanto a nuestra iglesia a nivel nacional, tenemos territorios extensos sin ninguna luz con el mensaje de la verdad presente. La debilidad de la iglesia afecta el crecimiento misionero. Un grupo de diáconos y diaconisas fuertes y consagradas traerá grandes cambios en la iglesia.
La salud de una iglesia local depende más de los diáconos de lo que hasta ahora hemos podido imaginar. Una vez establecido el servicio de diaconía en la historia primitiva de la iglesia, hubo un crecimiento significativísimo de nuevos conversos y discípulos (Hechos 6:7).
La esencia del evangelio es la proclamación de Cristo estableciendo la paz en todos los que lo buscan y lo encuentran. La iglesia, campo de misión y evangelismo, debe desarrollar su papel en conseguir que las mentalidades y culturas diferentes puedan gozar de la unidad en la fe. El milagro del evangelio es que de varios pueblos puede hacer uno solo (Efesios 2:15).
La labor de los diáconos consta en derribar cualquier pared de separación entre los pueblos con bandera o sin ella. Ellos fueron originados en un contexto de murmuración entre los griegos y los hebreos (Hechos 6:1) para que mediante el Espíritu Santo, ellos sean usados como instrumentos encargados con en el trabajo de la aplicación de lo que es justo sin tener en cuenta raza, color, cultura e idiomas.
Papel relevante de los diáconos
Los diáconos y las diaconisas llenas del Espíritu Santo y de la fe deben ser los catalizadores para la formación de una hermandad universal.
Esta labor está condicionada a una medida: Ser llenos. Deben estar convencidos sobre la obra del Espíritu para transmitir y aplicar la totalidad de un escenario visible en la epístola hacia los Gálatas: en Cristo somos uno (Gálatas 3:28).
La iglesia somos todas las personas que aceptamos a Cristo y Su verdad. Y Cristo, tiene su interés sobresaliente en nosotros como sus joyas más preciosas, cuando al orar, le dice al Padre del cielo: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad.” (Juan 17:23).
En la iglesia, los diáconos son los guardianes del orden del culto y de los programas de acción misionera. No solo son responsables en cuidar el orden del funcionamiento de las actividades, pero ellos deben representar el orden divino, para que todo se haga decentemente y con orden en las iglesias de Dios (1 Corintios 11:16; 14:40).
Sin la implicación de los diáconos no habrá avance
El pastor y los ancianos, si carecen del apoyo de sus diáconos, no podrán llevar a cabo sus marchas misioneras. No puede haber misión integral donde falta la implicación de la diaconía. Ellos son los garantes de la organización y la autoridad eclesiástica local. Los apóstoles se dieron cuenta de esto (Hechos 6), y al ver la trágica situación de la iglesia cuando había murmuración, conflictos y guerras internas convocaron a todos los discípulos. ¿Cuál fue la solución increíble? La propia iglesia establece que debe existir un grupo de personas, la diaconía para mantener el orden, con el objetivo de que todos los demás departamentos se puedan dedicar a la proclamación del evangelio.
A menudo, se enfatiza el organizarse para hacer misión cuando las condiciones en nuestras iglesias son de confusión y murmuración. Volvamos a los comienzos y enfaticemos la necesidad de tener diáconos y diaconisas consagradas para mantener el orden y la autoridad de la iglesia. Ríos de bendición correrán sobre las comunidades que tengan diáconos dispuestas a creer en un Dios de orden que tiene normas y principios. Los diáconos buscaran de aplicar las normas de actuación de los consejos locales y las mantendrá delante del pueblo para la paz y la armonía de los hermanos.
Dios conduce su iglesia a través de Su Espíritu
Al Espíritu Santo le agrada la diversidad de dones espirituales en las comunidades cristianas y atrae a personas con multitud de talentos para ministrar. Sin dones espirituales no hay ministerios. Pero antes del servicio cristiano está el Espíritu Santo que tiene la plena autoridad eclesiástica para organizar a la iglesia según a él le gusta. Esta obra de organización ocurre cuando las personas son nacidas de nuevo por el Espíritu y se dejan guiar por él.
El Espíritu Santo reparte a cada uno dones y a nadie le deja fuera de sus planes maravillosos. En su amor, tiene un lugar de actividad para cada persona, incluso antes de que una persona sea bautizada. Hay personas que se implican en la iglesia porque se sienten útiles, aunque todavía no formen parte oficialmente de la iglesia. No hay que apartar a nadie que quiera hacer algo por el Señor, aunque no tenga todavía calidad de miembro.
Cuerpo de Cristo son los miembros no los bancos de la iglesia
La iglesia es el cuerpo de Cristo. El error es suponer que esta expresión se refiere al edificio. A través del bautismo empezamos a formar parte del cuerpo de Cristo, digamos que oficializamos nuestra relación de fe con la iglesia de una manera visible. A partir de allí, necesitamos desarrollarnos, y eso ocurre cuando crecemos al nutrirnos del mismo Espíritu. No importa la proveniencia o la categoría de los que ingresan en la iglesia por bautismo, cada uno somos miembros del cuerpo.
La situación se complica cuando hay un número de miembros que están asistiendo al culto sin tener alguna actividad en concreto. Trabajar en la viña del Señor se verá como un privilegio cuando se acepta por fe que Dios nos pone a cada uno en la iglesia según su voluntad (1 Corintios 12:18). El movimiento salvífico del Dios de la trinidad es admirable. Cuando el Espíritu Santo ennoblece con dones a un miembro lo coloca en el cuerpo de Cristo para poder trabajar. Pero la exclusividad de indicar el lugar de actividad de una persona le pertenece a Dios. ¿Y cómo sabemos que Dios llama a alguien para desempeñar cierto tipo de servicio a la iglesia?
Dios indica el lugar que ocupa cada miembro
El mismo Espíritu, indica el lugar donde las personas deben actuar (Hechos 13:2). ¿Y cómo? Cuando ministramos al Señor reunidos para orar y para planificar, en nuestro caso, en una comisión de nombramientos y luego, en una junta administrativa, debemos estar siempre conscientes de la presencia de Dios para creer y dejarnos guiados por las ideas que el Espíritu infunde a todos los presentes. Y es aquí, donde empezamos a describir la importancia de la diaconía en la organización de la iglesia:
Los diáconos y las diaconisas deben creer que a través del grupo de hermanos reunidos el Espíritu obra para el bien de la comunidad.
Los diáconos son llamados para tener un alto estándar de consagración siendo ejemplos para los demás responsables de ministerios.
De los diáconos se esperan que sean irreprensibles, porque la única autoridad que ellos tienen es la que deriva de un comportamiento acorde al alto llamamiento de Dios.
Ser diáconos, es una gran posición de honor porque ellos deben ser una de las mejores personas de confianza de la comunidad. La prudencia y el tacto deben acompañarles.
Los diáconos son nombrados para ejercer bien en sus cargos. Las expectativas del Señor son altas porque del compromiso de los diáconos depende la armonía en la iglesia.
El primer objetivo en la diaconía: la unidad para facilitar la misión
Nuestra iglesia local no prosperará si no existe una educación sobre los propósitos y la planificación acerca de cómo extender la luz adventista a otras partes de nuestro campo misionero. Para estar unidos debemos organizar talleres de motivación, y mostrar a los diáconos que ellos por su influencia, dones y capacidades deben ser agentes y portavoces de la unidad de la iglesia bajo un mismo propósito para para prosperar.
Los diáconos han recibido el encargo del Señor de proteger a la iglesia para no desviarnos de nuestras metas acordadas y de proseguir unidos para alcanzar la hoja de ruta aprobada en los consejos o juntas administrativas. Si no se consigue la implicación de los diáconos en fomentar la unidad la iglesia estará sumida en caos por que podrá haber muchas iniciativas pero sin un criterio consensuado.
La unidad, fundamento de cualquier organización, en la iglesia, tiene además una dimensión más amplia. La iglesia es el medio de salvación espiritual del mundo, porque en la iglesia se predica a Cristo crucificado y sus verdades. La unidad envuelve más que mantener una estructura; más bien, comprendemos la unidad como prioridad de los diáconos para no perder el destino profético de un movimiento universal que debe estar en marcha para la proclamación del mensaje del tercer ángel.
Es deber de los diáconos saber que, por sus labores promoviendo la unidad en la iglesia, el propósito de la organización se fortalecerá. Cuando los diáconos aplanen disensiones deberán ver más allá de la simple resolución de un conflicto doméstico; deben ver que esa acción pequeña en comparación con el tamaño de la estructura eclesiástica, significa mucho más: es apoyo al ministerio pastoral, y así, extender la obra en campos nuevos; significa proteger la congregación, significa conservar el edificio de la iglesia, y una multitud de otros fines cumplidos. Lo que acabo de decir es totalmente cierto. Las pequeñas acciones sabias de los diáconos traen estabilidad a la congregación.
Evangelismo en primera línea local
Es oportuno ahora, como lo ha sido siempre, recalcar la idoneidad del trabajo de un diácono.
¿Cuántas veces no hemos visto renuncias de diáconos porque no entendían su papel o porque menospreciaba su llamado en esta área importante?
En la misma comisión divina sobre la predicación del Evangelio a todo el mundo, destaco la labor de los diáconos en las dos expresiones: haced discípulos y enseñadles a guardar (Mateo 20:28).
Los diáconos son llamados para hacer evangelismo en primera línea local, conservando a los que entran en la iglesia, a través del discipulado y el testimonio personal (enseñar la vida cristiana práctica). La cara visible y la más accesible para las visitas es un diácono dedicado a conservar el amor y la fe de las personas que con tanto esfuerzo han sido ganadas para el camino de la fe.
Los diáconos son los que guían a los más nuevos en la fe por el camino más pragmático de la relación con el Señor. Acomodar a los nuevos conversos al Señor, solucionar problemas de relaciones humanas entre los recién llegados y los más “antiguos” en la comunidad, todo esto necesita una organización cabal por parte del grupo de los diáconos y diaconisas.
Somos una iglesia mundial que funcionará en todas las esferas cuando los diáconos comprenderán su papel fundamental en mantener la unidad en la congregación. Sin unidad no puede haber propósitos y organización. Para alcanzar las almas con la paz y el amor de Cristo, el ministerio de los diáconos será la clave en la conservación y la madurez de los que entran en la iglesia.
En palabras simples y cargadas de acierto, la hermana White, nos indica que los diáconos deben estar unidos para ejercer una influencia poderosa sobre toda la grey:
“ (..) Los diáconos debían ser “varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. Estos hombres debían mantenerse unidos de parte de la justicia y permanecer firmes y decididos. Así ejercerían una influencia unificadora sobre toda la grey. (Consejos para la Iglesia, página 442)
*Artículo extraído de la Revista Adventista España Sept-2020
El Diaconado según el manual de Iglesia
El cargo de diácono se describe en el Nuevo Testamento (1 Timoteo 3:8-13), donde se emplea el vocablo griego diákonos, que ha dado origen a nuestra palabra “diácono”. Este vocablo griego tiene diversos significados, tales como “siervo, ministro, escritor, asistente”, y en los círculos cristianos adquirió el significado especializado que ahora se atribuye a “diácono”.
Los hombres conocidos como los siete diáconos de la iglesia apostólica fueron elegidos y ordenados para atender los asuntos de la iglesia (véase Hechos 6:1-8). Sus cualidades, ligeramente menores a las de los ancianos, se mencionan en 1 Timoteo 3:8 al 13.
“El hecho de que estos hermanos hubieran sido ordenados para la obra especial de atender las necesidades de los pobres no les impedía enseñar la fe, sino que, por el contrario, estaban plenamente capacitados para instruir a otros en la verdad, lo cual hicieron con gran fervor y buen éxito” (HAp, 75).
“El nombramiento de los siete para desempeñar determinadas tareas fue muy beneficioso para la iglesia. Estos dirigentes atendían especialmente las necesidades de los miembros, como asimismo los intereses económicos de la iglesia; y, con su prudente administración y piadoso ejemplo, constituían una ayuda importante para sus colegas, en la tarea de unir los diversos intereses de la iglesia” (HAp, 74, 75).
La designación de diáconos en la iglesia hoy, mediante la elección hecha por los miembros de iglesia, proporciona bendiciones similares en la administración de la iglesia, porque alivia a los pastores, a los ancianos y a otros dirigentes de deberes que pueden muy bien ser desempeñados por los diáconos.
“El tiempo y la fuerza de aquellos que en la Providencia de Dios han sido colocados en los principales cargos de responsabilidad en la iglesia deben dedicarse a tratar los asuntos más importantes, que demandan especial sabiduría y amplitud de ánimo. No es el plan de Dios que a tales hombres se les pida que resuelvan los asuntos menores que otros están bien capacitados para tratar” (HAp, 78).
La Asociación Ministerial, en coordinación con los departamentos, promueve el entrenamiento y la capacitación de los diáconos. Sin embargo, el pastor, junto con los ancianos, tiene la responsabilidad primaria del entrenamiento de los diáconos. (Véase Notas #3, pp. 169, 170).
La comisión de diáconos. Cuando en una iglesia hay un número suficiente de diáconos que justifique la constitución de una comisión de diáconos, conviene organizarla, con el jefe de diáconos como presidente y con otro diácono como secretario. Esta comisión constituye un medio eficaz para distribuir las responsabilidades y coordinar la contribución de los diáconos al bienestar de la iglesia. Funciona también como una escuela de capacitación, donde los nuevos diáconos pueden ser instruidos en sus deberes.
Los diáconos deben ser ordenados. El diácono nombrado como tal por primera vez no puede desempeñar sus funciones hasta ser ordenado por un pastor ordenado que tenga credenciales actualizadas, expedidas por la Asociación.
El rito sagrado de la ordenación debe realizarse con sencillez, en presencia de la iglesia, por un pastor ordenado, y puede consistir en una breve referencia al cargo de diácono, a las cualidades requeridas de estos servidores de la iglesia y a los deberes principales que estarán autorizados a realizar en beneficio de
la iglesia. Tras presentar una breve exhortación a la fidelidad en el servicio, el pastor, asistido por un anciano, cuando ello sea aconsejable, ordena al diácono mediante una oración y la imposición de manos (véase la p. 37).
Si alguna vez en el pasado fue ordenado como diácono, y se mantuvo en plena comunión con la iglesia, no es necesario ordenarlo nuevamente, aunque se haya trasladado a otra iglesia. Si al terminar el año eclesiástico la iglesia desea que continúe sirviendo como diácono, deberá reelegirlo.
Si alguien ordenado anteriormente como anciano es posteriormente elegido como diácono, no se necesita ordenarlo como diácono, porque su ordenación como anciano cubre esta función.
Los diáconos no están autorizados para presidir los ritos. El diácono no está autorizado para presidir la Cena del Señor, los bautismos, ni las reuniones administrativas de la iglesia, y no se les permite realizar la ceremonia de matrimonio, ni oficiar en la recepción o en la transferencia de miembros.
Si una iglesia no tiene a alguien autorizado para realizar tales deberes, el dirigente de la iglesia debe buscar el consejo y la asistencia de la Asociación.
Deberes de los diáconos. La obra de los diáconos comprende un amplio campo de servicios prácticos para la iglesia, tales como:
1. Ayudar en los servicios y en las reuniones. En las reuniones de la iglesia, los diáconos son generalmente responsables de dar la bienvenida a miembros y a visitas al entrar en la iglesia, y de ayudarlos, cuando sea necesario, a encontrar asiento. Además, deben estar listos para colaborar con el pastor y con los ancianos, con el fin de que las reuniones llevadas a cabo en la iglesia se desarrollen sin contratiempos.
2. Visitar a los miembros. En muchas iglesias se agrupan a los miembros en barrios, asignando a cada diácono un barrio, con el plan de que visiten cada hogar al menos una vez en el trimestre.
3. Preparar los servicios bautismales. Los diáconos deben hacer los preparativos necesarios para esta ceremonia (véase la p. 48).
4. Ayudar en el servicio de Comunión. En el servicio del lavamiento de los pies, los diáconos o las diaconisas proveen todo lo que sea necesario, tal como: toallas, palanganas, agua y baldes. Después del servicio, deben cuidar que los recipientes y las toallas usados sean lavados y guardados en su debido lugar.
El pan y el vino que sobró no deben ser consumidos, sino dispuestos de una manera respetuosa por los diáconos y las diaconisas luego de la Cena del Señor.
5. Cuidar de los enfermos y de los pobres. Otra responsabilidad importante de los diáconos es el cuidado de los enfermos y el socorro de los pobres y los desafortunados, y debe mantener a la iglesia informada de las necesidades, para conseguir el apoyo de los miembros. El dinero para esa obra debe ser provisto por el fondo de pobres de la iglesia local. El tesorero, por recomendación de la Junta Directiva de la iglesia, entregará a los diáconos o a las diaconisas el dinero que se requiera para auxiliar en los casos de necesidad.
6. Cuidar y mantener la propiedad de la iglesia. En algunas iglesias, donde la responsabilidad por el cuidado y el mantenimiento del edificio de iglesia no ha sido asignada a una comisión de construcción, los diáconos y las diaconisas asumen dicha responsabilidad (véase Notas, #3, pp. 169, 170).
Diáconos
Velar por todos los bienes en orden
Servicios funcionando (Pestillos, papel higiénico, baños bien aseados, niños con sus padres)
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